sábado, 25 de abril de 2015

CONFIANZA (poesía erótica)

Envuélvete por las sombras,
a ciegas, toca mi cuerpo
que se postra desnudo
para que tus manos
vayan dejando la imagen de mí
debajo de tus ojos;
siente el calor fluir en ti
por la confianza entregada a tus manos,
despertando la curiosidad,
aumentando el juego,
girando más deprisa en la cama;
tus manos me reclaman,
tus labios bajan a mí
para dejarme tu sabor en mi boca
como pactando la hoguera,
sucumbiendo a la invitación
que el deseo nos ha brindado,
dejándote llevar por la oscuridad
de la mano de la confianza entregada.
Mi cuerpo se levanta,
me sientes mover hacia a ti
como el titán que reclama su cielo
para llevarte al lecho de la tierra,
excavar juntos en cada caricia, en cada beso;
me siente encima de ti,
besando tu cuello, mordiendo tu piel,
comiendo de tus senos el fruto
que despierta los dragones,
abriendo tu pecho para liberarlos;
hago de tu vientre
el refugio de mis labios
mientras que mis manos
sofocan tus caderas
para reclamarte como mía,
saberte protegida ante la noche
y que entre mis brazos
jamás temerás, jamás te dejaré sentir
que el amor es la bestia negra
famélica de tu alma;
mis garras perforan dulcemente tu piel
para mis labios bajen por tus piernas
en la degustación exquisita
donde vas encontrando placer,
te giras levemente
invitándome a tu espalda,
marcar cientos de poemas
con el tacto de mi lengua
en el terreno virgen de tu cuerpo,
consumiéndose en cada caricia,
mordiendo tus espacios,
lamiendo tu espalda
para tomar tus alas con mis labios
y decirte al oído, estando encima de ti,
que el amor se ha quedado a un lado de nosotros
en espera de que tú y yo
seamos un cuerpo único,
entregado, arropado por confianza
en la divina conexión
donde realmente, a nosotros, juntos,
no nos hace falta nada.
Te giro, deseo tus labios ahora,
nos gritamos en un beso
para rasgar el viento,
sucumbimos ante el instinto del cazador
para atrapar el placer
entre nuestros cuerpos;
denotamos fuego en la mirada
y nos revolcamos en caricias
en tremendo intercambio de calor;
tus piernas se extienden, se doblan
me alimentan, y voy, voy a ti perdido
en busca de tu corazón perdido,
encontrándome cara a cara con lo divino
al saberme dentro, resbalando en ti,
sintiendo tu cuerpo recibirme cálidamente,
perturbando la amapola que se desflora
para la incursión de mi cuerpo;
penetrándote, consumiéndonos,
impostando la dicha de la lujuria
en el cantar silencioso de nuestros pechos,
comunicación etérea
donde me atrapas con tus ojos,
te observo conmigo,
extasiada, gimiendo, escuchándome gemir de ti;
cada vez el viento de los infiernos
llega más dulce y placentero
alimentando el movimiento,
extendiendo nuestras alas,
convirtiéndonos en una ave
que va volando rodeada de dragones
y es cuando alcanzamos el cielo
en un breve estallido
que une lo sagrado, lo perverso, la tierra,
tu cuerpo y mi cuerpo,
en un espasmo suculento
que nos transporta
al infinito, al instante mismo
cuando se creó el universo.


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