viernes, 28 de marzo de 2014

XXIII (poemas al azar)

I

Te siento rondar
en el viento,
dentro de cada lluvia
y en la caricia mortal del sol;
te siento aquí,
entre las sombras,
perdida en un destello
y en el canto de la alondra.
Aquí estás, no te veo;
no sé tu nombre,
historia o lunares
pero son detalles
que se revelaran
al momento hermoso
del encuentro.

II

Me angustia el clima,
la ignorancia vencible
que crece más al pasar el día.
No duermo por pensar
en el maullido del gato,
las explosiones vestidas
de jueces y verdugos
ni duermo por la música
que escupe la radio;
hay un todo en este mundo
que me inquieta
y que llega de rodillas
para ser observado bajo la lupa,
abstraerlo y volverlo poesía.

III

Comencé a llorar en público
para que mis lágrimas vieran el mundo;
dejaran de estar confinadas
al egoísmo de mi vida
y compartirla como enfermedad
a todo curioso que me mira.
Ni las lágrimas se libran del prejuicio
pues todos las tachan de tragedia,
de amargura o impotencia.
La vida alegre también se llora,
porque no todo es agua en la vasija
ni todo es un inmenso mar.
Bebamos del vino, comamos del pan
y aceptemos nuestra mortalidad.

IV

No estoy solo, la muerte me acompaña.
No me dejara, no me cambiara;
seguirá aquí junto a mí,
caminando hombro a hombro
hasta que la arena del reloj se termine
y con sus manos de amor
tome la flama de mí
para apagarla entre sus labios,
darme el beso final
que marcará el fin pero el comienzo
para emprender el camino a la eternidad.

V

En el amor encontré
las fronteras de mi corazón;
lloré por noches, por días
hasta que el sueño venía por mí
y me arrebataba por instantes
del camino de espinas al mismo infierno.
En el amor encontré lo hermoso,
lo nuevo pero también lo hórrido y viejo;
en el amor está la respuesta,
la pregunta y el concepto;
es el único camino a la eternidad
siendo la esperanza la guía para ello.

VI

Dejemos
que el amor venga
y nos haga con sus manos,
nos transforme
en una vasija
que llenaremos
tú y yo con la vida.

VII

Sólo engaños y mentiras
desfilaban por tu hermosa boca.
Finges ser un ángel
cuando al mirarte frente
al espejo no sabes reconocerte.
Duermes con el temor
de que tu castillo de sombras
vestidas de luz, caiga,
y que todos se den cuenta
del demonio que eres
debajo de esa hermosa máscara.

VII

Te haré el amor
salvajemente dulce
y tendré en mi piel
el tatuaje de tus labios,
tendrás en tu mirada
al hombre
que llegó como la noche
a poseerte…
Te haré el amor
como hombre a su mujer.

IX

No confío en las personas
que apenas tienen la oportunidad
se jactan de cuántos libros han leído.
Los observo tan vacíos,
tan llenos de nada.
Cuando lees
no dices nada… se nota y nada más.

X

 Mirarte fijamente al rostro
al momento de estar dentro de ti
cuando hacemos el amor
es sentir que logro vivir
cada vez que me sientes dentro,
profundo, más y más en ti.
Mirarte en ese instante
en que la vida te abandona
para vestirme de tu placer.

XI

Cuando leas esto
es porque te he recordado,
imagino que caminas
plácidamente por las calles
con el viento danzando por tu piel
y es cuando pienso en tu cuerpo.
Dime, mujer,
qué sientes al mirar tus brazos
y recordar que escribí en ellos,
en toda tu piel y nos hicimos el amor.
Dime, ¿me piensas?
Porque no he dejado de desearte,
de estar contigo, desnudarte,
morder tu figura para comer de ti
y derramar vino en tu vientre
para beber, saciar mi sed por tu alma.
Mujer, cuando leas esto
sabrás que en este momento te deseo.

XII

 Hermosos ojos de mar
que inundan tu rostro;
profundos, llenos de misterio.
Cuento las lunas
para poderme reflejar, nadar en ellos
y ser testigo de tu sonrisa,
vestido de tu voz;
llenarme los sentidos de ti
para bien dormir,
siendo tú la luz del faro
que viene para borrar la oscuridad.
Cuento lunas para verte caminar,
volar dulcemente en el malecón
apreciando tu cabellera danzar
cuando el viento se haga presente,
te acaricié el rostro
y contemple tu figura de sirena
que anda hermosamente por la tierra.

XIII

 Piel tan blanca,
mujer, te vistes de victoria
al andar desnuda;
caminas por el lugar
haciendo tuyo el espacio,
desnuda, mujer, desnuda ante mí
y te observo libre, llamándome
a escribir en tu piel,
vestir tu figura con locura,
laberintos, acertijos de mí.
Tu piel blanca, mujer,
es una hermosa hoja de papel
que me invita a poseerte,
nadar, volar y vivir dentro de ti
porque sólo en tu cuerpo
debe escribirse la poesía erótica,
sensual, llena del deseo a ti.
Bella en tu andar glorioso,
siniestra, oscura y hermosa mujer;
hermoso poema, diosa ante mí.

