sábado, 25 de enero de 2014

HACER EL AMOR

I

Tu cuerpo se mueve,
hipnotiza con cada despliegue del viento en ti;
son tus caderas, tus manos y piernas
una serpiente que me atrapa en su danzar.
Sensuales movimientos
al ritmo de la percusión exótica,
tibio rasgar de las cuerdas
que acentúan tus pasos
y sólo puedo observarte,
petrificado ante tu sensualidad
que se destila en el baile.
Te observo,
pero es una mirada que te va desnudando el alma
al leve taco de la misma.
Mientras danzas,
te hago el amor y lo sabes
porque es tu cuerpo quien reacciona
ante las caricias de mis ojos.
Giras, te mueves, me seduces...
caigo rendido, sin defenderme,
completamente entregado a ti.



II

Destinados a un encuentro
donde la pasión nos guía
como lo hace el sonido con el ciego,
y ahí, los dos,
nos fundimos en un beso en plena lluvia,
sintiendo como el agua
se une a nuestras caricias.
Tus manos extendidas me provocan,
y son mis brazos los que te apisonan
para que nuestros corazones se unan
en un sólo ritmo, acelerándose;
amándonos…
desnudarnos en la lluvia
y que sea ésta la que nos libere de pecados,
miedos y ataduras.
Hacerte el amor en este encuentro
nada planeado,
siendo la lluvia escenario de nuestro lecho
donde el amor llegó a tiempo
para envolvernos en un beso.



III

Perderme en tus lunares,
buscando tu boca
que con cada instante se humedece más
y es ahí,
donde quiero llegar,
anidar, para que mis alas te atrapen
y vengas conmigo, ir junto a ti,
al origen del universo
para que juntos, podamos entregarnos
a una dulce muerte
tan maravillosa y fugaz
que renaceremos varias veces
hasta que el sol nos abrace.



IV

Me seduces con una mirada,
como si dejaras caer sobre mi rostro
una caricia en forma de velo;
danzas a mi alrededor,
tocando mis alas…
y es mi sombra la que te acompaña
en una sensual danza con tu mirada.
Vienes y me capturas,
como la serpiente que envuelve
a su presa, la atrapa, la asfixia
y es hermoso estar perdido en ti
porque después de esta tormenta
poseída por el fuego y la pasión,
llegará la calma
que inundará nuestros cuerpos
para que uno a uno
se demuestren tibias caricias
en un beso, y así
podamos caer en el sueño
para que el amor sonría satisfecho
de haberlo hecho.



V

Recostada, escuchando con atención,
haciendo imágenes, disfrutando cada instante.
Con ojos cerrados
pero el corazón y el alma danzándote
entre ritmos árabes;
sientes como manos y piernas
se extienden como las alas de una ave exótica
esperando el viento en ellas
para volar a una tierra
donde se derrama el placer al tacto de una mirada.



VI

Sientes que un calor te recorre,
toca tus pies y va subiendo lentamente
por tus piernas, te abraza
y se anida en tu vientre para explotar,
envolverte, seguir su camino
hasta tus manos y labios.
Es un fuego que sube, que llega...
te somete, te hace su prisionera;
tu cuerpo se mueve,
no contienen el calor y quieres destilarlo,
que llegue a ti el viento
para poder abrazarlo,
ser un torbellino, ser uno siendo dos
para elevarse juntos y tocar el cielo.



VII

Tu boca deja escapar un leve sollozo
que porta mi nombre
y atento a tu llamado,
dejo que mis manos
vayan como sombras sedientas de tu luz
para tomarla, vestirla y cuidarla.
Tus labios me gritan
en tu respiración
y sello con un beso tus silencios
para beber de ti,
comer de tu cuerpo,
impregnarme por completo
de tu perfume, único néctar del olvido.



VIII

Sentirás mi corazón expuesto latir,
humedecerse al tacto de tu piel
e incrementarse al saber de tu voz
que se dificulta al decir mi nombre.
tus piernas se desenvuelven
como la soga que deja en libertad
a las velas de una barca
para entregarse a la marea.
Me recibes, lates deprisa y yo también;
lentamente dialogamos sin palabras
y es nuestro calor quien une
en una dulce conversación.



IX

Eres mía, soy de ti, nos pertenecemos;
soy agua, tú eres tierra,
y nos dejamos atrapar, envolver por el fuego
que nos lleva con el viento
más allá de los cielos.
Nos movemos, nos hacemos uno,
estoy tu piel, en tu cuerpo;
me dejas tu marca, tus besos...
pongo en ti la semilla de mi alma
y la recibes cálida, fluir en ti;
me abrazas con tu cuerpo,
me derrito por ti para seguir adentrándome,
conocer todos, y cada uno
de tus secretos.



