jueves, 22 de enero de 2015

ESPASMO UNÍSONO

Retiro las prendas
exponiendo tu piel
que me acaricia al alma
entre toques suaves de mis labios
el deseo destilado
en cada poro,
abriéndose como flores
en espera de ser arrebatadas
de esta vida,
ir al viento, arder en fuegos
para alcanzar el último planeta
en el extremo oscuro del universo;
las prendas yacen en el suelo
mientras comenzamos a vivir,
danzar sobre sus sombras,
despertando los perfumes del deseo
que van impregnándose
entre caricias y besos;
nos sentimos arder, caer, llenarnos,
poseer tu cuerpo con el mío
para explotar en breves muertes
que se ofrendan al baile
entre dos que se unen desnudos,
sudando gotas de placer son sabores a olvido,
sanando heridas del día,
comiéndonos lentamente
en la salvaje emoción de la tierna caricia
que brota para rompernos en cientos de piezas,
unirnos al grito unísono de un espasmo.


 

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PROMESA DE TIEMPO AL CIELO

Mirada hermosa y brillante
que se deja caer
en el abrazo lento del abismo
donde el regreso no existe;
tu sonrisa se apaga
dejando grabados con tu nombre
en las paredes de mi laberinto,
y es cuando tu mano se pierde,
se desploma lentamente
como un ave que ha encontrado
su última morada
para soñar con cielos de colores
donde el sol nunca se termina
y el dolor no viene, no llega, jamás te tocara.
Última imagen en tu vida,
mi rostro que se negaba al destino
con gritos silenciosos en mis ojos
rezando el ir al cielo por ti
y lograr sanar tus heridas...
pero, cómo ir al cielo y regresar
contigo en mis brazos
si el camino que nos ha unido
se ha terminado.
Descansa, sueña hermoso,
al despertar tendrás una vida nueva,
sin memorias ni tristezas viejas
y no temas, que también en esa vida
te voy a encontrar.



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EL ÚLTIMO TREN A UN SUEÑO

Se acercó a mí, un acto inofensivo para compartir la misma banca en espera del próximo tren. Estaba leyendo el periódico cuando un aroma a flores dulces me hizo dejar la lectura para adentrarme en la portadora de dicho perfume. Al girar a mi derecha logré observarla texteando en su teléfono, la primera impresión que me dio fue que estaba buscando empleo, puesto que nadie se arregla tanto para ir a trabajar, junto con nervios como ramas en las manos. Muy joven, eso indica que no va la universidad, ya que un pequeño bolso con un folder, no es suficiente para tomar clases, además, este tren no tiene parada en algún centro de estudios; este es el tren de los trabajadores, rumbo a cientos de oficinas, edificios, comercios… el tren perfecto para recolectar víctimas.

Regresé a mi lectura, pero sólo fue para despistar mis pensamientos, sabía de antemano que tenía 7 minutos con 30 segundos antes de que arribe el siguiente tren, tiempo suficiente para dar mi primer paso.
Recordé a Julieta, siempre la recuerdo momentos antes de esto; debe ser porque ella fue la primera. Aquella vez ya tenía todo planeado, pero el diablo es hábil para sembrar pormenores, es como si se excitara al saber cómo responde uno ante las situaciones, según esto, planeadas a detalle; Julieta nunca pensó que al levantarse esa mañana jamás volvería a regresar a su hogar, comentó en la plática que tenía un perro que amaba mucho, que estaba nerviosa porque a dos meses se efectuaría su fiesta de compromiso con un tipo digno de su familia, y lo mejor de su día, al menos eso contó, era que debía darle la noticia a su futuro esposo de que estaba embarazada. Al saber de aquellos aspectos importantes de su vida, me incitaron a seguir. Abordarla fue sencillo, nadie sospecha de un rostro serio, portado y amable, bien parecido, vestido elegantemente; dando muestras de un lenguaje culto sin caer en la arrogancia o en el tratar de impactar. Aquella conversación inició con la pregunta de una noticia del periódico, no para crear un debate, tampoco para quejarme, sino por el simple hecho de hablar en voz alta en espera de una réplica, la cual fue una sonrisa, y eso me indicó que el anzuelo entró en su mente.  

