sábado, 28 de febrero de 2015

MI MUSA: ELLA

En calidad de servicio,
de conquistadora,
dadora de ideas
que luego desecha las ropas
de la timidez,
optando por espadas
con el pensamiento
de lacerar la piel de mi espalda;
llega cuando quiero,
se escapa, no me obedece,
luego viene por si sola
y pide permiso para irse;
cada movimiento es rebelde
pero otras veces
se sujeta a los hilos
en espera de que ella, como marioneta,
cobre vida con mis palabras;
la enjaulo,
le entrego los palacios de mármol
volando en cascadas infinitas
o la mando a comer
de las flamas del infierno
cuando así lo requiera;
tatuajes de mí en su piel,
unos en protesta de mi esclavitud,
algunos codificados
para ser enviados en mensajes de auxilio,
que alguien venga a su rescate
pero le detengo,
se convence de estar a mi lado
pese a pese, pase lo que pase;
momentos de intimidad
para recitarle en silencios
lo que me hace delirar,
aunque terminemos lacerando nuestra piel,
derramando lágrimas,
pidiéndonos perdón o jurando ante los cielos
que esto es el verdadero amor;
ven, y viene;
no vengas, se detiene;
ven otra vez y se resigna,
digo ven, ven, ven ahora y ya...
y sólo huye
para ir a su encuentro
entre los mares de momentos
que denotan una falsa casualidad
donde los ojos ajenos
suspiran en cientos de formas,
le halaga la caricia de extraños
porque la hace vivir, tomar fuerza
y pensar levemente en volver a huir;
ella es así,
mansamente indomable,
salvajemente dócil...
mi musa, quien he creado
para que ella me cree a mí
y así, puedan llamarme poeta.




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OCÉANO EN CALMA

Pactamos sin voz
la cita
que abraza al encuentro
sin ser llamado,
jugando a estar,
a hacer agua
para convertirnos en humo
y tratar de no escapar,
volvernos serpientes
que se trenzan,
apretándose más
para darle la bienvenida
al fuego que se despierta
de los cielos
para alimentar los infiernos;
tu piel desprendida
para que mis labios la tomen prisionera,
mi cuerpo expuesto
para que tus manos
laceren, marquen, me revistan de tatuajes
de tus caricias todo el cuerpo;
te convenzo,
me convences a más
en la sutil invitación
donde la respiración se agita
como quien sopla en los mares
para arrebatar los navíos de la vida;
ojos cerrados,
liberándose al placer;
cautivos y rehenes de cada sensación
en la danza de los perfumes, de los aromas,
de la excitación al ritmo de besos
y sabores, deseos, frutas enigmáticas
donde la granada se derrama
para volverse parte del vino,
subiendo por tu cuerpo
como quien alcanza los cielos
desde un árbol
para morder y degustar tus senos
como aquella fruta endulzada con jugo
y néctares emánanos de los infiernos;
obteniendo la llave
que detona la melodía de los cerrojos caer
y adentrarme en tus tierras
con todo el ejercito de mi cuerpo,
gritando la victoria,
que la muerte es gloria
y que el momento de tenerte
es tan único como la luna
que baila tranquilamente
en el lago antes de ser perturbado
por leves tactos de luciérnagas
escapando de su destino;
tu cuerpo se derrite en el mío,
nos arremetemos, nos penetramos
hasta hallarnos sin nada,
sin olvido, sin tiempo, sin palabras
dejando al aire el suspiro
más largo que se sostiene
del hilo de luz que actúa como pilar del universo;
volcándonos en suculentos espasmos
que nos atrae como el resultado mortal
de la colisión de dos estrella de neutrones,
sabiendo el inicio en el final
para volver seguir volando de la vida,
comiendo las mieles de no temer a la muerte
y afrontar toda, cada una de las dudas;
aquí, es ahora donde atraídos,
cerca uno del otro
vamos besando el camino
para encontrarnos juntos
caminando en la playa,
vencer al pleamar de los suspiros
y nadar plácidamente en el océano en calma.

