martes, 4 de febrero de 2014

ÁNGEL DE VIDA

I

Desnudar tu cuerpo
como ir quitando pétalos a la flor
para descubrirla por completo
y bebe de ella, de su néctar
para morir sin miedo al amanecer.
Desnudarte, como quien bebe las gotas
que se posan en la mañana
y saber que tu cuerpo vive
muy cerca del mío;
que vivo dentro de ti.
Desnuda ante mí,
placer que abraza mi alma
para llevarte tan lejos, muy lejos,
ahí, donde ni siquiera el universo
sabrá de nuestro besos.



II

Tengo curiosidad de ti,
de tu mirada...
¿A qué sabe tu mirada?
Sentirme abrazado por la misma,
ver el amanecer en ella,
sentir el atardecer en tus ojos
y descubrirme a mí mismo
mientras me vistes con tu mirada.
Acaríciame con tus ojos,
alza mi rostro a ti
como quien eleva una plegaria
y sabrás que has tocado mi alma
cuando me veas sonreír.



III

Hoy, has caminado
haciendo tu día
pero sabes que alguien
escribe de ti,
de tu cuerpo, tus labios;
cómo es tu mirada y sonrisa.
Hoy has caminado
vestida de metáforas,
comparaciones de cielos
y otros recursos poéticos
para tratan de reflejar
quién eres en tan pocas palabras.
Sonríe, mujer,
pero hazlo sinceramente
porque eso alimenta
la vida que se derrama de tu mirada.
No solo eres musa,
inspiración o el sueño de un poeta;
hoy te imagino caminado
por cada momento de tu vida
portando una bella sonrisa sincera.



IV

Nace en mí
el pensamiento,
fantasía de usar tu piel
como hoja de papel,
hoja blanca, pura,
para en ella escribir
un poema con el roce de mis labios
y leerlo a tu oído
muy despacio
para que cada palabra
vaya anidándose en tu alma,
para que tu cuerpo reaccione
y logre ver tu piel brillar
con las letras
que en tu cuerpo descansan.



V

Si pudieras ver
lo que mis ojos me gritan
al tener la imagen de tu rostro
frente a mí.
Si pidieras ver lo que veo,
la luz, la sombra,
el paraíso que se congela en tus ojos
y se desborda;
me llenas como vasija,
te viertes,
tu esencia se derrama,
se contiene, ¡explota!
Si pudieras ver
cómo te ven mis ojos, mujer.



VI

Tomar tu rostro
con las plumas de mis manos,
enfocar mis ojos
a los tuyos,
penetrarlos dulcemente
con una mirada
y hacerte saber aquel lenguaje
que se esconde,
nada bajo las nubes
y que sólo tú logras entender.
En una mirada tocar tu alma
mientras mis ojos
vas abrazando tu esencia
en aquel tímido vaivén
que sólo se logra observar
cuando dos se encuentran
muy cerquita uno del otro
y nuestros nombres se destilan
en un suspiro, preciso instante
en que somos envueltos
por esta mirada.



VII

Marcando tu cuello,
punto de partida
para ir bajando
en un vuelo espiral
hasta tu divino centro,
manjar de vainilla de ti,
corazón que se oculta
para ser encontrado
en la humedad
del deseo que te va abrazando
y llegar ahí,
unirlo con mi corazón
para latir al unísono
de dos cuerpos
tratando, jugando a ser uno,
molde perfecto
del encuentro
de un minotauro
adentrándose en tu laberinto
impregnado del perfume
que alivia mi alma
para depositarme entero
en tu corazón azucarado.



VIII

Vestir tu nombre
con una metáfora,
saber que eres
Ángel de Vida,
quien pone palabras
en mis manos;
que pongo en letras
cada gesto,
acción y sonrisa tuya;
soñar con tu voz,
imaginar el sonrojarte
y desear ser tocado
con las manos de tus ojos.
Vestiré tu nombre
para que no lo encuentren
diablillos y calaveras,
lo toquen, lo gasten...
tu nombre será resguardado
y una metáfora será su guardián
contra las sombras
del tiempo y el olvido.

ILUSTRACIÓN: "Mermaid" por ANA APARICIO

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