jueves, 19 de febrero de 2015

LA ESENCIA DE LAS COSAS

Siente, despierta y vive;
no lo pienses, déjalo ir,
deja que venga, que llegue
para que vayas, regreses y vueles;
observa tus manos,
cobija tu mirada en el danzar del fuego,
atrápate en el aroma
perdido de un perfume sin dueño;
acaricia el viento
con las palabras que no dices,
siembra los sueños que recuerdes
y endulza tus pasos
con el ritmo de aquella canción rebelde,
aquella que nunca has olvidado;
mírate al espejo,
amate en una mirada, suspira por ti
porque fuera de ello
hay quienes esperan saberte
para llevarte como amuleto
en el desliz de una mirada, de un saludo,
de un apretón de manos
o pensamiento de ya haberte conocido;
déjate consentir por el día,
duerme sin pesadillas
porque amas todo lo que viene a tus sueños;
arropa las palabras prohibidas
como recuerdos de quien te mira,
de cómo los miras;
nunca olvides tus murallas ni fronteras
bajo el hechizo eterno del amor
que profesas por ti, por ti mismo
para luego entregarlo a quien te rodea;
no te pierdas en la vanidad,
la lujuria o el egoísmo;
ten en cuenta, pero muy en cuenta,
que las rocas, las nubes, las aves,
el canto, el ruido, silencios y texturas;
pensamientos, lo que olvidamos y recordamos;
lo que vemos, lo que pasa desapercibido,
todo eso con cuerpo o sin el mismo,
es una esencia única
que resuena al mismo ritmo que uno,
lo que a nosotros nos rodea,
y es una esencia destinada a unirnos
en plena comunión
danzando al canto del arder de una estrella
como el silencio profundo del vacío;
todo es esencia, todo es destino,
tiempo y espacio; eres, soy, somos, seremos, es todo...
boca del amor, mano de Dios, ojo perpetuo,
todo, todos, bienvenidos a formar parte
del tejido del universo,
entendido como la esencia de las cosas;
comprendido ello,
sabemos que somos eternos.



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