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miércoles, 25 de febrero de 2015

DOS IDIOMAS, DOS CIUDADES Y UNA PROMESA

Llevo en el bolsillo el talismán de tu sonrisa
que guarda mis días
entre manjares de dulces recuerdos
donde fuiste tú
la única protagonista de escenarios sumergidos
en el encuentro de una tarde
en una ciudad tan ajena
pero sincera en sueños,
en anhelos y deseos.
Mis temores y dudas
se fueron evaporando,
el miedo a un rechazo,
a cargar tu adiós en un lugar ajeno...
no sé cómo pasó, bueno, tal vez lo sé,
pero no sé cómo explicarlo.
Ahora tengo en el bolsillo
el talismán de tu sonrisa
que me fue entregada de tus manos.
Me embriagué de ti,
comiste de mi alma, y saciamos la curiosidad
por saber de nuestros defectos
entre los acordes de tu voz al mostrarme tu ciudad.
Una tarde de lluvia bastó para conocerte
y armarme de valor para hacer algo
que pensé sería un rechazo
pero resultó en días gloriosos
donde en algunos, ya los últimos,
logré tener la dicha de despertar a tu lado.
Dos idiomas que no se pretenden
con un origen en común,
dieron como resultado un breve sueño
ambientado por aromas y sonidos de ciudad
partiendo en recuerdos
por la promesa de volver a vernos.

Es ahora, en segundos,
anuncian que tu vuelo ha llegado a mi ciudad.









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lunes, 23 de febrero de 2015

HABITACIÓN 213 (¡¿Extraños?!)

Ese teléfono que suena tan de mañana en mi día libre, nunca es algo bueno cuando eso sucede. Una vez más Marcelo, mi corrector de estilo, quien ahora me informa que debo viajar mañana mismo a Querétaro para una reunión con una mujer que está interesada en crear un libro junto conmigo sobre erotismo. No sé a qué se debe tal hecho, pero no escribo sobre erotismo ya que sólo dejo que mis recuerdos se abracen con mis fantasías.
En fin, la curiosidad es más grande y a Marcelo le digo que lo veré mañana en el lugar y hora acordados.
Es un fastidio para mí el estar empacando y desempacando, tengo siempre la sensación de que algo olvido en el hotel. Busco mi maleta, una pequeña para un viaje de un par de días. Ahí, en esa maleta azul con franja gris que esta vez usaré para ir a Querétaro he encontrado un botellita con shampoo del Hotel Marina, en Huatulco. La abrí y el aroma me ha recordado a ti, de esa vez que nos fugamos a ese lugar, lo que vivimos y lo que hicimos.

Jugamos a ser desconocidos, nuestras habitaciones eran cercanas una a la otra. Nos instalamos y cada quien llegó por separado, nos registramos y ya instalados en nuestras respectivas habitaciones tomé un pedazo de papel y lápiz, coloque letras sobre él, salí a hurtadillas de mi habitación para encontrarme con tu puerta, doblé el papel, deslizándolo por debajo de ella, tocando dos veces y en el acto, más rápido que de prisa me dirigí a mi habitación.
El mensaje decía:


¡Hola!, disculpa mi atrevimiento pero te observe en el lobby del hotel. Quisiera invitarte a tomar algo en media hora, ¿te parece bien que nos veamos en el bar del Hotel? Te estaré esperando.

Diego, habitación 213.


