viernes, 31 de enero de 2014

POEMA DE UNA HISTORIA DE AMOR

Te encontré,
me encontraste;
siempre dije
que nos habíamos encontrado
pero en realidad
es que yo fui el que te encontró
pero debo darte el crédito
de que estabas lista
para ser encontrada
y yo debía responder
a ese mensaje
que habías mandado
desde hace tiempo.
Dejémoslo fácil: nos encontramos.

A veces pienso
qué hubiera sido de nosotros en este ahora,
y es que el pasado
que vivimos,
ese ahora que vivimos fue maravilloso.
Nos dijimos todo,
nos entregamos por completo
sin miedos ni dudas.
Fue maravilloso el encontrarte,
porque me encontré en tus brazos.
Parecía un niño indefenso,
perdido en una ciudad
que le escupía en la cara
su suerte y su soledad;
estaba perdido por completo
y fue cuando te encontré
resguardándote de la lluvia
en una banca de un parque;
recuerdo que llegue a ese parque
porque perdí mi cartera
y no me alcanzó para tomar el autobús
que me llevara a mi casa,
pensé en decirle al chofer
que me ayudara
y que un día lo buscaría
para pagarle
pero fue más mi orgullo
y no dije nada.
Camine en dirección del autobús,
era nuevo en la zona
y fue la mejor idea que tuve;
caminé por la ruta
que veía desde la ventanilla,
que diferentes se ven las calles
cuando uno camina
y no se entrega a la velocidad del autobús
para perder los momentos, es diferente.
Pasé muy cerca de una cafetería
que tenía por fuera la bandera comunista
y un hombre se me acercó
para ofrecerme un ejemplar de un periódico
que distribuye de manera voluntaria,
le dije que perdí mi cartera,
le dije y fui honesto con él;
entonces, me observó detenidamente,
creo era para identificar
la sinceridad en mi ojos,
me regaló uno de los ejemplares
de su periódico,
también me ofreció ayuda con lo de mi pasaje
pero le agradecí el detalle,
pero quería caminar
para pensar unas cosas,
le dije: -tal vez fue bueno el perder mi cartera,
de no haber pasado,
nunca me hubiera enterado de tus letras.
Debo pensar algunas cosas, hermano.
Te agradezco, pero debo seguir caminando.
Creo la lluvia está por llegar.

Él sonrió,
creo entendió el hecho
de que uno debe estar solo
para pensar en uno mismo.
Antes de irme me entregó palabras
que me torturaron la mente
durante mis siguientes pasos:
-Hermano, en tu mirada hay una infinita tristeza.

