miércoles, 2 de julio de 2014

EL JUEGO (relato erótico)

En estos últimos días, se ha concretado en ti una carga laboral fuerte; te he visto estresada y un poco tensa; el viernes y el sábado fueron días clave y los dos últimos de esta etapa laboral. Pero fue el sábado, alrededor de las 14:00 horas; cuando en tu descanso, tu teléfono celular te indicaba que había recibido un mensaje de texto, era mío:


“Hola, sé que han sido días fuertes, pero hoy ven a mi casa a las 8pm. Tengo una sorpresa para ti. BESOS (Por cierto, tu caminar es muy sexy).”

El sol hacia su recorrido habitual, la noche caía y la hora de la cita llegaba; fue cuando tocaste a mi puerta, está se abrió para que pudieras apreciar que había una iluminación tenue ambientada por velas que dejaban ver algunas alfombras, tapetes, almohadas y telas colgando del techo; era un ambiente árabe, como si fuera la tienda de un sultán en el desierto; se escuchaba música étnica de esos enigmáticos lugares, el olor que percibías era de la comida que estaba en una pequeña mesa rodeada de almohadas y cojines al igual que algunos inciensos. Cuando entrabas al lugar, te abrace por detrás, besé tu cuello, acerqué mi rostro al tuyo y te di la bienvenida. Tu sonrisa me confirmaba que esto, era de tu agrado.

Nos sentamos sobre el piso, muy cómodos por los elementos decorativos que estaban destinados a ti; cenamos algo de comida tradicional y étnica de la misteriosa Arabia, acompañados de la bella música, las fragancias nos rodeaban en el ambiente. Ya en la última copa de vino, me dabas las gracias por esta sorpresa; pero te confirmaba que la sorpresa aún no te la mostraba, pedí disculpas para retirarme un momento y regresé a ti con una tablero de madera. Tu rostro mostraba un semblante extrañado pero lleno de curiosidad y es que había construido un juego para nosotros, el cual constaba de un tablero de madera, en él, encontrábamos 21 casillas, las cuales en su interior tenían tallado un símbolo de la “Ley de Jamsa” que es el ritmo de los cinco dedos para temperar el deseo, marcan las virtudes y significados de la palma de la mano en el amor como en la vida, digamos que es parte del Kama Sutra; es por ello el ambiente que se creó para jugar este juego. También, hay 69 tarjetas con un escrito en ellas, dos figurillas de madera que simbolizaban el sexo masculino y el sexo femenino, y por ultimo pero no menos importante, un dado.

—El objetivo del juego, —te expliqué— es tirar el dado y avanzar el número de casillas que éste indique; todo para llegar al final, a la última casilla. Quien llegue primero ganará el juego pero al momento de que tu figurilla llegue a una casilla, levantaras una tarjeta para leerla en voz alta y es que cada tarjeta tiene una acción que debemos cumplir al pie de la letra, y esas tareas, están regidas por acciones eróticas. Antes de empezar el juego, debes escribir en un trozo papel lo que quieres que haga el otro cuando llegues al final del juego; digamos que sería el premio al obtener la victoria.



Te entregué papel y pluma para que plasmaras tu premio; por mi parte hice lo mismo. Doblamos nuestros papeles, les pusimos nuestro nombre para lograr identificarlos y los colocamos dentro de un pequeño cofre de madera.

Ahora, era el momento de jugar. —dije—.

Nos acomodamos uno en frente del otro pero con el tablero separándonos; te hice entrega del dado para que lanzaras primero. El dado caía sobre el tablero y marcaba el número “seis”. Avanzaste la figurilla a lo indicado y tomaste una tarjeta:

“En el amor, en las artes amatorias; la lengua es quien disfruta más un encuentro entre amantes”
Tarea: Deben darse un beso, pero solo usando la lengua.

Antes de que terminaras de expresar la acción que se debía realizar ya me encontraba a un lado tuyo; recuerda que yo hice las tarjetas, ya sabía que se tendría que hacer. Ya, sentado cerca de ti, me acerqué a tu rostro y comenzamos dicha labor; nuestras lenguas jugaron un poco entre ellas como si fueran un par de amantes acariciándose por completo, así como las serpientes que se enredan en una danza para el apareamiento, nuestras lenguas jugaban a amarse. Después de unos minutos, nos separamos; debíamos terminar el juego. Era mi turno. Lancé el dado, y éste me indicaba el número “cuatro”, avancé mi pieza y tomé una tarjeta, ésta decía:

“La boca expresa palabras, la voz ideas; pero los labios son la puerta que abre las puertas del alma.”