Ya en mi habitación, me duche rápidamente y me puse ropas más frescas, pero un atuendo para llamar tu atención. Camisa roja de manga corta, con un par de pantalones blancos, casi un color hueso; aunque quería estar descalzo sabía que no debía hacerlo, por ello me coloqué unas sandalias color café, ya que el calor era de tenerse muy en cuenta.
Me dirigí rápidamente al elevador y vaya mi sorpresa al verte ahí, estabas tan hermosa; llevabas una falda larga, de esas de tela muy fresca como de manta de color blanca, unas sandalias que cubrían tu pie, así como huaraches pero muy bonitos de color turquesa; una blusa muy ligera de mangas cortas del mismo color que tus sandalias; tenías tu cabellera en una coleta y en tu cuello un hermoso collar de piedras blancas y turquesas. Simplemente hermosa, muy hermosa.
En silencio nos adentramos a dicha máquina, te pregunté a que piso ibas y me contéstate que al lobby, te sonreí. Un par de segundos en silencio con el movimiento del ascensor y esa musiquita de fondo tan rara, mirando a los números que decrecían te dije: ¿Entonces, me aceptas el tomar algo? —Me mirabas extrañada, sonreíste.
¿Diego del 323? —Dijiste.
Eso era buena señal, recordaste mi nombre. Me diste tu mano en saludo: ¡Hola!, mi nombre es Valentina.
Bajamos al bar, pediste un whisky en las rocas y yo como no conozco mucho de eso, pedí lo mismo que tú. Creo no importaba la bebida, si no la conversación.
Platicamos largo rato, comentamos el porqué de estar ahora en este hotel, expresé que estaba por reunirme el día de mañana con un escritor para una entrevista; me decías que fuiste porque un amigo se casaba el día de mañana y que asistirías a la boda pero querías llegar un día antes para no asistir cansada del viaje; era una conversación agradable, intercambiamos palabras, varias cosas y unas risas por un par de chistes míos, y he de reconocerlo, no eran buenos chistes pero creo nos reíamos por compromiso.
No sé si fue el alcohol, el calor o tu belleza mujer pero creo, fue el hecho de que mañana ya no te vería y el pedir tus datos para una próxima reunión sería vivir en una fantasía. Me armé de valor, no tenía nada que perder y de serlo, sería una buena historia que contar, pero claro, con un buen final. Así pues, dije lo que mi corazón gritaba pero era el llamado de todo mi cuerpo abrazando mi alma:
Valentina, quiero hacerte el amor. Quiero llevarte ahora mismo a mi habitación, desnudarte porque quiero besar tu cuerpo; pasar mi piel sobre tu piel y pensar en la siguiente caricia. Quiero hacerte el amor, ahora.
No olvidaré tu mirada, asombrada miraste hacia un lado y al otro como si buscarás saber si otras personas escucharon mis palabras o sí eran en verdad que a ti, mi confesión te declaraba.
Yo estaba al borde de la humillación, por más que dijera algo no sería apropiado para disculparme, decirle que fue el alcohol sería una total mentira; ya lo dije, no me retracto y no pienso disculparme.
Estaba por decir una tontería, cuando tomaste mi mano y dijiste:
Diego, quiero que me hagas el amor.
No sé cómo llegué al elevador contigo, pero ya estaba besándote. Yo apoyado sobre una de las paredes y tú enfrente de mí. El sonido, el timbre que anunciaba el piso que habíamos elegido nos indicaba que las puertas están por abrirse. Salimos, y cuando me dirigía a mi habitación, de un leve tiro de mi mano me llevabas a la tuya, abriste y ya dentro, todo comenzó.
Abriste la puerta, me adentraste a tu habitación. Cerraste y colocaste el seguro; te miraba y fue cuando tus brazos rodearon mi cuello, te abracé y nos besamos. Te separé y delicadamente tomé tu mano y nos dirigimos a la cama; te di la vuelta como si estuviéramos bailando un plácido tango, pero quería ponerte de espaldas a mí; te abrace por la cintura, acariciaba tu vientre pero era como si pidiera permiso para desnudarte. Susurré a tu oído: Estoy muy excitado de ti, Valentina.
