viernes, 21 de agosto de 2015

CUERVOS NEGROS (Corazón lacerado)

Ahora lo comprendo,
al lacerar mi corazón
me hiciste saber que tenía uno,
sangrante, vivo,
sediento de más, de conocer...
y en todo este tiempo
que pasé curando sus heridas
comprendí, de manera irreductible,
el porqué tengo este corazón,
destruyendo sus laberintos
y recogiendo el origen de mis palabras
que no son de aquí,
son de allá, lejos,
donde nadie ha ido pero sí soñado;
voy cimentándome con el paso de los años
en el hombre
rodeado de cuervos negros, locos y ciegos,
platicando con la muerte,
jugando con los zopilotes,
derribando muros
para que las bibliotecas no sean quemadas;
liberando mis letras
en forma de plumas negras
para marcar el camino a la luna,
gritar fuertemente
odas a mis pasos,
escribir mis memorias en poemas
para que siempre anden iluminando
los senderos de los perdidos;
recordando mi antigua figura,
hoy, harapos de una sombra
ajena a mí, un ser tan lejano
crucificado en los vitrales
de aquella catedral
que guarda a pedazos tu nombre,
tu nombre que antes era dulzura,
luego veneno, angustia y terror,
deseo bailando con añoranza
para volverse resignación,
puerta hacia el olvido
y que hoy apenas se recuerda
entre los nidos de los buitres y cuervos.
Se erige el nuevo imperio de mí,
sin murallas ni fronteras,
vanos sin puertas ni cristales...
bienvenidos sean todos,
la muerte, lo prohibido,
la lujuria, el amor y el destino;
todos en esta nueva morada
con un corazón
que ha sanado sus heridas
y hasta ahora comprendo
el dolor que me emanaba hace tiempo
recuperando mi sensibilidad con la vida,
abrazando mi corazón
que por mucho, creí que no existía.
Gracias, hoy te entrego las gracias
por demostrarme,
después de limpiar mi rostro
las lágrimas y maldiciones
que bien proferí en tu nombre,
hoy agradezco que me hayas roto el corazón.

 


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