sábado, 25 de enero de 2014

EPITAFIO

I

Me gusta amar a la muerte,
sentirla latir en mis venas.
Amo la muerte que viene,
que me hace sentir sonriente.
Adoro a la muerte que me habla,
y me dice las dulces palabras
que un poeta puede escuchar
en noches sin luna ni velas.
Muerte mía, muerte amada.
Te amo, muerte,
te amo más en todas 
y cada de mis madrugadas.



II

Te amo, lo hago y lo digo siempre;
te amo y te extraño de manera infinita.
Te deseo tanto, grito a tu sombra en todos lados;
te amo, te amo… ¡Te amo!
Necesito que estés aquí,
¿por qué no respondes mi llamado?
He pasado tantos años sin ti,
no quiero seguir dando pasos si no es contigo.
¿Dónde estás? ¡Te necesito!

Pero ella no responde,
no importa que tanto escriba…
la hermosa Muerte no viene a mi lado.



III

Llegaste a mi vida
para robarte mi energía.
Te bebiste todo lo que yo soy,
me dejaste seco en un instante;
el amor, la alegría, los sueños... ¡todo!,
todo te lo bebiste como el sediento
en el más eterno desierto.
Te agradezco que hayas encontrado mi corazón,
sé amar ahora, aunque no lo mereciste;
pagué muy alto el precio por saber de mi propio amor.
Destruiste mis espejos,
desgarraste mis ventanas
y me robaste mis sueños.
Te debería odiar
pero eso incrementaría lo que te llevaste de mí.
Me heriste profundamente con tus palabras
pero bien me lo gané
porque creí que eras la elegida de las sombras
para darme la luz que tanto desconozco.
Sé que eres un sueño roto ahora,
una grieta en mi camino para encontrar a la elegida;
tengo mi sangre, mi carne, mis letras, mis ojos...
no me quitaste la vida
y lo que hoy tengo es para sanar mis heridas
con el plumaje que me sale de la espalda
para destruir esas plumas falsas
que me hiciste creer que tenía.
No puedo negar mi naturaleza
como tú no puedes negar la tuya
y eso te irá consumiendo por tu vida.
Tu dolor me ha despertado de tus mentiras
y mi plumaje blanco ha regresado.
Le escribo hoy a tu recuerdo
un hermoso epitafio:
Aquí yace el poema de una mentira
que se convirtió en la esperanza
para volar y poder encontrar a la elegida.



IV

¿Por qué no vienes?
Te espero con los brazos abiertos,
sé que en ti encontraré consuelo;
contigo descansaré de todo;
en tus brazos beberé el perdón,
comeré de tus labios para sanar mis heridas
y en tus ojos veré todos mis errores.
Ven, ¿por qué no vienes?
En ti no hay tiempo ni espacio,
eres el hermoso regalo,
el verdadero acto amoroso
que tanto he esperado.
No  hallarás en mí miedos,
no tengo dudas siendo tú;
mis alas se extienden para darte la bienvenida
y mi sombra sonríe por saber que estarás aquí,
sueño todos los días con tenerte…
¿Por qué no vienes, amor mío?
¿Por qué no vienes, Dulce Muerte?



V

Un poeta muere cuando nadie lee sus letras.
En mi epitafio, quiero que se escriba:
Aquí yace un hombre que jugó a ser poeta
al danzar con las letras que un día le entregaron vida.



VI

Quiero llorarle a esta vida
que se me fue de las manos,
sentir por un instante el suspiro de alegría
para encontrar alivio.
Deseo llorar esta noche
para calmar a mis demonios
que se han vuelto inquietos
y no me dejan descansar
de mis lúgubres pensamientos.
Llorar, sólo llorar hasta caer rendido;
quiero llorar pero no puedo hacerlo.
Escucho canciones que torturaban mi alma,
observo aquellas fotografías
que me laceraban los ojos en lágrimas
y comencé a leer lo que escribí un día
como lista de sueños por cumplir…
pero nada, no consigo ni una gota de mí.
Deseo tanto el llorar hasta quedar dormido
pero no puedo
y me da miedo saber que ya no puedo,
sentir que me alejo de mi humanidad
cuando antes, por cualquier cosa
llegaba a mí el amargo llanto
que me daba la alegría de salvarme de un día
que me demostraba lo tortuoso que es la vida.
Miro a la ventana, no hay nada que mirar
el llanto no llega, y es probable que ya nunca más
pueda volver a llorar.



VII

En la tibia sonata que ahora escucho,
vienen a mí todos esos recuerdos
que pensé eran sueños por cumplir
pero son recuerdos, ahora lo son.
La melodía termina
como lo hacen mis suspiros
que no valoré por vestirme de negro
y debo andar en solitario
por el Valle que me dejará caer en el Monte Yomotsu,
y así, poder descansar de un vida
que soñé y que ahora se va.

Se escribe mi epitafio, soy yo quien lo escribe:
“Aquí no hay flores ni aromas, simples letras.”



