viernes, 7 de febrero de 2014

CARTAS PARA UN ÁNGEL

I

Llegas con un día
que ha caído en ti,
colocando sueño y cansancio;
pero ven, acércate un poco
y te contaré como un poema
alcanza la eternidad en tus ojos,
no importa que el sueño llegue,
cuidaré de ti mientras abandonas
este mundo para volar en los reinos
maravillosos del dios del sueño.
Seguiré relatándote historias
mientras espanto sombras y fantasmas
que llegarán para morder tus sueños;
no te preocupes, aquí estoy y no me iré.
Seguirás escuchando mi voz
que ahora arropa tu alma
y me quedaré despierto,
lo suficiente para luego tomarte
entre mis brazos y llevarte a dormir,
que descanses plácidamente.
Quisiera conversar y conversar,
contigo hasta el nuevo día
pero reconozco que me importa más
que logres descansar y soñar;
ya habrá más tiempo
para ver la luz de tus ojos
desbordarse para mostrarme al bello ángel
que vive dentro de ti.
Buenas noches, y descuida,
cuando despiertes, me verás aquí.



II

Mis manos encontraron refugio
al tocar tu rostro que se presenta
en estos días que se visten de alegría;
cierro mis ojos y estás aquí, a mi lado.
Observo tu nariz de cereza,
tus mejillas dulces como manzanas
y esa sonrisa que derrama luz;
tus ojos cristalinos como lagos aperlados,
todo, enmarcado por tu cabellera,
hermosa como la lluvia
que abriga la tierra para despertar su perfume.
Abro mis ojos, y aunque no te vea,
vienes en mis días, ángel de vida,
vienes para que mis manos
encuentren en tu recuerdo, un nido,
donde pondré letras y letras
tratando inútilmente de plasmar
un poco de tu hermosa esencia.



III

Ángel de vida,
¿qué se puede decir de ti?
Se puede decir todo,
con las palabras majestuosas
de este idioma como aquellas palabras
que en su sencillez radica su hermosura,
así como tú, ángel, divina vida.
Encontraré palabras para ti,
para vestir tu alma con ellas
y hacer más grande esa sonrisa,
aunque lleguen días oscuros
me tendrás aquí para poetizarte el día.
Buscaré letras, frases, tratados filosóficos,
y de no hallar lo que busco,
nadaré en nuevos idiomas y lenguas
que den digna vestimenta
a lo que ven mis ojos de ti.
Si todo esto falla, comenzaré un nuevo idioma,
sólo para ti, para ensalzar tan sólo tu mirada.
No hay límites, no hay fronteras ni obstáculos
que me hagan llegar a tu alma.



IV

Tomar un suspiro tuyo
para adornar una palabra,
ponerla en tus ojos de ángel,
sembrar más suspiros
y seguir comiendo de ti,
beber de tu alma,
refugiarme en tu cuerpo
y nadar en tu sombra.
Cazando suspiros,
provocando sonrisas
y acariciando tu pensamiento;
así es con cada palabra
que abraza cada uno de tus suspiros
creando adicción de ti,
de mí… de ambos.



V

Como hay vientos gentiles,
también hay torbellinos;
todo tiene su luz y su sombra;
habrá días llenos de risas
también los habrá llenos de lágrimas,
pero en esos días
es cuando me verás más fuerte,
protegiendo, hasta con mi alma,
la belleza de la tuya;
lo intentaré, verás que sí…
y por favor, no me creas nada,
absolutamente nada
pues serás testigo de ello,
de cómo protegeré las plumas
de tus alas de ángel que descansan
en el centro del lago de tu mirada.



VI

Un pensamiento tuyo,
deseo, fruto de ti
que cae en mis manos
para comer de él
y andar con tu nombre
entre mis labios,
acariciándolos,
dejando en ellos
dulce néctar
donde la vida fluye
como fuente
de la luz de ángel
que guarda tu mirada;
para que llegues a mis palabras,
mi voz que recita
la esencia de ti.



VII

Encuentro fragmentos de ti
en todos partes,
el sonido de un saxofón
que invade la Plaza;
los aromas dulces
de una panadería
anunciándose sordamente
y en el vuelo de las aves
que señalaban la dirección de ti.
Encuentro en un día
fragmento de tu alma
que me hacen pensar en ti,
dejando en mi sangre
el alimento perfecto
para cerrar mis ojos,
y tener frente a mí
tu sonrisa se ángel de vida.



VIII

Sonrisa de mujer,
figura de ángel...
pasear lentamente por ti,
dejar en mis labios
la profundidad de tu corazón
y tener en mis manos
la resonancia de tu cuerpo
para que me acompañes en el día,
recuerdo que incita el encuentro,
verte, verme nadar en tu mirada
y hacer de ese momento
un instante congelado,
como una fotografía
que captura el momento de luz
e ir desnudándonos
pausadamente, con tiempo,
las prendas que nos hacen extraños.



ILUSTRACIÓN: "En vinilo" por ANA APARICIO

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