Tus manos se alzaron para acariciar mi pelo, era la señal que me bastaba. Tomé tu blusa, la alcé para apartarla de ti, la arrojé no muy lejos; te quite ese coqueto pero misterioso brasier, liso color azul cielo pero con un encaje decorativo color rosa pálido, hasta en eso eres sensual, mujer. Al hacerlo, besé tus hombros, tu nuca, cuello entero y tus brazos que se relajaban por mis caricias en tu piel ya desnudándose por completo. Te giré con cuidado para desatar tu falda, mientras lo hacía te besaba; tus brazos sobre mi cuello anunciaban que la falda, prenda de viento se desplomaba. ¡Qué hermosa eres, siendo quien eres!, ¡ahora aquí, casi desnuda en vísperas de amarte haciéndote el amor! Dejé sin quitarte tus bonitas sandalias y esa última prenda que hacía juego con tu brasier que ahora descansa a un lado de ti; quiero dejar para después ese bikini pequeño que cubre tu sexo pero que enmarca tus nalgas de manera que el deseo se vuelve tan loco como mis sueños.
Abrazados, me quitabas botón a botón mi camisa, cada que lo hacías me mirabas con esos ojos de malicia que incrementan esta excitación por ti; llegabas hasta mi pantalón y lo desabrochabas, me encanta que entre tus manos tomes mi falo, lo acaricies con fuerza pero luego lento, como si jugaras un poco conmigo.
Te recostaba en la cama pero deje que tus caderas estuvieran al borde de la misma; me arrodillé a ti y besaba tus piernas hasta llegar a tus pies, desnudarlos de esas bonitas sandalias, para después quitarte esa prenda que me separaba de ti, de toda desnuda. La retiré lentamente besándote, y luego llegar a tu boca, besarte y una vez más tomaste entre tus manos mi pene y como estaba cerca de tu sexo, lo usaste para frotar un poco, y eso me demostró que estábamos excitados uno del otro, sentirnos húmedos, cerca uno del otro.
Deslizaba mi boca sobre tu cuerpo, porque mis labios tenían sed de ti, mujer, quería hacerte un poco de sexo oral, un poco pero con algo de trampa. Antes de comenzar, besaba tus piernas y con mi mano discretamente llegaba a mis pantalones en el piso, tomaba una de esas laminitas refrescantes, la coloque en mi lengua esperando a que se disolviera rápidamente, y cuando eso ocurrió, me acerqué a tus labios de mujer, de flor tuya, mujer. Ahí, soplé levemente y pudiste sentir un poco de la frescura que nacía de mi boca, con mi lengua recorrí de arriba hacia abajo y viceversa, volví a soplar y luego a hacer un poco de succión, un poco y ya. Con mis manos separaba tus labios, lamía y soplaba, abrazaba con mi boca y lamía, lamía y soplaba. Sentía que percibías esa sensación tan rara pero placentera; tus piernas sobre mis hombros rodeaban mi cuello y parte de mi espalda en señal de que en verdad eso era placentero. Con mis manos, tomaba tus piernas para separarme de ti, me incorporaba y te daba la vuelta, aun así, tus caderas siempre al borde de la cama; me acercaba a  tu oído:
 —Estoy muy excitado, mucho más ahora estoy deseándote, quiero ya, estar dentro de ti Valentina.
Mi mano derecha recorría tu espalda, bajaba y con uno de mis dedos jugaba en cerca de tus tersas nalgas; mi mano buscaba acariciarte ahora, y en respuesta abriste un poco las piernas, inserté un dedo, luego lo saqué e inserte otro, ahora lo retiraba, y juntos, esos dos dedos te acariciaban, muy dentro y en forma de un leve gancho. Te acariciaba y tu palpitar dentro lo sentía latir entre mis dedos, muy rápido, rápido; así unos largos segundos; podría ver como con tus manos agarrabas las sábanas, las estrujabas y eso me incitaba a seguir, como pude incremente un poco la velocidad; pude sentir en tu cuerpo un leve espasmo, uno pequeño y fue la señal para que mis movimientos se incrementara más pero sólo un leve instante, para después disminuirlo lentamente y terminar acariciándote, volviendo a besarte con mis labios tu sexo, soplando pero esta vez, lamiendo muy delicadamente y sentir como respondía ese latir tuyo después de ese leve espasmo coronado con un gemido tuyo.
Te besaba la espalada, tu cuello y me percaté que te girabas, y te hacías hacía arriba de la cama. Con tus manos tomaste mis mejillas, me besabas como invitándome a estar dentro de ti. Me dirigía hacía a ti, te recostabas y volviste a tomar mi pene, ¡vaya que eso me gustó mucho que hicieras! Estábamos besándonos, me seguías acariciando; te recostabas más, pero no me soltaste, me guiabas a tu vagina, y con mi pene te acariciabas, lentamente pero yo estaba al borde de la locura. Yo me hacía adelante, no pensaba porque ya quería estar dentro de ti. Pero me mordías un oído levemente, me decías: aún no, quiero que sientas lo que yo sentí con tus manos.