La seducción es un arte bastante fino, pero no tengo el propósito de tener sexo con ellas; yo busco algo más allá de satisfacer un deseo por unas piernas, y después de pensar tanto en mis acciones, tomé la decisión de hacerlo. Mi posición en la sociedad me ha dado el poder suficiente para adentrarme en el mundo sin tener que dar mi nombre y siempre cubriendo mi rastro; fue fácil, ya que tantos hombres como yo, buscan saciar sus deseos prohibidos en otros países, cuidando su imagen de hombres intachables, dignos ejemplos de moral ante una sociedad que se cae cada día más en el fango del abismo; doy gracias a esos hombres lujuriosos por señoritas, por sus parafilias, por tener hambre de desfogarse en un total espacio clandestino.

─¿No te parece extraño que el gobierno nos aumente el salario mínimo? ─Le pregunté a esta chica a mi derecha, sabiendo que el tema le sería de su agrado.
─No lo sé ─contestó─, al menos quisiera saber lo que es recibir un salario.
─Disculpa mi comentario, pensé que ibas a tu trabajo.
Comenzó a decirme lo que ya sabía, que estaba a minutos de ir a una entrevista de trabajo. Me ofrecí a ayudarle, dándole consejos discretos de cómo responder ante un reclutador. El trabajo que perseguía era el de asistente de secretariado, un puesto en los escalafones más bajos, pero la convicción de ella por ir subiendo dentro de esos esquemas le impulsaba a arriesgarse, bueno, también la enfermedad de su madre y sus medicinas; un sueño truncado por tener el grado universitario pero una vez más el Sistema absorbe nuevos peones para consumir de ellos.
En el trayecto del tren seguimos conversando, tengo esa cualidad de proyectar confianza en las personas y mantener un perfil bajo, es decir, no intento impresionar a nadie.
Ella, quien ha confesado su nombre, llamándose Génova, fue relajándose en todo el tiempo que estuvimos juntos platicando, hasta que llegamos a la estación donde debía bajar.
─Aquí es… me tengo que ir.
─También es mi estación ─le dije.
─¿No me digas que eres tú quien me hará la entrevista? ─Comenzó a reír.
─¿Sería muy malo si así fuera?
Su rostro cambió de repente, a lo cual le comentaba que debía ir a ese mismo edificio porque tenía una cita con uno de los administrativos. Se había espantado un poco, pero es parte del juego. Ella tiene la creencia que hay señales en que se muestran ante uno para guiarnos a un destino de abundancia, amor y prosperidad. Por ello se asombró tanto de mi pregunta, de seguro pensó que era una señal.
Al estar frente aquel edificio, me despedí de ella con el deseo de que tuviera mucho éxito. También le ofrecí mi tarjeta, y que si no resultaba la entrevista, tenía la opción de llamarme, ya que estoy en busca de una asistente para mi socio.
─¿No vas a entrar?
─Fumaré un poco, tengo tiempo aún. Descuida, todo saldrá bien.
La observé alejarse y perderse detrás de esos guardianes de cristal, yendo al vestíbulo para enfrentar su destino.
Encendí mi cigarrillo, fumé una bocanada más y tomé mi teléfono para contactar a mi asistente. Le ordené que moviera hilos para que a la Señorita Génova Ramírez Castro, no obtuviera trabajo alguno en el Corporativo Vasconcelos; incluso, que en plena entrevista le hicieran el anuncio de que ando en busca de una asistente.
Me tomé mi tiempo, y aproveche para visitar a unos conocidos en el Corporativo, todo para hacer tiempo en lo que Génova me llamaba.
Observé mi reloj, y bajé al vestíbulo lentamente, como si supiera lo que se avecinaba en la siguiente página del libro. Al aparecer, Génova había tenido una entrevista fuerte donde el tipo la medio humilló, quebrantando su espíritu y activando la creencia de las señales.
