martes, 3 de mayo de 2016

ALL GIRLS WANNA BE LIKE THAT (#CazandoMusas)

El calor en la ciudad se hacía notar de inmediato con la mañana, entrando salvajemente por su ventana. Ella comenzó a despertar a regañadientes, se descubrió toda para seguir durmiendo, era imposible. Se levantó, tocó su cuello con la mano para darse cuenta del sudor en su piel. Caminó casi desnuda por el departamento hasta la cocina, abrió el refrigerador, sacó agua y la tomó ahí mismo para refrescarse. Después de un largo trago, al cerrar la puerta del refri pudo ver una de tantas notas que siempre deja para recordarle eventos. Sonrió, se daba cuenta que debe dejarse notas ahí porque es lo que más frecuenta del departamento. Tomó la nota, observó el reloj de pared.

Salió de la ducha envolviéndose con la toalla, su gato negro se paseaba en ese momento cerca de ella provocándole que diera un paso largo, logrando que la toalla resbalara un poco de su cuerpo,; rápidamente la atajó, giró un poco la cabeza y se vio a sí misma en el gran espejo que tiene cubriendo toda una pared. Se echó a reír, sabía que estaba sola. Con una mirada lucífera y con un movimiento seductor de manos, retiró la toalla de su cuerpo muy lentamente; cuando por fin se veía desnuda dijo en un leve murmullo: “All girls wanna be like that”.
Puso atención en sus lunares, los miró detenidamente, recordando aquellas palabras que le fueron enviadas:

Cada lunar en ti, un beso,
marca de fuego de que mi infierno
necesita convivir,
penetrar los fuegos de tu infierno;
anudar mi deseo en cada lunar tuyo,
seguir al otro, al otro;
someterte en “bondage” de caricias
atando cada lunar, rodearte,
preparar tu cuerpo
para adentrarme en tu fuego,
comer de ti, morir en ti,
morir juntos
en la colisión gloriosa de nuestros infiernos.


Fue hasta su repisa, tomó su teléfono, actualizó su estado de Facebook por el hecho de provocar, provocar a la persona indicada, porque sabe que sólo él entendería su mensaje codificado: “Ven, tengo espacio en mi infierno para tu infierno”.
Llegaron mensajes, demostraciones de que ha sido del agrado de algunos… pero ella sólo buscaba la respuesta de él, lo quería provocar.
En algunos minutos, recibió mensaje:

“Dos infiernos que se aguardan, se respiran, se llaman… deseo el espacio de tu infierno…”

Ella sonrió, era lo que buscaba. Arrojó el teléfono a la cama, comenzó a revisar su guardarropa pero le cayó la ficha… la ropa debía ser elegida por la ropa interior que portaría. Sonrío nuevamente, salió de la habitación hasta la estancia y fue por la bolsa de papel que guarda el regalo que esa persona le entregó. Se sentó en el sofá, encendió la televisión, la cual siempre estaba sintonizada en canales de noticias. Mientras escuchaba la caída del dólar, reportes de naciones y otras cosas más, ella sacaba las prendas rojas con detalles negros, las tocaba, rojos intensos danzando con la oscuridad; sus ojos denotaban esa dulce maldad y esa sonrisa de ángel.

“¿Te veré en un rato?” Mensaje a su teléfono. A lo cual ella contestó que sí.

Ella fue a su habitación acompañada de las voces de la televisión, puso la ropa interior en la cama y buscaba algo que hiciera justicia a su atuendo. Lo encontró. Un vestido negro con algunos detalles en la espalda y en el pecho; de ahí fue a escoger sus zapatos y encontró unos de tacón con la base roja. Tenía el atuendo perfecto.
Se peinó frente al gran espejo, se miraba, se estaba preparando para cazar. Al vestirse sintió la textura de cada prenda envolver su piel, luego se observaba, giraba un poco, y continuaba con la siguiente. El vestido subía por su figura, se marcaba en ella, se admiraba. Antes de ponerse el calzado se fue al espejo nuevamente con su bolso de maquillaje, sacó algunos frascos y emprendió la labor de cambiar su rostro para el momento. Sus ojos, sus mejillas, sus labios… al terminar de maquillarse volvió a repetirse: “All girls wanna be like that”.