Caminé pensando en ello,
me detuve para ver mi reflejo
en los cristales de un automóvil.
Buscaba esa mirada de tristeza,
infinita tristeza
que él me ha dicho que tengo.
Mientras me veía,
pude darme cuenta
que una mujer a unos pasos
me observaba con atención.
Me quité del automóvil, pensé que ella era la dueña del vehículo
pero sólo me preguntó si había perdido las llaves.
Le dije que no era mío el auto,
que sólo estaba buscando
respuestas en mi reflejo.
Entonces, ella sólo me pidió que sonriera un poco
y qué probablemente
encontraré la respuesta,
de pronto, unas leves gotas de agua comenzaron a caer,
la lluvia de la que quería escapar
me ha atrapado.
Corrí a resguardarme debajo una cornisa
de un edificio viejo de la calle,
no cubría nada
y con los ojos buscaba un nuevo lugar
para pasar esta lluvia.
Por tratar de cruzar los brazos
para mantener mi calor corporal conmigo,
no me fije que el periódico que me habían regalado
se me caía de la mano,
en eso, un fuerte viento me lo arrebató.
Pensé en no ir tras de él
pero recordé al tipo que me lo regaló
y no quería faltarle al respeto a su trabajo,
y fui tras esas hojas de papel revolución
que revoloteaban por el lugar;
con lluvia, con viento, frío
y yo persiguiendo letras comunistas, ¡Bárbaro!
Cuando al fin pude recoger todas las páginas,
la lluvia se había intensificado
sin darme cuenta por mi labor.
Mire por todos lados
y logré capturar con los ojos un parque,
las bancas del mismo tenían una techumbre;
no era lo mejor
pero no podía ponerme exigente en mi circunstancia.
Como pude
me adentré en el parque,
me caí al principio
por el lodo formado
y me manché los pantalones de un costado,
recuerdo haber mentado madres
de manera tan natural,
¡qué me importaba!
Era el único loco ahí,
bueno, encontré a un par de vagabundos
durmiendo en esas bancas,
quise acercarme
pero uno de ellos
me amenazó con un pedazo de vidrio
que usa como daga
mientras que el otro comenzó a rezar,
creo eso del rezo fue lo que más me intimido.
Seré y haré lo que quiera,
pero entre mis virtudes la fe no figura.
Caminé un poco,
hasta que encontré una banca vacía en el parque,
muy cerca de una calle.
Ahí pasé unos minutos
cuando del otro lado de la calle
vi a una mujer
que salía de una panadería que es cafetería,
le gritaba a quien parecía ser el dueño del establecimiento,
se hicieron de gritos en plena calle
con plena lluvia
y ella le aventó el uniforme,
la filipina en la cara a ese hombre
que desde mi lugar
se le veía una cara de pervertido
y se corroboró mi pensamiento,
ya que ella le gritaba:
"¡Eres un viejo asqueroso!
¡Usa esas manos para con tu puta madre!
¡Me das asco!"…entre otras frases
que hasta hoy sigo apoyando.
Ahora ella sólo tenía una playera negra,
jeans negros,
tenis de igual color
pero con tonos blancos.
Se abrazó a sí misma como pudo
porque la lluvia era muy fría
y no tenía la ropa
para ello.
Algo extraño pasó en mí,
no pensé las cosas
y usé el periódico como bandera,
lo ondeaba como naufrago al divisar un navío.
No quería gritarle,
no sabía su nombre
y el decirle "oye amiga" u otra palabra
la hubiera tomado como agresiva,
ya que salió de un lugar
donde un hombre
quería aprovecharse de ella.
Entonces,
seguí con mis señales de bandera de náufrago
cuando en una de esas,
alzó la mirada y me vio.
Ése fue el primero momento
en que nuestras miradas
se cruzaron en la mitad de una calle.
Me congelé un poco
y cuando salí de mi trance,
le hice la seña de que a un lado de mí
había espacio para otra persona más.
Ella dudó, dudó un poco
y caminó hacia mí.
Me saludó con un hola tímido,
mi hola era de igual calibre.
Ella tenía mucho frío
y sólo tenía mis jens negros,
mi camisa azul
y mi calzado viejo,
ah, y el periódico que rescate.
En eso, miré con atención a los vagabundos
en las otras bancas
y no los vi temblando,
pero lo vi como rellenos de algo,
era que tenían periódico
por todos lados.
Tomé la hojas de papel,
no quería romperlo
así que dividí las páginas en número iguales
y comencé a forrarme
debajo de la camisa con el periódico,
entre bromas y risas,
ella también aceptó a hacer lo mismo.
Estábamos rellenos,
pero de cierta manera
perdíamos el frío.

Nos contamos nuestro día,
el cómo llegue ahí
y ella comentaba
que era su primer
y último día en esa cafetería,
ya que un amigo
le consiguió el trabajo,
pero ese amigo se lo encontró el día de ayer
mientras caminaba sin rumbo fijo
porque olvidó el dinero en su hogar
al estar visitando chatarreros
para conseguir material
y seguir su sueño
de ser escultora.
El caminar por no poder
pagar
el pasaje del autobús
hizo que encontrara a su amigo
y así, el trabajo en ese local,
ahora, el que estuviera en el momento justo
para este encuentro.

Si ese hombre
no me hubiera regalado su periódico,
si esa mujer no me hubiera distraído,
si el viento, si el parque,
si todo eso junto
con todo lo que ella pasó…vamos, no fue casualidad, no fue el destino.
En verdad no parece que sea algo
que bien podemos catalogar
en la verdad o en la razón,
no creo que haya sido casualidad,
sigo sin creerlo.

Desde ese día,
algo en nosotros despertó.
Estábamos listos para ese encuentro,
esperamos lo suficiente
y vivimos el momento.
Hubo pasión, hubo de todo.
Espero que desde tu cielo
puedas ver lo mucho que he crecido;
quiero que sepas
que tu muerte
me regresó la fe en todo.
Sigo sin creer ciertas cosas,
pero tengo fe en ti,
en mí y que debo seguir adelante.
Me dejaste grandes lecciones de vida
y una hermosa escultura que me hiciste,
vivimos de una manera mágica;
tú llegaste a mi camino
para hacerme vivir
y yo estuve en tu corto camino
para hacerte saber
que no estabas sola,
nos necesitábamos uno al otro.
Mi vida sigue,
pero tú no estás muerta,
¡vives!,
porque vives en mí,
en todas las acciones
que me enseñaste,
¡vives!

Ha pasado mucho tiempo desde tu partida
y ahora que soy escritor,
debo regresarte lo que un día me diste,
hoy, quiero hacerte con estas letras
el mejor obsequio
que alguien como tú pueda tener,
más bien, es regresarte
lo que por derecho es tuyo:
¡la eternidad con un te amo!


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