sábado, 30 de enero de 2016

ELLA (#CazandoMusas)

Está sentada sobre la vereda, su mente está hecha un nudo; el calor se desprende del sol para llegar a su rostro, observa aves, observa a un perro vagabundo que anda en busca de su comida dentro de las bolsas de basura de los vecinos; respira, sólo respira profundamente, cierra los ojos y mete su mano dentro de sus bolsillos del pantalón para sacar sus audífonos, los conecta a su teléfono, abre el reproductor. Piensa, piensa que escuchar, piensa tanto lo que debe reproducir para calmar a sus ángeles y demonios que tiene dentro de su mente: cuentas por pagar, la llamada que no llega, los mensajes que se perdieron, el dinero en su bolsillo, las monedas que se han caído, su mirada ante el espejo, una familia que le agobia con las preguntas de siempre, aquella blusa que quiere, y un sinfín más de cosas que no la dejan en paz. Quiere paz. Vuelve a suspirar, se coloca los audífonos, siempre equivocándose cuál es la R y cuál es la L; piensa en que el azar decida su estado de ánimo… no, ya no quiere depender de ello, sólo busca, busca la canción adecuada.
Se levanta. Ahí va ella... (“On veut faire de moi c’que j’suis pas”) caminando al ritmo que llega a sus oídos al tener los audífonos, va caminando, (“Mais je poursuis ma route j’me perdrai pas / C’est comme çahace”) que la vida que gira a su alrededor vaya a su paso (“Vouloir à tout prix me changer / Et au fil du temps m’ôter ma liberté”). Baila en cada paso, (“Hereusement, j’ai pu faire autrement / Je choisis d’être moi tout simplementsonriendo”), danzando de regreso a casa.
El sol entre las ramas de los árboles (Je suis comme ci /Et ça me va / Vous ne me changerez pas  / Je suis comme ça  / Et c’est tant pis  / Je vis sans vis-à-vis”), las aves que parecen ir cantando con ella, (“Comme ci comme ça”), que la vida cambia (“Sans interdit”), que todo se desprende de las escalas de grises y su mirada se inunda de color (“On ne m’empêchera pas  / De suivre mon chemin / Et de croire en mes mainssiente”).
Chasquea los dedos, va, anda, danzando, siguiendo la música al tararearla, cantarla, como si fuera ella quien se siente vivir uno de esos vídeos musicales y pareciera que invoca su vida al ritmo de la música (“Ecoute, écoute-la cette petite voix / Ecoute-la bien, elle guide tes pas  / Avec elle tu peux échapper”). Salta un charco, se sujeta de un poste de luz para ir caminando; comienza a bailar en cada paso (“Aux rêves des autres qu’on voudrait t’imposer / Ces mots là ne mentent pas / C’est ton âme qui chante ta mélodie à toi”).
El sol tiene nuevos matices de calor, va andando feliz (“Et ça me va / Vous ne me changerez pas / Je suis comme ça”), siguiendo los acordes de la canción (“Et c’est tant pis / Je vis sans vis-à-vis / Comme ci comme ça”). Las pocas monedas de su bolsillo parecieran no importar, no hay problemas, no hay dudas, no hay cuentas por pagar (“Sans interdit / On ne m’empêchera pas / De suivre mon chemin / Et de croire en mes mains”); se siente libre caminando por las calles rumbo a su casa, las lágrimas se han ido, la angustia se perdió; se mira en el reflejo de una ventanilla de un automóvil estacionado, y mira, se sonríe, se acomoda el pelo y sigue su andar (“Si c’est ça, c’est assez, c’est ainsi / C’est comme ci comme ça / Ca se sait, ça c’est sûr, on sait ça / C’est comme ça comme ci”).
Los perros del vecino ladran, no los escucha, los ve cantar junto a ella al compás de la melodía (“Je suis comme ci / Et ça me va / Vous ne me changerez pas / Je suis comme ça / Et c’est ainsi /Je vis sans vis-à-vis /Comme ci comme ça”). Busca las llaves para entrar a su casa, tarda en encontrarlas, no importa, sigue danzando, siente que es parte de este vídeo musical que se ha imaginado (“Sans peur de vos lois / On ne m’empêchera pas / De suivre mon chemin / Créer ce qui me fait du bien”). Cierra la puerta, da un giro, uno más y coloca las llaves donde siempre (“Si c’est ça, c’est assez, c’est ainsi / C’est comme ci comme ça”), y la canción ha terminado…

Se retira los audífonos, silencio, sólo silencio dentro de su hogar; enciende el ventilador, el vecino comienza a hacer reparaciones casera y el mover de metales, de escobas y gritos entre su esposa llegan a ella; los perros de afuera ladran a otra persona, la bocina del repartidor de tortillas, un camión ruidoso… suspira. Se dirige a su refrigerador, hay cuentas por pagar, correspondencia que debe contestar, su teléfono celular reclama atención, el lavabo tiene una nueva gotera y la cortina de la ventana de su habitación tiene una rasgadura por la protección metálica de la misma…
Sabe que no le puede dar la vuelta a nada, que no puede desaparecer y ser viento; sujeta con su mano los audífonos, se los coloca y reproduce con mayor volumen la canción. Vuelve a sentir la música, chasquea los dedos y baila, nadie la ve, es ella, sólo danza y está feliz.
Repara el lavabo con lo que tiene a la mano, deja de gotear; sonríe, va por las cortinas y con algo de hilo repara la rasgadura, lo necesario, lo suficiente para que se vea una cortina decente; observa su teléfono y es su mamá preguntando por el amor, sonríe, no piensa contestar. Las cuentas por pagar, pues, sabe que no lo hará hoy pero no las dejará amontonarse en su mente; ya saldrán, se dice entre sonrisas. Sabe que todo se resuelve, que todo lo puede si es que pone sus manos en marcha, si tiene el corazón con el ritmo preciso para empujarse y jalarse a culminar sus pendientes.
No hay ruido, no le permite a su mente jugar con ella y agobiarla, sólo hay música que la hace bailar y le ayuda, le estimula a seguir, a no dejar nada en el baúl de “lo que quiero dejar en el olvido” porque nunca se va.
Toma tu teléfono… ---Mamá, hola… ¿cómo estás? Oye, vi tu mensaje. ¿Quieres saber? Sí, ajá, está bien. Pues mira, estoy tan ocupada trabajando y haciendo mis cosas que no me da tiempo para el amor, si quieres, ayúdame, préstame un poco de dinero para pagar mis luz y mi agua y veremos. Quién sabe, tal vez así tenga algo que contarte… ¿Cómo ves? Sí, sí, está bien. Está bien… ok, adiós, mamá. ¡Te quiero!

Cuelga el teléfono, sonríe, vuelve la música… calienta agua, prepara un café; el tiempo ha avanzado, se siente satisfecha, sabe que hoy, al menos hoy, no le dio la espalda a nada. Se relaja en el sofá, café en las manos, lo disfruta; la canción la detiene pero la melodía se queda con ella.
Su teléfono le notifica dos mensajes, el primero que lee es el de su mamá:

 “Hija… te deposite un poco de dinero. Cuando puedas platicamos. ¡Te quiero!”

El segundo mensajes es el de él…

 “Hola, ¿cómo estás? ¿Qué haces?”

Ella sonríe… suspira diciendo para ella misma: comme ci comme ça.




ESCRITO: Ella
AUTOR: Luis Antonio González Silva
#CazandoMusas

Letra de la canción “comme ci comme” de ZAZ
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