Le invité a tomar un té para calmarla, y ahí, empezar una nueva entrevista de trabajo. Al aparecer puso total atención a todo lo que le comenté en el tren. Acordamos que el trabajo era suyo, pero debíamos hacerlo de una manera formal, ya que no sería bien visto que la entrevista fuera en una cafetería. En eso, recibí una llamada, expresándome que mi automóvil ya estaba listo. Pedí de favor lo trajeran a donde estábamos.
─Génova… en minutos me traerán mi automóvil, estaba en el taller. Vaya que fue una suerte el usar el tren y encontrarte ahí.
─Ves, nunca dudes de las señales.
Sonrió, y en mi mente pasaban varias frases irónicas a esto: “¿Acaso tu madre no te dijo que nunca debes hablar con extraños y más cuando las señales son claras?” Pero me doy cuenta que no sabe lo que le espera.
En minutos llegó un chofer con mi automóvil, y le pedí a Génova que me acompañará a la oficina para concluir el proceso de entrevista y tomará las primeras indicaciones sobre sus labores para mañana.
Al ir conduciendo, le pedí de favor que abriera la guantera y me pasara un dispositivo USB; al hacerlo, ella se inclinó un poco, abrió el compartimiento, y como le comenté que la USB estaba hasta el fondo, se acercó más… y un pequeño rocío le cubrió el rostro. Ella se asustó, pero en poco tiempo su cuerpo se detuvo hasta convertirse en una muñeca sujeta por el cinturón de seguridad.
Subí el volumen de la música, y me dirigí a mi guarida. En el camino, saqué de mi bolsillo del saco un anillo que coloqué en mi mano izquierda; tomé mi teléfono y le marqué a Génova, dejando que me mandará al buzón de voz, permitiéndome colocar un mensaje: “Hola… ¿qué pasó? ¿Todo bien? Ya no logré verte a la salida de las oficinas. Llámame si puedes.” Hacer esto me permitió localizar su teléfono, e inmediatamente apagarlo.
En un semáforo, recliné su asiento y le coloqué en el cuello una almohada en C, todo, para aparentar que estaba dormida. Un par de mujeres observaron el “gesto amable” que tuve, y me sonrieron, también les sonreí pero les mostré mi anillo, reflejándoles que estaba casado con ella, con, Génova, mi víctima.
Salimos de la ciudad, llegando a una comunidad apartada donde los terrenos son muy amplios para albergar grandes casas. Sitios así son perfectos, porque uno puede ser vecino de grandes empresarios o de narcotraficantes, un lugar apropiado para que nadie observe por las calles, nadie pregunte nada y la policía jamás se adentré en el oro y marfil de estas casas.
Las puertas automatizadas me dieron la bienvenida, estacioné en el garaje cubierto. Antes de bajar, observé mi reloj para corroborar que aún tengo tiempo para inyectarle el antiveneno a Génova. Bajé, tomé la caja de herramientas donde guardo mis “utensilios primarios”, y fui hasta ella, abriendo la puerta para luego colocarle unos brazaletes en manos y pies, amordazarla; colocar su bolso, folder y demás artículos en una bolsa. Después, tomé la jeringa, la llené lo suficiente para inyectarle directo al cuello. En segundos comenzó a moverse, y la ayudé a salir del automóvil. La llevé hasta mi habitación oscura, la senté en una silla para que los brazaletes se anclaran impidiendo cualquier movimiento.
Encendí un cigarrillo en espera de que el efecto fuera completo, y ella me observó aterrada, intentando pedir ayuda, pero era inútil.
─Hola, Génova… vas a morir.




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miércoles, 21 de enero de 2015

INFIERNO, MUERTE Y DESEO


I

¿Cómo fue?
Fui engañado, lacerado por dentro
con mentiras que entraron en mi vida
como dulces verdades,
pero eran navajas etéreas
disfrazadas de semillas de cariño.
Me diste de comer de tu cuerpo
diciéndome que eras único alimento,
pero eras veneno,
y ahora siento como me destruyes
porque mi corazón se rompe,
se agrieta con tu recuerdo
soltando al vacío mis lágrimas
mientras sonríes, jactándote de tu victoria
sobre mi alma, sobre mi vida.

