viernes, 3 de abril de 2015

LUNA LLENA (poesía erótica)

Ante esta luna llena
ofrendo tres velas blancas
que enciendo con el fuego
dentro de mi pasión,
siendo un faro
que guíe tus pasos
hacia mis senderos
donde las redes sean puesto
para que caigas en ellas,
siendo la puerta de entrada
al laberinto cambiante
para que vayas recorriéndolo,
sientas en tus manos
las texturas,
la humedad,
la temperatura
que irá incrementando
con cada paso que des,
naciendo en ti
la necesidad de colocar
un beso en mi cuerpo,
uno más, otro, el otro, el que sigue;
tratando de sembrar en mi piel
la marca de del deseo
que ya ha empezado a emanarse
por cada poro de tu piel.
Siéntete embriagada,
sirve una copa más de vino
porque ante esta luna
como lista para la comunión,
ofrendamos nuestros cuerpos
para que caiga en ellos el amor.
Puedo sentir el roce de tu voz
sobre mi cuerpo,
siendo lo esencial
para despertar al Minotauro
vestido de fuego, fuego fatuo
que lleva tu nombre
para ir a tu encuentro;
hacer de mí tus labios
para comer de tu voz,
avivar el dulce
y sensual infierno en mí,
seducirte, abrir tu cuerpo
en caricias y besos,
recibirme en ti;
hacerte el amor
hasta que nuestros cuerpos
estallen fusionados
en un espasmo de eternidad.
Es aquí,
donde el Minotauro te reclama,
en este juego
donde has caído presa de estas garras,
y es ahora,
donde voy a ti, a tu cuerpo,
recorriendo las formas
que se desplantan para mí,
comerte; tu voz cambia,
destila leves suspiros entre gemidos,
el fuego crece,
tus piernas intentan atraparme
pero sientes la furia delicada
de cada arrebato,
arremetiendo contra tu cuerpo,
embistiéndolo,
abriendo tu alma
para que me recibas
en el vaivén
de este encuentro;
penetrándote,
haciéndome camino
mientras yaces
dentro de mi laberinto, perdida,
clamando por más,
pidiendo comer del fruto prohibido
para sucumbir
ante mi cuerpo que te reclama...
La luna estalla en su luz,
se hace presente en nuestra mirada,
anunciando el momento,
punto de éxtasis
donde tú y yo
somos uno ahora,
somos carne con sus huesos
en un sólo cuerpo
que canta alegremente
en silencio
el cantico del estallido
que el universo conocer
como la explosión de dos
que se hacen uno
cuando el cálido
y tormentoso abrazo del deseo,
por fin, se ha culminado.
Volvemos,
regresamos a ser
entre cada respiración
que se extiende
por el ambiente
para tener el aire suficiente
que nos alienta a vivir.
Abrazados,
entrenzados en el final del acto,
del ritual amatorio
para visitar la muerte
en un segundo,
se haya culminado;
teniendo nuestra imagen
en los ojos del otro, brillando,
sintiendo que somos poderosos.





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