jueves, 3 de abril de 2014

ADIÓS VIDA

Te escribo estas palabras
sumergido en el sol suave
y terso del Caribe mexicano,
acompañado del canto del zanate
y de la alondra.
Los vientos no paran de andar,
siempre presentes
y celosos al querer tocarlo todo,
marcando tierra
haciendo los árboles danzar.
Los colores son abrumadores
y al estar presente
ante esta paleta de ilusiones,
uno puede sentir
el sabor de los mismos
sobre la piel.
Territorio que consideraba ajeno a mi cielo,
una zona marcada por su tradición oral
y que se impregna en todo lugar.

Mi piel blanca,
bañada por la luna
va perdiendo su color aperlado
para dar paso a mi nuevo plumaje,
uno forjado por el maravilloso
sol de Caribe mexicano.
Observo como el espejo
me indica cambios en la mirada,
no hay nostalgia,
no hay tristeza ni temores;
encuentro un fuego
que ha emprendido el camino,
un fuego que va ardiendo a su ritmo
y alimentado con el deseo de seguir creciendo.

Un paraíso de selva
acechando a la ciudad,
esperando el descuido del hombre
para reclamar su tierra agresivamente
cuando nadie la vea.
El sonido del mar
llega como un metrónomo
para abrazar el latido de mi corazón.

Dicen que es inspirador estos paisajes,
dignos lienzos en blanco
para que un poeta los grabe
en la mente de quien hace de estas letras
una imagen en toda dimensión,
encontrando las referencias exactas
paras seguir manteniendo
la magia de su imaginación;
pero no niego lo majestuoso
que penetra mis ojos
pero la calidez de la gente
es la que motiva a escribir,
es en ellos donde recae la vida actual,
la selva siempre estuvo aquí
y seguirá aunque no la veamos,
pero la gente del Caribe mexicano
te hace ser parte de su familia
aunque seas un completo extraño.

Mi piel cambia,
mis ojos han cambiado,
mi cuerpo lo hace,
y estas letras cambiaran también
porque hay tanto qué plasmar
en pocas palabras,
ser testigo de un maravilloso mundo
que se abre ante mi alma.

Te escribo estas palabras
porque no habrá más para ti,
al menos ya no de mí.
Pondré todo esto dentro de un botella
con la esperanza
de que un día lleguen hasta ti,
pero nuestra comunicación empeora
con cada segundo que avanza
pero acepto
que no tuvimos un vínculo normal,
pues mandarte estas palabras
por la mensajería ordinaria
sería un insulto a quienes somos.
Una botella al mar será para nosotros
el medio perfecto para este adiós.

Te digo hasta nunca,
hasta siempre;
me alegro que nunca más volveré a verte.
No hace falta desearte éxito o algo más.
Me despido de ti vida ayer,
vida que me forjó,
vida que te agradezco,
vida pasada…
hoy tengo un nuevo camino que habitar,
hoy, tengo una nueva vida que vivir.



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