sábado, 28 de febrero de 2015

OCÉANO EN CALMA

Pactamos sin voz
la cita
que abraza al encuentro
sin ser llamado,
jugando a estar,
a hacer agua
para convertirnos en humo
y tratar de no escapar,
volvernos serpientes
que se trenzan,
apretándose más
para darle la bienvenida
al fuego que se despierta
de los cielos
para alimentar los infiernos;
tu piel desprendida
para que mis labios la tomen prisionera,
mi cuerpo expuesto
para que tus manos
laceren, marquen, me revistan de tatuajes
de tus caricias todo el cuerpo;
te convenzo,
me convences a más
en la sutil invitación
donde la respiración se agita
como quien sopla en los mares
para arrebatar los navíos de la vida;
ojos cerrados,
liberándose al placer;
cautivos y rehenes de cada sensación
en la danza de los perfumes, de los aromas,
de la excitación al ritmo de besos
y sabores, deseos, frutas enigmáticas
donde la granada se derrama
para volverse parte del vino,
subiendo por tu cuerpo
como quien alcanza los cielos
desde un árbol
para morder y degustar tus senos
como aquella fruta endulzada con jugo
y néctares emánanos de los infiernos;
obteniendo la llave
que detona la melodía de los cerrojos caer
y adentrarme en tus tierras
con todo el ejercito de mi cuerpo,
gritando la victoria,
que la muerte es gloria
y que el momento de tenerte
es tan único como la luna
que baila tranquilamente
en el lago antes de ser perturbado
por leves tactos de luciérnagas
escapando de su destino;
tu cuerpo se derrite en el mío,
nos arremetemos, nos penetramos
hasta hallarnos sin nada,
sin olvido, sin tiempo, sin palabras
dejando al aire el suspiro
más largo que se sostiene
del hilo de luz que actúa como pilar del universo;
volcándonos en suculentos espasmos
que nos atrae como el resultado mortal
de la colisión de dos estrella de neutrones,
sabiendo el inicio en el final
para volver seguir volando de la vida,
comiendo las mieles de no temer a la muerte
y afrontar toda, cada una de las dudas;
aquí, es ahora donde atraídos,
cerca uno del otro
vamos besando el camino
para encontrarnos juntos
caminando en la playa,
vencer al pleamar de los suspiros
y nadar plácidamente en el océano en calma.

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