Ese vaivén tuyo con tu mano, acariciando tus labios de flor, mujer, me estremecían mucho, me dedicaba a sentir, era tan cálido y placentero que te expresé: espera, espera… —Creo esa era la señal que buscabas en mí, y con toda tu mano, tomaste mi pene y lo sujetabas, me masturbabas rápidamente. Era lo que buscabas, y de manera inevitable, natural a tanto placer por ti recibido, tuve que mojarte con mi semen, ahí, en un titubeo tuve uno de mis mejores orgasmos por ti, mujer.
Sonreías al verme así, inmovilizado por ti. Me recosté a un lado tuyo, nos abrazamos y seguías sintiendo mi palpitar por ti. Nos besamos, nos acariciábamos, era una conversación con besos, unos muy apasionados. Te giraba, y me ponía sobre de ti mujer.
Ahora, después de todo esto —le dije—. Es cuando puedo decirte que estoy más excitado que nunca.
Te besé, y entre tus piernas me adentraba. Te decía que volvieras a tomar mi falo, que lo acercaras a ti y era porque esta vez quería penetrarte, estar dentro de ti. Me tomaste de las mejillas, y me decías esperara un poco, que nos besáramos y así fue; muy cerca del buró estaba tu bolso y de él sacaste un pequeño frasco. Me girabas, estaba boca arriba y de ese frasco lo vertías sobre todo mi pecho, formando una línea hasta mi sexo. Era un aroma a canela con manzanas; era una fragancia placentera y un tanto cálida; con tus manos me frotabas con dicho aceite hasta llegar a mi pene que ha quedado muy lleno de dicho líquido. Era un momento, es que te sentabas sobre mí, pero mi pene paralelo a mi vientre porque lo aprisionabas con tu vagina; no había penetración porque me frotabas con tu cuerpo, nos frotábamos y eso en verdad fue muy placentero. Era como si jugaras a que en un descuido, por nuestra piel resbalosa, yo te penetrara. Así fue, después de unos segundos de juego, ya estaba dentro de ti, mujer. Te movías lentamente, adelante y hacía atrás, te vía sentaba frente a mí desnuda pero imaginaba el verte de espaldas, ver tus caderas moverse; hasta haciendo el amor contigo me excita pensarte desnuda. Movimientos de arriba y abajo, la cama bailaba con nuestros ritmos, hasta que te acercaste a mi oído y me dijiste: penétrame, quiero ser tuya… —y entre jadeos lo dijiste, y estaba prendido de ti. Te retirabas, y a un lado mío te recostabas; te hice el amor, te penetre y te hice el amor.
Rápido, lento muy rápido y despacio. Un paso arrítmico pero placentero; no lo hacía en automático, lo hacía completamente excitado por ti. Te hacia el amor, pero también estaba dentro de ti, penetrándote de las maneras que pudiera, que me dejara esta excitación por ti. Llegó el momento, en que los dos nos entregamos a distintos espasmos a destiempo, leve destiempo. Estábamos cansados, pero seguíamos abrazados. Nos besamos, las caricias eran tiernas en toda esta desnudez completa, de ambos.
Acariciados por nuestro deseo, lentamente nos relajábamos. Te miré un largo rato en silencio, preguntabas con una sonrisa el porqué de lo que hacía y respondí:
—Estas habitaciones tienen tina, una muy grande. Deseaba bañarte en esa tina con agua tibia, mojarte tu piel; besarte y consentirte mucho. Quiero bañarte en esa tina, que el agua te acaricie, consentirte, Valentina. —En eso, me besabas, sonreías. Estoy pensando en el nombre que usaré mañana, aunque me gusta mucho Valentina. Pero esta vez me tocará a mí abordarte y consentirte. Ok?
Nos besamos…
Los tres de los cinco días que estuvimos en Huatulco, jugamos a ser personas distintas. Jugamos que éramos detectives de esa serie nuestra, serie favorita. Tres días fuimos desconocidos que nos encontrábamos por casualidad en Huatulco, nombres y personalidades distintas, incluso dentro del sexo fuimos otros; la regla era que no éramos quienes éramos. ¡A disfrutar, a disfrazarnos de otra personalidad! Sólo el cuarto y el quinto día, usamos nuestros nombres completos, verdaderos.
Dejamos una habitación, ya no la necesitábamos. La última noche, nos sentamos en la cama y nos contamos las experiencias sexuales que tuvimos siendo extraños, como si nos reuniéramos por primera vez en Huatulco. Después de nuestras confesiones, de nuestras confesiones mientras actuábamos siendo otros y como siendo esos extraños tuvimos sexo; al final de dicha conversación hicimos el amor tranquilamente, con pausas, teníamos tiempo de sobra porque ahora, éramos nosotros mismos.