Tarea: Solo con tu boca, debes desabrochar cada botón de las prendas que porte el otro; y así se deben quedar.

Para mi fortuna, portabas una blusa; entonces sentada sobre tus piernas, me acerqué a tu cuerpo. Lentamente colocaba mi boca por cada botón en tus prendas, lentamente los liberaba de su labor de sujetar, uno a uno fueron vencido por mí hasta llegar a tus pantalones, donde con un poco más de esfuerzo logré desabrocharlo. Lo conseguí, pero tu cuerpo ahora tenía ropa desabrochada, pero como lo indica la tarjeta, así la debes de dejar. Tiraste el dado, “tres” marcaba esta vez y la tarjeta:

“El mensaje del deseo, solo puede ser expresado, no con palabras, sino con la piel y la caricia del amante”

Tarea: Desnuda tu espalda, y colócate bocabajo. Tienes que adivinar las letras que tu compañero(a) traza sobre tu piel con la lengua.


Lentamente te quitabas la ropa y te recostabas; acerqué mi boca a tu espalda media y comencé mi faena; adivinabas las letras que lentamente trazaba sobre tu piel con mi lengua; algunas eran de trazo corto pero otras eran complicadas; para mí era la excusa perfecta para lamer tu piel. Reto cumplido, te incorporabas y te acercaba la blusa para que la sobrepusieras en ti, cuando simplemente la tomaste, para no vestirte. Estabas desnuda de la cintura hacia arriba; decidiste así continuar el juego. Era mi turno al dado, y mi figurilla avanzó “seis” casillas, tomé una tarjeta y en voz alta:

“No hay más puro alimento, que la pasión del cuerpo de tú amante”

Tarea: Verterás una porción de alimento dulce, sobre una parte que elijas del cuerpo de tu compañero(a) y comerás hasta acabártela.

Tome un poco de mermelada de fresa, la cual coloqué alrededor de tus senos; después, con mi lengua retiraba y comía dicho alimento; pasaba mi lengua una y otra vez hasta no dejar nada de lo que en ti había vertido. Comí y lamí sobre tu piel dejando en mis labios un sabor dulce pero no de lo que vertí, sino de la sensación de tu piel. Ahora, continuamos el juego; tu suerte mostró un “cinco” y la tarjeta nos revelaba:

“El sonido, elemento primigenio de la vida; y es también el mensajero entre dos amantes que deben amarse con el sonido.”

Tarea: Debes acercarte al oído de tu pareja, y fingir un orgasmo.

Al parecer, dicho acto no te incomodó y de manera sutil como felina, acercabas tus labios a mi oído derecho; de tu voz emergían sonidos que hacían vibrar mi cuerpo, mi sangre se convertía en fuego y acompañabas tus palabras con pequeñas lamidas, y terminabas mordiendo levemente mi oreja. Tomabas de nuevo tu postura y en mi rostro ya reflejaba los estragos de esta tarea; pero el juego aún no termina. El número “uno” se hizo presente, que fortuna la mía, pero espero que cambiara al leer la tarjeta:

“La mente y el cuerpo, danzan en frenesí en ciertos momentos del placer.”

Tarea: Realiza sexo oral a tu pareja, mientras recita en voz alta todo el abecedario, empezando de la “Z” a la “A”.

Tu rostro me entregaba sorpresa, como quien dudara de culminar dicha tarea; fue entonces que te quitaba lentamente tus pantalones, retiraba tu ropa interior y me disponía a cumplir la acción. Acerque mis boca a tu sexo, y a la primera caricia emprendías el recordar el abecedario de atrás hacia delante. Mi boca, mis labios y mi lengua daban mordiscos, te besaban esa piel prohibida; te lamía para que mi lengua te recorriera por completo. Hacía ligera presión, realizaba movimientos lentos, ligeros y delicados; pero también algunos rápidos y siniestros. En esta acción nos llevamos un poco más de tiempo, equivocabas algunas letras pero al final lo conseguiste, recitaste todo el abecedario, de atrás hacia delante. Te di un beso en la mejilla para felicitarte por tu logro, y me di cuenta de tu respiración ya estaba un tanto agitada. Te entregue en la mano el dado, y lo lanzaste; esta vez la fortuna no hacía de ti buena cara, un “dos” para solo dos casillas recorrer; la tarjeta hacía la siguiente declaración:

“La imaginación y el sentir de la misma; son el mejor afrodisíaco de los amantes”

Tarea: Deben estar completamente desnudos y simular una posición sexual, en donde tu pareja no se mueva. No debe haber coito, solo el movimiento, cacicas y roces.