II

Las heridas sangran
desdoblando nuevos demonios
que danzan ante este crimen,
ante estas mentiras, joyas de una corona oscura
envenenado mis pasos
poniendo tu nombre en mis manos
para sentir cómo vas lacerando mis días
desde que la ausencia de ti
llegó a mí, como una gota de odio
que fue creciendo a mares y océanos
donde ahora navego
sobre la embarcación que hoy porta con orgullo
el nombre de la Pesadilla de Morfeo.
Levanto mi espada en alto
con la promesa de darle muerte
a mi agonía, a mi sufrimiento,
a tu nombre para que deje de sangrarme el corazón.

III

Estás ahí,
sonriendo entre sombras,
escondida, temerosa de mostrar tu rostro
que tantas veces acaricié
hasta caer rendido en las redes
del falso brillo de tu sonrisa;
y estás aquí,
nocturna, carroñando de mí, nuevamente,
estando de pie sobre mi pecho
intentando seguir clavando la lanza
sobre mi corazón,
deleitándote el observar cómo lucho por defenderme
de tus recuerdos y momentos.

IV

Acechando en sueños
que se tornan sombras y fantasmas
para observarme, vigilar mis andares
en los vuelos diarios,
sintiendo éxtasis y lujuria
al saber que no puedo vivir sin ti,
tomando los hilos invisibles
que no comprendes
para manipular desde tus sombras
esta mirada que va perdiéndose
en lo profundo de las aguas tenebrosas
que hoy son mi hogar,
surcando con la bandera
que jura, que clama, que añora,
darle fin a tu nombre
y liberarme de ti,
enjaularte en un recuerdo
que se perderá en lo profundo de una celda
donde nunca, nunca más saldrás.

V

Corazón lacerado
que inunda de soledad este espacio,
dejando expuestas cientos de lágrimas,
llenando copas de roca
para que beban los demonios de ti,
invitando a los fantasmas
a que cobren carne y hueso
con el recuerdo de tu cuerpo,
destruyéndome por dentro,
sacudiéndome de la vida
donde mis vuelos van perdiendo fuerza...
las plumas de mí
pesadas como el plomo,
envenenado mi camino,
cayendo, cayendo, cayendo al infierno.

VI

En esta miseria,
soledad, siento frío.
Mi cuerpo no responde,
escucho mi corazón apagarse,
la sangre la siento pesada
y apenas logro saber de mi alrededor,
sólo oscuridad, llantos,
gritos que desgarran por clamar piedad;
una lágrima, la última se cae de mi rostro
apagando el ruido, apagando el dolor...

VII

¿Es un sueño?
No siento nada, no hay nada aquí;
mi cuerpo se ha ido,
no siento dolor, pena, angustia y tristeza;
no percibo aromas ni sabores,
mi piel no está,
mis ojos, mis manos, nada;
la sangre que laceraba mi corazón
en estos momento se ha extinguido
como también esos latidos
que me recordaban algo,
algo que por ahora ya he olvidado,
La oscuridad es un todo aquí,
¿sueño o será la muerte al fin?
Los recuerdos se pagan
como velas ardiendo antes de yacer
en una lápida de cera,
las palabras se desvanecen de a poco,
y una tibia melodía invade
mis pensamientos, borrando la última gota
que tengo de vida.
Estoy en paz, estoy ya sin vida.

VIII

El fuego rodea mi aliento,
siento mis manos,
mi piel, mi boca, mi cuerpo;
la sangre regresa
con un resplandor que siento arder a su paso,
sin ver, logro saber de mí,
que soy cubierto con una crisálida
forjada para darme una oportunidad más,
dándome un nuevo cuerpo
del que brota un nuevo plumaje,
sintiendo como abre mi piel,
sintiendo dolor nuevamente
extasiando al laberinto destruido
erigiendo nuevos pasajes,
paredes, fosas y trampas;
logro respirar la libertad.
Seré paciente, guardaré mi fuerza ahora
para luego romper este cascarón ardiente
y descubrir en lo que me he convertido.

