viernes, 21 de marzo de 2014

SI ME PREGUNTAN POR ELLA

Si me preguntan por ella,
soló miraré hacia a la ventana
y dejaré caer de mis labios
un suspiro tan largo
para tratar de ocultar su nombre
y evitar que vengan
las perlas del alma
a brotar de mis ojos
entregando consuelo a mi rostro.
Es alguien que no será fácil de olvidar
pues ha dejado heridas profundas
dentro de mi carne y mi voz.
No quiero hablar de ella
para ahogar su recuerdo
en lo más profundo de mi laberinto,
abrazarlo fuertemente a mí,
lanzarme al abismo
y emprender el olvido.
Poco a poco su piel de arena
se aleja de la resonancia de mis manos;
sus labios se fueron, su voz se ha ido;
el aroma de su cuerpo
va dejando su último rastro en mí
apagando el deseo
de volar entre sus piernas
nadando en el lecho de su corazón.
No me pregunten por ella,
quiero dejar de recordarla en público
para penar su ausencia
en lo privado de mi habitación,
encenderle una vela con su nombre
e ir contemplando
lentamente el andar de la flama
para mostrarme que ella no volverá jamás.
Lavaré estas heridas,
las secaré con el nuevo sol
y haré la última ofrenda a ella,
de quien su nombre debe quedar sellado,
resguardado dentro de una caja de ébano
para que no vea la luz
y salga como fantasma para rondarme,
arrebatándole a mi alma
los pedazos de consuelo que voy recogiendo
de las lágrimas que llevan su recuerdo.
Si me preguntan por ella,
sólo diré: ella, sólo ha sido un sueño
que se fue apenas llegó el amanecer.





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