viernes, 24 de abril de 2015

LA PENUMBRA EN TU HABITACIÓN (relato erótico)

Te observo en la penumbra de tu habitación, la tímida luz de las farolas que se filtra por las cortinas te visten mientras vas desnudándote del día; te observo, mis ojos van hacia tu cuerpo, lo recorren dentro de un frenesí de locura, trayéndome el aroma destilado de tu piel, de tu cuerpo; siento mi boca hacerse agua para luego volar con la mirada hasta tus piernas, suaves y exquisitas.
—Me encantan tus piernas…
Me acerco a ti, con un brazo te hago a mi cuerpo, un beso que rompe el silencio para que mis manos vayan al encuentro de ti; me perviertes, me vas desnudando al tiempo que te llevo a tu cama, ahí recostada, expuesta, beso tus piernas mientras son abrazadas por mis manos; subiendo, lentamente subiendo por ellas en cada beso, lamer tu piel, morderte de vez en vez; llegar a tu vientre para reclamarlo con el calor de mi cuerpo, y seguir subiendo por ti, explorándote a cuenta gotas; anidar en tus senos, comer de ellos como si fueran frutos con jugo derramándose por mis labios.
Un gemido se escapa de tus labios, lo escucho, me alerta e invita a seguir al intensificar mis caricias sobre tu cuerpo; llegar a tu cuello para poner en él mis besos, rodeándolo hasta encontrarme con tu boca al ir subiendo por ti en un espiral de fuego, donde le recito la palabra “deseo” mientras, nuestros labios juegan a conocerse, a cantar, a danzar entre ellos.
—Eres mía, mujer…
Tus manos llegan para apresarme del cabello, consumes mi piel al besar mi cuello, te siento fluir, te siento arder ante mí; mi mano baja como serpiente trazando su ardiente camino en un sendero de lujuria hasta tu vientre, presionarlo levemente como puerta de entrada al infinito de tu cuerpo; te escucho gemir para morder mi oreja, la invitación se acepta, y mi manos baja a tus muslos, los acaricia delicadamente en círculos como perturbando un estanque en calma; separando tus piernas, posándome sobre de ti.
Impacientemente me miras, tomas mi rostro para asegurarte que soy yo y que con tu mirada me haces prisionero; un beso más para pactar la guerra. Me sientes cerca, erguido ante ti; la humedad nos delata, el calor incrementa, y siento como una de tus manos se desprende de mi rostro para ir rápidamente al encuentro de mi sátiro, tu mano lo envuelve, palpito, me sientes; muerdes mi boca, y tus piernas se abren más, abrazándome, guiando mi sexo al tuyo. La humedad estalla, resbalo en ti, te penetro y tu boca se viste de espasmos, y mi cuerpo se refugia en el tuyo; mis brazos se hacen columnas, mi cuerpo se convierte en un barco y tú eres el océano embravecido donde con el vaivén de mí, de ti y de mí, vamos consumiéndonos en placer y deseo.
—Soy tuya… dilo.
La fuerza del frenesí de pasiones nos envuelve, y lo repites una vez, me pides que te haga mía, lo dices otra vez, con la respiración entrecortada entre cada embestida que recibes de mí.
—Eres mía… eres mía…
Tus piernas me abrazan ferozmente, nuestras bocas destilan gemidos incontenibles; nos movemos como en un vuelo al éxtasis, tu vientre se adorna con el círculo de cientos de volcanes que me piden, y entre cada movimiento, cada embestida, con la respiración pausada de mis gemidos, clamo por ti, gritándote que termino, que estoy por llegar, derretirme en ti.
Gritas, me aceptas, me pides que termine y tus gemidos se incrementan como lo hace el fuerte abrazo de tus piernas y tus manos destrozando mis brazos y espalda. Nuestros cuerpos están por estallar, grito tu nombre, grito mi posesión; y me pides, me recibes, aceptas que eres mía, que soy de ti.
Tu cuerpo estalla junto al mío al momento de que te inundo de mí, fuego líquido, abundante, consumiéndote por dentro; tus piernas se acalambran, tu vientre se derrama en calores y mis brazos sucumben ante ti.
Encima de ti, escuchando tu respiración agitada como la mía, encontrado paz, alivio, en un abrazo que es cubierto por la tenue luz de las farolas que se filtran por la cortina de tu habitación; arropados con dulce sudor, sabores de cuerpos bañados al hacer el amor y destilando aromas que sólo dos amantes, tú y yo, sabemos que tenemos.






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