X

La tormenta se desplaza,
nos brinda la dicha de la calma.
Nuestro corazón vuelve a ser dos,
y con cada respiración
hacemos que nos regrese el alma.
Ahora, son dos cuerpos
que se abrazan, se miman,
deteniendo el tiempo,
sin conocer de noches, de días ni de nada.
Un beso tierno
es quien sella y pacta el siguiente encentro.



XI

Tocar tu sombra con cada parte de mis labios,
no dejar nada sin explorar tu cuerpo
para encontrar la fuente
donde beberé eternamente de ti.
Poner mis ojos en tu piel,
amarte lentamente con las caricias
engendradas por esta mirada cálida
que tiene escrito tu nombre
entre las letras del deseo.
Tocarte, lentamente tocarte
hasta saber de tu respiración como vendaval
que llega a inundarme.
Sentir como tu cuerpo
se viste de la humedad de la flor
y apreciar tus piernas desdoblarse,
recibirme, entregarme al refugio
de tu hermoso valle, fuente de dicha.
Entrar despacio, muy poco a poco
hacerme agua para ir adentrándome en ti
y derramar el fuego que va creciendo en mí,
por ti, para ti…
llegar a un estado salvaje, transformarme por completo
por el viento que nos envuelve del deseo
e ir danzando juntos entre espasmos,
hasta un mundo lejano
donde tú y yo, somos uno.



XII

Beber de tu boca
para calmar la sed
de mi corazón por ti, amor.
Fundirme en tu femineidad,
protegerla, ser tu fortaleza
y vivir dentro de ti, amándote.
Comer de tu cuerpo
la divinidad de tu ser
para que tú y yo
seamos un sólo cuerpo.



XIII

Un beso, uno más… más.
Uniendo tus lunares,
formando en tu cuerpo
la constelación de tu nombre
hasta llegar a tu sombra
y leer tu historia entre caricias.
Recorrer toda tu piel
con el suave aliento de mi alma,
caer y envolverte como lo hace el agua
con la tierra en una lluvia veraniega.
Saber de ti, conocerlo todo
y explorarte con los ojos de mis manos
para tener la imagen de cuerpo
en la memoria.
Seducir tu espíritu,
convencerlo de mí, acéptame.
Seré tu amante, tu sol y tu noche;
quiero hacerte el amor de tantas veces,
con mi pensamiento,
con la mirada y entre mis besos.
Empezaré vistiendo tus lunares,
uno a uno tendrán mi nombre
para luego reclamarlos como míos
y entrar en tu cuerpo
para brotar en tu boca al suspiro
y perdernos por siempre de la luz y las sombras,
ocultándonos del mundo,
detener el tiempo…
entrando y saliendo de ti,
volver a ti, subir y bajar; emerger en ti.
Crear un sólo corazón latiendo,
un hermoso corazón de amapola
con un cuervo en el centro.
Seamos uno, seremos uno y seguiremos así
hasta que llegue el sol de la tarde
y veamos satisfechos, nos demos cuenta
que somos los más tiernos amantes.



XIV

Poner mis manos sobre tus caderas,
bajarlas lentamente y volverlas a subir.
Extender mis manos sobre tu vientre,
hacer círculos en ti y acariciarte por completo.
Acercar mis labios, lamerte
y luego soplar leve
para que sientas el cambio de temperatura.
Besar tu ombligo,
jugar con él con mi lengua.
Subir... ser un depredador capturando a su presa;
llegar al valle de tus senos,
besarlos y aprisionarlos con mis labios
para ir en busca de tu cuello
y será mi lengua la que dibuje poemas en él.
Bajar mi mano para sentir tus muslos,
acariciarlos con la mano extendida
en busca de la humedad
que grita sordamente
y es ahí donde comienzo un ritual de caricias,
separando cada pétalo de ti
y lograr sentirte latir tiernamente.
Mi boca sella tus labios
y puedo escuchar tu respiración acelerarse.
Muerdo tu cuello
y es cuando tu cuerpo me invita a más.
Separar tus piernas,
y es cuando todo mi cuerpo se va al cielo nocturno
para caer en ti como lo hace la noche con la tierra,
ser envuelto por tus brazos y
piernas; ser prisionero de ti.
Poco a poco, ir entrando en tu cuerpo,
sentirte latir y me sientes latir dentro de ti.
Un movimiento lento,
adelante, afuera, dentro y luego fuera.
Cada vez más intenso, más rápido
y son nuestros cuerpos
los que llegan a un ritmo
que nos da una respiración entrecortada.
Me pierdo en ti, me derrito dentro de ti
como lava ardiendo buscando la vida
en una explosión de estrellas.
Tu cuerpo tiene la resonancia de la invasión a tu santuario,
y me quedo toda tu alma,
poseído por ti y capturado por tu mirada
al momento en que fuimos juntos
a la hermosa muerte chiquita que nos arrojó
al universo para regresar fundidos en un beso.
 
ILUSTRACIÓN: "L' amant" por ANA APARICIO



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