Lo que esa pequeña botella de shampoo de hotel me recordaba; creo me es más fácil recordar a detalle mediante los aromas, fragancias de placenteros recuerdos y memorias.
Te comencé a recordar, mujer. Tomé mi teléfono celular y te mandé un mensaje:

¡Hola, Bonita! Me gustaría verte el día de hoy para tomar un helado y caminar un poco. Quiero verte, sí es que tienes tiempo.

En pocos segundos me contestabas el mensaje:

Hola ni?o, No estoy en la ciudad. Estaré unos días en Quer?taro :(

Mi sonrisa no puedo ser más grande, y con esa botellita de shampoo en la mano…


Mañana estaré en Querétaro, espero verte Valentina… Atte: Diego.

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sábado, 21 de febrero de 2015

TORMENTA DE DOS

El ambiente lo entrega,
se siente en la piel
que juega a comunicarse
con la otra piel,
resonando, acariciándose
bajo el mensaje secreto
donde dos se presentan
vestidos con historia,
miedos, preguntas, y realidades;
desnudando su alma
para reconocerse vulnerables,
resguardados por el ambiente
que llega con las banderas ondeantes
por los vientos,
marcando lo siguiente, lo que viene,
mostrando en la mesa
todo aquello escondido
para revelarse al tacto de la mirada,
guardando silencio,
conmovidos por el momentos,
dos, dos que ahí están,
mirándose de a poco,
comiéndose entre pensamientos
cuando la conversación
se degusta con palabras sin sentido
sólo por el hecho
de contar un día, tejer una realidad
para que el otro la comprenda;
destinados a verse atrapados
en lo que el ambiente ha cantado
con el rugir de su luz,
estruendos lumínicos
que estallan como serpientes,
dragones representando lo divino;
la humedad se siente en los labios
y ambos van dejando que el silencio
los arrope, les recite tranquilamente
que deben adentrarse, dar el paso, provocarse...
mojando con la mirada
las ropas del otro
que por arte del deseo
se vierten en onzas de plomo
para caer delicada, estrepitosamente
al suelo, señales sonoras como campanas
que anuncian lo inevitable,
lo que ya está presente.
Cielo negro, en sombras con destellos,
desgarrando su cuerpo
para que las gotas de vida caigan
despertando los perfumes y humores
que la tierra guarda,
penetrando profundamente
hasta encontrarse en la fantasía
de verse en los mares cálidos
para ascender en la pureza
otorgada por miles de ramilletes solares;
las aguas se desbordan,
los suelos tiemblan y resbalan;
truenos y relámpagos crecen
aglutinándose en un corazón
donde dos gritan al unísono
que la vida, después de andar perdidos
en los sensuales valles de la muerte,
vulnerables, desnudos y en confianza,
les regresa, les llega para alentarlos
a salir de la explosión
donde dos ahí,
tormenta de dos,
han sido llamados por el amor
para morir, para vivir, para seguir.




