jueves, 23 de enero de 2014

¡VECINO HIJO DE PUTA!

¡Tengo visitas! Bueno, no son para mí dichas visitas; son para mi vecino de morada. Lo envidio a él, a ese maldito, hijo de puta. A él sí lo visitan. Sé que está muy mal maldecir lo que uno envidia, pero llevo años, muchos años sin visitas. Hay veces que viene ese anciano a limpiar, rezando mientras lo hace y eso me desespera; que esté rezando mientras trabaja. Lo único que hace el anciano es quitar las hojas secas de los árboles y llevarse la basura, pero no limpia nada.
Estoy aburrido, me agobia esta situación. Me gustaría viajar una vez al año como lo hacen mis vecinos de morada. Pero no, en ningún lugar soy solicitado. Estoy tan aburrido que me alegro con el llanto de un infante cada que visitan a uno de mis vecinos, pero no me alegro en nada con mi vecino de mi lado derecho porque siempre lo vistan, lo hacen muy seguido. Le llevan regalos y le ayudan a mantener su lugar limpio, perfecto. Es obvio que parezca un palacio, ya que a su lado me encuentro con mi recinto muy desolado, triste y melancólico. Hasta un ataúd pudriéndose se vería impecable a un lado mío.
¡Lo maldigo mucho, mil veces y más! Una vez que no lo visitaron, mi vecino se puso muy triste y lo observaba; me regocijaba en su desgracia. Yo estaba feliz, he de admitirlo, pero muy feliz por su desdicha. Estaba tentado a echarle en cara su nueva suerte, diciéndole:
“ya te acostumbraras a la soledad; a mí me funciona maldecirte. Puedes hacerlo si quieres. (Obvio, si él me maldice sonreiré muy ufano) Te acostumbras rápido a esta vida…”
Cual va siendo el giro del destino que al día siguiente lo visitaron más personas de lo normal. Yo estaba que tiraba tiros, gritando porque ese hijo de puta de mi vecino tenía muchas más visitas de lo normal. A la basura mi discurso para regocijarme en su desgracia, hasta en eso me echó a perder la alegría.
A mi otro vecino también lo visitan, no como al arrogante bien solicitado de mi vecino del lado derecho, pero lo visitan muy de vez en cuando, pero lo visitan. Siempre es una señora, la he visto como los años la están torturando de manera agresiva; a ese vecino siempre lo visita ella y es para pedirle perdón de no sé qué actos y ni que tanto, pero lo visitan.
No conozco a todos mis vecinos. Hay unos que han estado más tiempo que yo y otros que han estado desde el inicio, pero pasan todos los días bien dormidos y sin molestar a nadie, es más, ni se mueven cuando los demás reciben visitas. Todos, en su mayoría han salido de este lugar, han viajado mucho… y yo, pues no, no he salido ni viajado. Tengo que hacerme a la idea de dormir mucho como los vecinos de mayor antigüedad pero los llantos y suplicios ocasionales de mi vecino y las visitas en tumulto del hijo de puta de mi otro vecino, no me dejaran dormir tranquilo.

No hay peor muerte como la que ahora me abraza. Hace 30 años que fallecí; ahora en este cementerio, mi tumba nadie la ha frecuentado, no la frecuentan más que el anciano que reza. Hace ya 30 años que he muerto y no hay peor muerte que ser olvidado por aquellos que en vida, juraron mantener vivo tu recuerdo… ellos también, y todos ellos son unos hijos de puta. Ahora, aquí en este cementerio los espero para reclamarles todo lo que me hicieron; ¡malditos hijos de puta!, como mi vecino, el de las visitas.




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