XIV

 Dejar caer en tus labios
gotas dulces de palabras
para escribir en ellos una sonrisa
que será el inicio
de un cuento donde el tiempo
como el espacio, son distintos,
ajenos ahora, para dar paso
un mundo que plasme
tu hermosa locura.

XV

 Belleza de mar,
ojos de océano
y boca misteriosa
como una botella al mar.
Llevas en tu corazón
el amor de las aguas,
fuerza del dios del mar.
En ti mujer, espuma de los mares,
recae la alegría, la lluvia,
la misma vida.

XVI

 Acércate, mujer,
el día ha terminado.
Tu cuerpo exige descanso,
ser cubierto por caricias
que desnudarán tu alma
del día que has vivido.
Ven, mujer,
dame tus brazos
para vestirlos con mis labios;
cierra los ojos, entrégate,
deja sobre el suelo
la pesadez del día.
Besaré tus manos
hasta sentir el dulce contorno
de las mismas en los labios;
dejar senderos de mí
como marcas en tus brazos
y llegar a tus hombros,
morderlos como manzanas
para escuchar atentamente
la vida de todo tu día.
Servir un poco de vino
y posarlo en tus labios,
besar tu cuello mientras bebes,
observar que te entregas
sin sombras del día
ante mí, un hombre que te procura,
resguarda y protege, mujer.

XVII

Hacerte el amor
no es entrar dulce en ti
hasta caer desnudos,
bañados en amor;
es tratarte como mujer,
dama, diosa ante mis ojos;
acariciarte,
seducirte sin tocarte
sin olvidar
que eres la mujer hermosa
que danza libre ante la mirada.
Te hago el amor
entre caricias de mis palabras,
al escucharte plácidamente
para liberar tu cuerpo del día.
Soy un hombre
que te seducirá en todo momento,
soñándote con tierna lujuria
y consentirte a cada instante.
Contemplar tus ojos de océano
cuando se abren en júbilo
con los detalles que coloco en tu día;
espantar fantasmas y noches
para que tu sueño te sea una delicia.
Te haré el amor sin tocarte,
sin cuerpos, delicadamente
al recitarte el majestuoso destello
que destilas al caminar
y escribir sobre tu piel
las palabras que intentan torpemente
el vestirte, ensalzar la belleza de tu mirada.
Hacerte el amor
es tratarte divinamente como mujer.

XVIII

 En el hermoso canto del zanate,
bella ave iridiscente
que llegó a cantarme un recuerdo
vestido de fantasía.
Mi cabeza se nubló
para despejarse con la luz de un faro,
el viento golpeaba mi rostro
mientras el sol lo acariciaba
dejando mis sentidos inundados
con los aromas de la sal…
Bello recuerdo y fantasía
que el zanate me entregó en su canto
para dejar esta locura
posarse en tus ojos de océano.

XIX

 La caricia sagrada
que recorre tus piernas
para despertar al demonio
que vive dentro de tu mirada.
Acariciarte, rendirle culto
a tu belleza de mujer,
estado hipnótico,
canto prohibido, dulce ambrosia
donde voy como sonámbulo
a caer en majestuoso abismo
de tu corazón escondido.
Suculenta muerte
que me hace vivir
y atraparte con la mirada
siendo tú, hermosa imagen desnuda
que me da la bienvenida
a vivir la nueva vida.

XX

 Me piensas,
estando ahí afuera
me piensas;
caminando,
en la melodía,
dentro de un reflejo…
me piensas.
Estando en tu día
sé que me piensas,
dices mi nombre
en un suspiro,
abrazado de una sonrisa,
el recuerdo,
resonancia de mis caricias…
me piensas,
me entregas la existencia
cuando me piensas.

XXI

 Me gusta el café sin azúcar,
con cafeína;
me gusta tu aroma sin mentiras,
con deseos;
me gustan tus labios sin miedo,
con mordidas;
me gusta tu figura sin ropas,
con mis besos;
me gusta tu corazón sin dolor,
con mi amor.

XXII

 Ven a beber de mis labios
las palabras que brotan de ti,
que harán vibrar tu alma
y sentirás como tu cuerpo
va cayendo poco a poco
en el trance hipnótico
que destila mi voz
para hacerte el amor
dentro del capullo de un suspiro.
Ven, mujer, acércate a mí
para beber de mis labios
y encuentres el licor
que embriagará tu sangre de mí.

XXIII

Manjar de dioses,
dulce ambrosia
que envenena de deseo
y ando hambriento
de lujuria por ti,
por calmar el fuego,
derramarlo dentro de ti
para ser consumido
por tu mirada,
fulminado,
borrado del espacio
cuando sienta tu cuerpo
temblar exquisitamente
atrapando al mío,
siendo fuego líquido
recorriendo tus adentros.


Publicar un comentario