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jueves, 19 de febrero de 2015

CAFÉ NEGRO

Revelándose ante mí
como el mover de las manos
de una sacerdotisa,
mostrándome los caminos
que se unen, convergen,
dejando la vestimenta de un delta
para volverse en un sólo caudal,
golpeándome de manera etérea,
resguardando, acariciándome las manos
con el calor penetrante
de un suspiro pausado,
poniendo en mis manos el alivio,
en mi boca el nombre perfecto
a dictar al viento;
sembrándome el aroma exclusivo,
reconocible, tatuado en mis memorias
dejándose en mi vida
como delirio, objeto, cuerpo del deseo;
sofocándome, arropándome
en tenues misterios,
revelando la vida, la suerte y la muerte;
adentrándose en mí,
rasgando con la caricia tibia
mis adentros, reclamándolos como suyos,
olvidando mi nombre
para plantarme el suyo;
destilando en mi lengua
el suave sabor de su alivio.
Benditos seamos quienes ahora vienen,
los que ahora llegan, los que se van,
todos ellos sean benditos
porque llegan a reunirse al calor,
a los aromas, al cuerpo de la bebida
que se hace puente, nodo y sendero;
gracias vida, gracias por poner en mis manos
una taza de café negro.

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LA ESENCIA DE LAS COSAS

Siente, despierta y vive;
no lo pienses, déjalo ir,
deja que venga, que llegue
para que vayas, regreses y vueles;
observa tus manos,
cobija tu mirada en el danzar del fuego,
atrápate en el aroma
perdido de un perfume sin dueño;
acaricia el viento
con las palabras que no dices,
siembra los sueños que recuerdes
y endulza tus pasos
con el ritmo de aquella canción rebelde,
aquella que nunca has olvidado;
mírate al espejo,
amate en una mirada, suspira por ti
porque fuera de ello
hay quienes esperan saberte
para llevarte como amuleto
en el desliz de una mirada, de un saludo,
de un apretón de manos
o pensamiento de ya haberte conocido;
déjate consentir por el día,
duerme sin pesadillas
porque amas todo lo que viene a tus sueños;
arropa las palabras prohibidas
como recuerdos de quien te mira,
de cómo los miras;
nunca olvides tus murallas ni fronteras
bajo el hechizo eterno del amor
que profesas por ti, por ti mismo
para luego entregarlo a quien te rodea;
no te pierdas en la vanidad,
la lujuria o el egoísmo;
ten en cuenta, pero muy en cuenta,
que las rocas, las nubes, las aves,
el canto, el ruido, silencios y texturas;
pensamientos, lo que olvidamos y recordamos;
lo que vemos, lo que pasa desapercibido,
todo eso con cuerpo o sin el mismo,
es una esencia única
que resuena al mismo ritmo que uno,
lo que a nosotros nos rodea,
y es una esencia destinada a unirnos
en plena comunión
danzando al canto del arder de una estrella
como el silencio profundo del vacío;
todo es esencia, todo es destino,
tiempo y espacio; eres, soy, somos, seremos, es todo...
boca del amor, mano de Dios, ojo perpetuo,
todo, todos, bienvenidos a formar parte
del tejido del universo,
entendido como la esencia de las cosas;
comprendido ello,
sabemos que somos eternos.



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miércoles, 18 de febrero de 2015

ÁNGELES

Está bien llorar,
dejar en libertad algunas lágrimas,
abrazos cristalinos,
nos enjuagan en la paz y dicha
que pronto llegará;
seca tus ojos con cuidado,
suspira profundo, suspira bien;
inúndate de vientos cálidos,
cierra los ojos un momento
permitiendo que venga lo bueno...
Sonríe, no lo dejes ir;
acaricia el espacio
con la luz de tu sonrisa,
evoca lo sacro, lo divino
en un acto seguro, ¡páusalo!,
que vuele lejos
porque es en una sonrisa
donde se porta otro mensaje
así como en el llanto,
como también en un abrazo;
palabra de apoyo; al proteger,
al hacer y decir,
porque nuestros actos
nos separan levemente
de una realidad
si es que cada acción
es con el corazón entregado,
sin esperar, sin buscar
pero encontrándonos con reacciones
como ondas en el estanque
cuando la luna se posa,
es invitada a nadar en él;
nunca te olvides, nunca lo pienses,
sólo actúa, permite a tu alma
ser libre de pesos y pasados,
llora, grita, canta y sonríe;
no olvides, pero nunca, nunca lo olvides,
que nuestras acciones son grandes
no importando si son simples,
porque no sabes quien mira tu sonrisa,
tu llanto, alegría o tristeza;
y no sabes, tal vez nunca lo sepas,
que eres un ángel, ser de luz y eternidad
por ser mensajero de la verdad
nacida de un corazón
que entrega sensaciones
libres de prejuicios y pecados;
eres un ángel ante los demás
aunque te mires al espejo
como un ser humano más.


