sábado, 28 de febrero de 2015

MI MUSA: ELLA

En calidad de servicio,
de conquistadora,
dadora de ideas
que luego desecha las ropas
de la timidez,
optando por espadas
con el pensamiento
de lacerar la piel de mi espalda;
llega cuando quiero,
se escapa, no me obedece,
luego viene por si sola
y pide permiso para irse;
cada movimiento es rebelde
pero otras veces
se sujeta a los hilos
en espera de que ella, como marioneta,
cobre vida con mis palabras;
la enjaulo,
le entrego los palacios de mármol
volando en cascadas infinitas
o la mando a comer
de las flamas del infierno
cuando así lo requiera;
tatuajes de mí en su piel,
unos en protesta de mi esclavitud,
algunos codificados
para ser enviados en mensajes de auxilio,
que alguien venga a su rescate
pero le detengo,
se convence de estar a mi lado
pese a pese, pase lo que pase;
momentos de intimidad
para recitarle en silencios
lo que me hace delirar,
aunque terminemos lacerando nuestra piel,
derramando lágrimas,
pidiéndonos perdón o jurando ante los cielos
que esto es el verdadero amor;
ven, y viene;
no vengas, se detiene;
ven otra vez y se resigna,
digo ven, ven, ven ahora y ya...
y sólo huye
para ir a su encuentro
entre los mares de momentos
que denotan una falsa casualidad
donde los ojos ajenos
suspiran en cientos de formas,
le halaga la caricia de extraños
porque la hace vivir, tomar fuerza
y pensar levemente en volver a huir;
ella es así,
mansamente indomable,
salvajemente dócil...
mi musa, quien he creado
para que ella me cree a mí
y así, puedan llamarme poeta.




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