Antes de retirar la tarjeta, pensabas lo que ibas a hacer; en eso, con tu mano me recostabas, apartabas mis pantalones, me desvestías de una forma salvaje: yo estaba bocarriba, cuando te sentabas sobre mí y con movimiento de tus caderas, simulabas una posición sexual y como la tarjeta lo indicaba, no existía coito pero si podíamos sentir el roce de nuestra piel, además, hacías más real la acción con movimientos de tus brazos, como llamas danzantes de una fogata, tu voz me entregaba sonidos que recorrían por completo mi sangre. Moví mis brazos para abrazar tu cintura y fue cuando detuviste tus movimientos; me besabas los labios y me decía que ya era mi turno. El deseo ya estaba apoderándose de nosotros; fue cuando saque cuentas. Yo tenía 14, me faltaban 7 casillas para ganar, era obvio que en una tirada no lo conseguiría; pero tú ya tenías 16, necesitabas un 5 para ganar. Tomé el dado y rodó sobre el tablero para mostrar un “tres”. La tarjeta decía:

“La verdadera pasión, radica en la confianza que tengan los amantes, uno del otro”

Tarea: Vendaras los ojos de tu pareja y amarraras sus manos, por detrás de su espalda; así, tendrás lo que dure una canción para realizar esta acción y hacerle lo que quieras. La venda y las ataduras las tendrá hasta después de tirar el dado.

Justamente, comenzaba una canción bajo los instrumentos árabes, nos habíamos olvidado por completo de la música. Continuabas sentada sobre tus piernas, te ibas a poner de pie cuando te dije que no lo hicieras, quería que permanecieras sentada. Tomé tus manos, las até con cuidado por detrás de tu espalda con un trozo de tela, después, de frente a ti, vendé tus ojos pero fue inevitable y mis labios se encontraron con los tuyos; fue un beso tan apasionado que solo pensaba en tu sensualidad, en este deseo de tenerte ahora mismo pero encontré en mí un poco de razón, aún no era el momento. Continuábamos con nuestro beso, y sentado frente a ti, tomé tus piernas para que te sentaras sobre mi regazo, accediste a esta acción y es porque te quería tan cerca de mí como se pudiera. Mis manos recorrieron tu vientre hasta llegar a la parte interior de tus muslos y mis dedos comenzaron a acariciarte, apenas si te tocaban, luego eran sutiles roces a tu piel; mis dedos jugaban en todo tu sexo. Apartabas tus labios de los míos  y solo recargaste tu mejilla contra la mía; ya no estábamos concentrados en besarnos, sino en sentir. Después de unos minutos, la canción terminaba, volví a besarte, y coloqué en tus labios el dado, lo mordiste con los dientes para dejarlo caer, pero esta vez caía entre nosotros, entre nuestros cuerpos y no se apreciaba el número, solo se veía que podía ser un “cinco” o un “tres”. Retire las ataduras de tus manos y la venda de tus ojos; ambos estábamos con dudas sobre el resultado de la fortuna, solo nos miramos fijamente; nos besamos con tal pasión que olvidamos el juego, ya no estábamos concentrados en el mismo.


Nos entregamos por completo a esta pasión, olvidamos las reglas, solo nos importó el amarnos, y culminar este deseo que había hecho fuego nuestros cuerpos. Ahí, con las almohadas, cojines, alfombras, velas y aromas; dominamos esta pasión, dimos final a este deseo. Después de estar un tiempo sobre el piso, nos abrazábamos con nuestros cuerpos desnudos, después de unas leves caricias y tiernos besos, me preguntabas sobre quien había ganado el juego. Recordé que a ti solo te restaban 5 casillas para ganar, y opte por darte la victoria, que para mí, el dado nos mostraba un “cinco”; en eso sonreíste y te acercabas donde el tablero, tomabas la pequeña caja de madera, sacabas tu premio y los desdoblabas para que yo lo leyera; así fue, lo leí con detenimiento, te sonreí y fue entonces que te dije:

¡Ganaste! Felicidades, y ahora, hagamos lo que escribiste…




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