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jueves, 12 de febrero de 2015

¿DE QUÉ ESTÁN HECHOS LOS POETAS?

Dichosos los poetas pobres...
de ellos será el reino de los suelos.

-Maldita vecindad y los hijos del quinto patio-




Recolecta tres piedras en tu camino,
pon un manojo de hierbas en tus bolsillos;
observa con los ojos en la mano
los primeros rayos de sol,
saborea el universo que nace de tus labios
cuando un beso te es entregado;
siente en tus pies el calor
de la tierra, la humedad de la misma
cuando la lluvia la despierta;
recuerda el momento en que sonreíste
al recordar un motivo;
coloca en tus zapatos nudos de hilos rojos
atados por las promesas que siguen vivas;
destruye un pensamiento engendrado de sombras
al suspirar por el amor que nace
por saber que nadie está solo.
Hecho eso, imagina que nada tiene tiempo
y que el nombre de las cosas
nace cuando lo sueñas despierto,
observando el mundo como único
y que nadie más puede saber
del cómo respiras la vida al caminar
por la vereda pensando en el sueño
que se niega a revelarse, amotinándose
en un acto de rebeldía por permanecer oculto
y despertar para soñarte.
Con todo ello, escucha con atención
las mil historias que brotan ante ti
mientras juegas a que caminas;
siente como las emociones vienen a ti
como caballos, luciérnagas y serpientes;
degusta cada momento, captúralo con el corazón
y logra percibir cómo se destilan apenas llega la noche
para que cada imagen dance ante ti en eterno carnaval
dentro del circo del universo, más allá del laberinto...
Ahora abre los ojos, siente,
y añádele a ello corazones rotos, nostalgia,
alegrías, bestias, vida y muerte;
sensualidad, erotismo, colores y formas,
conseguido esto, todo esto, sin dejar nada fuera
pero añadiendo lo que no es nombrado
permaneciendo latente como luces y sombras,
naciendo como flores etéreas que suben al cielo
a estallar en capullos donde nacen los dragones
en el vasto valle de oscuridad reinada e iluminada
por la mirada de Artemisa,
vertiendo todo en un traje de carne con huesos
arropado por tiempo y geografía...
y tendrás la respuesta de que están hechos los poetas.




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lunes, 9 de febrero de 2015

DE TI, UN POEMA

Logrando escribir un poema
que es el canto de tus labios
sobre mi piel, lacerándome en delicia
para llegar al éxtasis
dónde mis ojos te atraparan
entre las sombras,
te retienen, sintiéndote fluir en mí
como el aspirar tu perfume
habitando mi alma, acariciándome sin cuerpo
hasta llegar a sólo tener tu nombre
en mis manos,
regresarlo a tu piel en marcas de fuego
que irán desde tu cuello
a tus pies,  sin dejar nada de ti fuera;
sofocándote dulcemente con las cadenas
que mis labios y manos forjarán
para abrazarte, someterte ante mí;
siendo yo la noche y tú mi luna,
poseerte sin cuerpo, con esencia,
borrándote del cielo y del infierno
al momento en que me sientes dentro,
más y más profundo, navegando, sobrevolando
en cada celda de placer que guardas
para hacerla estallar ante mí,
cayendo prisionero de tu cuerpo
en la invasión, dominación y conquista de tu cuerpo.
Explosión de la amapola
que me transporta al infinito mándala
dado de muerte y vida,
siendo nosotros el hilillo de un incienso
ardiendo en el universo,
entrelazándose para regresar
en una próxima respiración
a nuestros propios cuerpos;
observarnos jadeantes, bañados en seducción
que nos viste de leves gotas de rocío;
entregarnos la mano, tregua de ahora,
este encuentro de dos, cercano,
llamando el amor en el cuerpo
mediante el fruto de dos en el sexo.




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