viernes, 21 de marzo de 2014

SIETE ANTORCHAS (poesía erótica)

El camino a tu alma
lo encontré al deslizarme
por tu piel,
marcar el sendero volcánico
donde se resguarda
tu corazón perfumado.
Llegar ahí
es encender las siete antorchas
que tiene tu cuerpo;
volar por las formas divinas de ti;
ofrendar a ellas caricias,
dejar mi aliento cálido en ellas;
escribir con el tacto
de mi lengua mi nombre,
y dejar que estas manos
absorban cada parte de tu piel.
Las primeras antorchas
arden ferozmente
cuando mis ojos se posan
sobre ti,
desnudarte de manera etérea,
comenzar la seducción
con ligeras caricias,
sintiendo como ondean su fuego;
es cuando mi boca
encuentra tus senos,
los muerde, dulce pan amoroso;
dando paso a la luz
del resto de las antorchas.
Es en tus piernas
el lugar perfecto
para desgarrar tu piel,
arrancarte la sombra a besos;
subir, dejarme caer como cazador
en todo tu cuerpo, reclamándolo,
degustar el sabor de tu néctar
destilado por tu piel
al dejarse llevar por el calor del deseo.
Tu vientre despierta hambriento,
y trato de calmarlo al beber de él
la penúltima antorcha de cuerpo.
Dejar claro el deseo
para seguir explorándote,
lograr hacer vibrar tu esencia
desesperadamente por tenerme,
escuchar tu cuerpo
gritar con caricias y calor
el deseo de entrar en ti.
El mar de tu corazón secreto
se hace presente,
lo siento como empieza a fluir
y aunque mi cuerpo
hambriento del tuyo
vibra desesperadamente
por encontrarte…
contengo el aliento
para encender
la última antorcha de ti
y envolverte en mi viento
para llegar juntos
a destrozar el cielo.
Busco tu boca,
apaciguar su sed
con mis labios
para llevarme tu aliento
y recitarle a tu oído
las fantasías bañadas
de suculento deseo por ti:
-Mujer, penetraré tu cuerpo,
invitando al amor
a que venga por nosotros
y nos arrebate del tiempo;
te penetraré dulce,
salvaje y tiernamente
para que nuestras almas
se entrelacen
y canten al unísono
el amor que llega y nos hace…
La última antorcha
se observa arder en tu mirada,
el momento ha llegado
y sentimos como nuestros cuerpos
se derriten, se fluyen,
formando un cuerpo
puro, limpio, sediento y perfumado.
El fuego de ti
cubre el viento de mí,
se abrazan, se unen,
se resguardan, penetran, disfrutan
hasta el éxtasis
de salir de este mundo
en los hombros del titán Hyperion,
remolino infinito de amor, fuego líquido,
que resguardas dentro de ti
y nos vestimos de espasmos,
sudor y con un corazón
que poco a poco
encuentra calma en nuestra respiración,
ojo del amor, en espera
de encendernos con la nueva pasión.




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