viernes, 7 de febrero de 2014

¡BUENOS DÍAS, ÁNGEL DE VIDA!

¡Buenos días!
Escuchas mi voz,
es lo primero
que te da la bienvenida
antes de que el sol
llegue y me arrebate
el estar acariciándote.
Tus ojos, aún adormilados,
salientes de los sueños
comienzan a vivir
como si fueran aves
extendiendo sus alas
para emprender el vuelo.
Una sonrisa se vislumbra,
se desenvuelve
e ilumina el lugar...
Retiro un poco de tu pelo
para lograr apreciar
tu hermoso rostro,
tu sonrisa sigue,
más desbordante aún.
¡Buenos días!
Vuelvo a repetir,
y ahora mi voz
que en un principio
la sentías como la puerta
al nuevo día,
ahora, es un abrazo cálido
que te da la bienvenida.
El destello de tu mirada,
una mirada golondrina
pues nunca se está quieta,
siempre mirando a todos lados
pero cuando la capturo
con mis ojos
parece un mar de nubes
que andan y andan
destilándose
quedándose en todo lo que tocan
tus hermosos ojos.
Caes en cuenta poco a poco
de que es hora de despertar.
Estiras los brazos
pero la sonrisa no desaparece,
y el deseo que surge en mí
es el de avivarla,
recitarte dulcemente
un poema que soñé
mientras estaba despierto,
contigo en mi mente
es ser un sonámbulo
que captura momentos
para logra plasmarlos
en pocas palabras
que irán a hacer nido
en lo más profundo
de tu recuerdo.
Tocarte con mi voz,
abrazarte etéreamente
y escucha, escúchame bien,
no quiero que nada quede libre
pues todo debe ir volando
hasta tus oídos.
Entre mis labios
nace una palabra
al pensar tu nombre,
crece, es una frase,
un pensamiento
que se alimenta de ti
y se formula un verso,
uno más, otro, el siguiente,
varios más...
todos danzan, giran
y se divierten en el baile
de tu recuerdo
para formar un poema
de miles y miles de letras;
cada una, desfilando
para que seas tú
quien les entregue la vida
que brota de tu mirada,
fuente eterna de luz,
frutos benditos
donde el hambriento
logra encontrar su último destino...
pero de tantas palabras
que se atropellan una a la otra
para ser tocas por tu alma,
se aglutinan, se hacen una,
y sólo es tu nombre
que se posa en mis labios
como una mariposa antes de volar
al entregarme a un suspiro
tan sincero, tan entregado
por soñar despierto
cuando me llega tu recuerdo.
Escuchas con atención esto,
y tu sonrisa se incrementa.
¡Buenos días!
Esta vez, te envuelvo
en la mejor de mis sonrisas.
Tomo tu mano,
la muestro ante mi boca
que en ella
le deposita un beso,
cierro los ojos,
siento el aroma de tu piel
que me inunda, embriagado
de tan suculento perfume,
esencia de un ángel
con mirada golondrina
y sonrisa de manantial;
tus mejillas de pan de azúcar
junto con tu nariz de cereza;
divina imagen que cuelgas
de mis ojos
para servirme de alimento
y seguir, seguir, crecer
hasta más allá de los cielos,
ahí, donde no existe el miedo.
Tus manos se entrelazan
entre tus cabellos,
peinarte, descubrir tu rostro
pero te detengo,
quiero admirarte,
contemplarte entera
en este primer respiro de mañana
que nos invita a gritar
la alegría que se nos fermenta.
Tu imagen despierta,
de mañana, de figura fresca,
es el vino que he de beber
hasta la última gota
sin temor a que se termine
pues no hay promesas
que se romperán
para dejarnos pedazos
de melancolía y tristeza;
sabemos que esto es ahora,
resultado de un ayer
y que no sabemos nada del futuro;
porque lo que mantiene encendida
la flama de la sonrisa,
faro de luz que va guiando
cada paso en la oscuridad,
es que se vive el ahora, y nada más.
¡Buenos días!
Vuelve a tomar mi mano,
suéltala si así lo crees necesario,
pero te pido que no lo hagas,
pues ha llegado la mañana...
¡Buenos días, Ángel de vida!
Bienvenida a un fragmento más
de esta hermosa vida.


ILUSTRACIÓN: "Eclipse" por ANA APARICIO

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