sábado, 8 de febrero de 2014

EL ÚLTIMO ATARDECER

I

De ti, necesito todo
pero también, no necesito nada.
Necesito de ti,
tus sueños, sonrisas y tristezas;
pero no necesito de algo más
pues en ti lo encuentro todo.
Necesito de tus labios,
tus manos, caderas y piernas;
fuera de ello, no necesito nada.
Necesito de tu alma y tu sombra,
para acariciarlas con el pensamiento
como también con el corazón,
sin promesas que aten
pero sí con acciones que demuestren todo;
sin necesitar nada más
porque tú tienes todo,
lo que me falta, lo que me sobra, y más.
Deseo que también me necesites,
tengas todo de mí y que al mismo tiempo,
estando conmigo, no necesites nada.



II

Tan cerca uno del otro
pero lejanos de cierta manera,
enorme abismo
lleno de distancia,
preguntas, dudas, historia
y temores que se esconden
entre excusas.
Maldito abismo,
lo vemos frente a nosotros
y cada uno en su sitio
observándonos desde allí,
desde nuestros puntos.
No podemos alimentar
al funesto abismo,
no debemos hacerlo…
Pondré el primer anclaje,
uno más, varios,
ir construyendo un puente
para llegar a ti,
pero ayúdame
no puedo hacerlo solo,
requiero de ti
para que nos encontremos
en el centro de este abismo,
demostrarle
que juntos, lo hemos derrotado.



III

Romper el silencio
de tu manantial
con una gota de mí,
disfrutar como las ondas
van huyendo
para tocar su destino
y regresar a ti
envolviéndote conmigo.
Profanar la tranquilidad
de tu bello ser
con el sonido de mi voz;
destrozar tu espacio,
cambiarlo con mi llegada;
plantar ciertas dudas
más no temores,
que encontrarán su luz
con el paso de mis palabras
vestidas de acciones.
Descubrirás
que tu mundo no se ha roto
ni ha sido invadido;
al contrario,
ha dejado de ser un mundo
para estallar
en un majestuoso universo.




IV

Una gotita de mí
en tus ojos
para duermas
sin pensar en ayer;
un pedacito de mí
en tus labios
para que me recuerdes
al despertar
y tengas una sonrisa
que te protegerá
del nuevo día;
un suspiro mío
para ti
y en él encontraras
lo mucho
que me haces pensar.



V

Posar mis manos sobre tu espalda
hasta encontrar ese par de hoyuelos
que tanto he besado
para comenzar a tocarlos
con las yemas de mis dedos,
emprender espirales
hasta llegar a tu boca
y beber de ti nuestro deseo.




VI

Hacerte el amor
mediante el fino y agresivo
roce de mis ojos
sobre tu piel
que reclama mi nombre
para vestirse con las llamas
del calor que destila
mi cuerpo, por estar en ti, dentro.



VII

Breve instante
de mí y de ti,
fino momento
que logramos
al mezclar
un suspiro.
Una gota
de nosotros
que hicimos
al nadar
y nadar
durante
tanto tiempo
por individual
en el mar
de la soledad.



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