Su gato se fue a recostar a su cama, la observaba detenidamente; ella miró la hora, se sentó, se puso el calzado y así se admiró por completo frente al espejo. Estaba lista para todo.
Acarició al gato, lo besó, y tomó un bolso para llenarlo con todo aquello que posiblemente necesitará.
Se sentó un rato al televisor, cuestionó las últimas noticias bancarias y apagó el aparato. Fue a su habitación nuevamente para ponerse perfume en la piel, la brisa la envolvió en aromas que cayeron en todo su cuerpo; con los ojos cerrados se dejó impregnar del momento.
Escuchó el timbre, fue al conmutador, era él. Ya estaba esperándola abajo.

Al salir, la reacción de él fue clara, estaba deslumbrado con la presencia de ella. Tardó en reaccionar, a lo cual ella lo tomó como halago. Le abrió la puerta del automóvil, y fueron rumbo al Hotel Fontane d’Estate, a una gran gala de la Editorial para la cual él era miembro.

Al llegar, él ofreció su brazo para que ella lo tomará; aceptó. Entraron como si fueran reyes al recinto.  Tomaron su lugar en la mesa, y la gala comenzó. Un evento donde personalidades de la política y las artes fueron convocados para la entrega de reconocimientos; música a cargo de un cuarteto de cuerdas, comida exquisita; charlas entre el eventos de sociedad y economía; un momento que ellos disfrutaron bastante. En los momentos que tenían en privado, él hacía reír con sus bromas, le fascinaba que sonriera.  A ella le gustaba, que no sólo tuviera una conversación inteligente con él, sino que también la hiciera reír mucho.

Ya entrada la noche, él se acercó a su oído: —Tengo un infierno que te desea…
—Yo tengo un infierno para tu infierno —Ella respondió mirándolo a los ojos.

No fueron de regreso a sus departamentos, aprovecharon la estadía en el gran hotel para hospedarse. Desde que entraron al elevador comenzaron los juegos de seducción, miradas, algunas caricias, un abrazo.
Cuando él la tenía sujeta de la cintura, le dijo palabras que un poeta podría decir de manera sucia, incitándola; a lo que ella respondió con besos en su cuello.
Ya en la habitación, ella caminó de largo cuando él le abrió la puerta, quería que la viera caminar, que le hiciera el amor con la mirada. Así fue.
Ella se sentó en la cama, cruzo la pierna, lo retaba con la mirada.
—No tuve oportunidad de decirlo —dijo ella— pero gracias por mi regalo de cumpleaños. Me gustó, se siente muy cómodo.
—No sé si ese regalo es para ti o para mí. —Respondió él.
Se acercaron, besos en el cuello, caricias que iban a más, prendas que despedían de la piel del otro.
Ella, de espaldas, sentía los besos de él, todo su cuerpo estaba encima de ella. Se acercó a su oído: “Cada lunar lo iré reclamando como mío…”
Sentía las caricias, los besos, como su cuerpo empezaba a arder y como él denotaba la excitación por ella. El juego de la seducción culminaba, emprendieron el camino al amor y los besos ya eran mordidas, se querían arrancar el alma. Juntos, unidos, caricias veces en el vaivén de los amantes sobre el navío del deseo, encontrando sus infiernos, abrazándose entre espasmos, leves caricias y respiraciones entrecortadas.
Teniendo momentos de intimidad, de abrazos, de respirarse después de que el sexo con las ropas del amor llegara ante ellos; se muestran vulnerables, satisfechos, y ella logró verse en el reflejo de la lámpara cercana a la cama. Sonrió, giró la cabeza para observarlo, acarició su cabello mientras su cabeza descansaba en su pecho. Volvió a sonreír y se miró nuevamente, frente a frente con su reflejo y entre suspiros dijo: “All girls wanna be like that”.



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RELATO: “All girls wanna be like that”.
AUTOR: Luis Antonio González Silva

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