IX

¡Despierta!
Me grita desde mi cabeza,
mis manos se inquietan,
una emoción explosiva recorre mi pecho,
empieza su recorrido como una serpiente
hambrienta de venganza
en busca de su presa con nombre y figura;
las nuevas plumas de mí
se inquietan también, mis piernas;
grito con furia a la libertad
y rompo mi prisión temporal
abriendo los ojos
a un sol que ahora me teme,
que empieza el llanto al saber que sigo aquí,
y con más fuerza de cómo me fui.
Mis manos han cambiado,
puedo sentirlas como garras;
el poder de la oscuridad y el fuego
late dentro de mí,
sonriendo nuevamente por este cuerpo
que extiende sus alas
emprendiendo el vuelo
fuera de aquellas aguas tenebrosas
creadas por el capricho
de quien no conoce el amor
pero lo escribe en todas partes con su cuerpo
vaciándose día a día,
convirtiéndose en una máscara frágil
que necesita de vida ajena e ilusiones
para mantenerse cuerda;
y ahora yo, aquí,
nuevamente emergiendo de los infiernos
donde nací, forjado por la oscuridad
y con la muerte de mi luz
para no errar mis pasos,
dejando al descubierto mi rostro
que porta la mirada de un cuervo
sediento de noche, de pasión, de lujuria;
exponiendo un plumaje negro
que se pierde entre las sombras de la ciudad.
La miseria de un falso amor
me ha arrojado al abismo de mi hogar
en el laberinto de mi mente
para caer a los infiernos
que me recibieron con los brazos abiertos
y sané mis heridas,
saliendo al mundo con el mensaje claro
de que nada, ni ella, ni nadie, ni los que vengan
podrán destruir este nuevo plumaje.

X

Un cuervo ha muerto
pero ha regresado
con la voluntad de su corazón de infierno
para reclamar
lo que por derecho es suyo;
rompiendo cadenas, jaulas, ataduras
y prisiones etéreas;
sin corazón, sin lamentos,
en melodías nocturnas
que alimentan su alma oscura,
rasgando el aire
que toca sus plumas
dejando caer sangre
en forma de letras
llenando botellas
que explotan en miles de gotas
de vino dulce y excitante,
dando de beber a quien se acerque,
implantando semillas de pasión,
deseos por la carne y éxtasis por la sangre;
donde será un veneno
tan exquisito, cual droga
que viste de placeres
a quien se acerque.

XI

Poemas escritos
con mi nuevo plumaje
en espera de beber, comer y saciar
esta hambre de placer;
reclamando con la mirada
lo que pronto voy a poseer con mis garras,
sintiendo la piel de ellas
desdoblarse en mi labios
para impregnarme de sus aromas
y marcando sus cuerpos
con la marca del cuervo en vuelo,
señal irreductible
del éxtasis que apreciarán
al saber que mi cuerpo
dentro de su cuerpo
las guía hasta el fin del universo
en un breve espasmo
que unirá vidas, tiempos y espacios
en el preciso segundo
donde el orgasmo toca la puerta
para derramar la muerte,
y así conozcan
un poco de mi origen oscuro
en el décimo tercer círculo
de mi propio infierno.

XII

Acércate,
verás en mis ojos
paisajes que ni en sueños tendrás;
y sentirás
como tu cuerpo se despierta
para darme la bienvenida,
destilando un beso
sólo para mí,
reclamándote mil veces
con mi cuerpo en tu cuerpo;
derritiendo la sed
que tengo por ti
para que bebas de mí
y llegues a mi universo
que nace en mi pecho,
sintiendo por un momento
la muerte en un espasmo dulce de deseo.

XIII

Plumas negras
rondan mi aire,
danzando en poemas
para volar,
andar fuera de este tiempo,
sabiendo que sólo existe el siempre,
dejando olvidado el temor,
las dudas y el espacio.
Plumas nuevas, negras,
apasionadas, bañadas en deseo;
listas para anidar en tu alma.

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