jueves, 19 de febrero de 2015

CAFÉ NEGRO

Revelándose ante mí
como el mover de las manos
de una sacerdotisa,
mostrándome los caminos
que se unen, convergen,
dejando la vestimenta de un delta
para volverse en un sólo caudal,
golpeándome de manera etérea,
resguardando, acariciándome las manos
con el calor penetrante
de un suspiro pausado,
poniendo en mis manos el alivio,
en mi boca el nombre perfecto
a dictar al viento;
sembrándome el aroma exclusivo,
reconocible, tatuado en mis memorias
dejándose en mi vida
como delirio, objeto, cuerpo del deseo;
sofocándome, arropándome
en tenues misterios,
revelando la vida, la suerte y la muerte;
adentrándose en mí,
rasgando con la caricia tibia
mis adentros, reclamándolos como suyos,
olvidando mi nombre
para plantarme el suyo;
destilando en mi lengua
el suave sabor de su alivio.
Benditos seamos quienes ahora vienen,
los que ahora llegan, los que se van,
todos ellos sean benditos
porque llegan a reunirse al calor,
a los aromas, al cuerpo de la bebida
que se hace puente, nodo y sendero;
gracias vida, gracias por poner en mis manos
una taza de café negro.

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