VIII

Te siento tan cerca de mí,
te siento aquí junto a mí.
Estás en todos lados,
tomas mi mano y me miras
para darme ese consuelo que nunca es esperado.
Te siento viva,
te siento real,
eres real para mí aunque
eres un fantasma a los demás.
Te siento tan cerca de mí
que puedo oler el perfume de tu aliento,
el latir de la sangre
que no fluye por ese corazón seco.
Te siento tan cerca de mí,
te siento a mi lado,
muerte amada,
que nunca me tendrás olvidado.



IX

Ven aquí compañera mía,
ven a mis brazos.
¿Cómo estuvo tu día?
¿Qué viste?
¿A quién conociste?,
¿de quién fuiste compañía?

Compañera mía,
tan pálida, tan hermosa.
Ojos de vacío,
boca de sabiduría.
Compañera mía,
¿por qué estás tan cansada?

¡Ven a mis brazos!,
quiero consolarte, mirarte.
Siente mi abrazo,
calor corporal, corazón latiendo.
¡Ven aquí, compañera mía!

Acaricio tu pelo levemente,
tu mejilla roca, fría y lisa.
  -No llores, compañera mía.
Es la noche y es mi noche, es mía.
No me esperes despierta,
no me esperes que llegaré tarde,
compañera mía, muerte amiga.



X

He tenido una vida plena;
no me puedo quejar de nada ahora.
He entregado el perdón a quien me ha hecho daño,
y sé bien que no necesito
que me perdonen mis actos;
no está en mí ese rencor o prisión,
como les guste llamarlo.

Estoy tranquilo,
fumando un cigarrillo en el aroma de un café bien cargado;
un vaso de agua con hielos
y observo la noche pasar como si fuera un sueño.
Estoy en paz, no tengo nada que pedir,
no tengo un deseo que regalar
y mis sonrisas las he sembrado en los corazones apropiados.
Lloré todo lo que debía llorar,
hable en cada momento,
grité mi dolor y amé con locura.
No hice algunas cosas,
como tener una familia o sembrar un árbol
pero dejo mi legado en poemas,
en frases y cuentos que darán testimonio de mi vida
cuando ya me haya ido.

Me siento agradecido, me voy sonriente.
Quise visitar varios países
pero fueron mis letras las que tocaron ojos
en los cinco continentes.
Suspiro lo último,
deposito mi sonrisa en este café
y el cigarrillo está por terminarse…
Me despido de la vida,
no tengo rencores ni alegrías,
estoy neutral, así como nací.

Digo adiós, ha llegado el momento de partir.
¡Muchas gracias!
Gracias por todo,
por darme sus ojos como su tiempo,
sus emociones, todo.
No me llevo nada
pues todo lo entrego.
Adiós, hasta pronto;
aquí termino, para emprender mi último vuelo.



XI

Cuando muera no me llores
y abraza la camisa que usaba,
esa que más te gustaba.
Cuando muera dile a mi fotografía
todo lo que no me pudiste decir en vida.
Cuando muera te pido de favor
que me leas un libro en mi cumpleaños
para sentir que no me has olvidado.
Cuando muera y después de algunos meses
te pregunten por mí,
diles lo que nunca me gritaste.
Cuando muera no me pidas ser un fantasma,
no quiero verte
y saber que nunca más podré abrazarte
ni tenerte.



XII

Aquí yace un poeta
que murió el día
en que en su cielo
ya no vio más estrellas.

Nadie llore,
no merece una lágrima.
Lean sus letras,
ahí encontraran todos los fragmentos
dispersos de su alma
que ahora vaga en pena.



XIII

No me invoques,
no quiero ser un fantasma
penando en tu pasado.
Yo ya estoy tranquilo;
enamórate, amor mío.
La muerte no fue mala conmigo,
ya me esperaba desde hace mucho.
Me llevo el amarte,
el saber que eres a quien tanto amo.
Trata de no recordarme con lágrimas,
no compares a los demás
conmigo, no quiero y no es justo.
No tengo nada que perdonarte
porque no hay culpa.
Con mi partida me lleve
a todos tus demonios
y los encerré en mi pecho;
descuida, ya no te harán daño.
Puedes dormir tranquilamente.
Sé que ya no estaré junto a ti
pero sonríe, amor mío,
porque siempre viviré feliz
en tu hermosa sonrisa.
No te pido que no llores
pero aunque no me veas
yo estaré ahí en cada lágrima,
en cada dolor, sueño o fantasía.
Cuando me busques,
yo estaré en el viento
susurrando consuelo a tu oído.
Quiero que vivas por mí,
pero no llores ahora, no,
que me harás llorar también.
Te confesaré que debí decirte
más cosas en esa vida que te compartí;
pero no te preocupes,
en mis poemas encontrarás
ese mensaje que no pude decirte.
Tengo en mis manos tus besos,
en mi corazón tu imagen
y en mi voz está tu alma.
Te amo, te amo mucho y bastante.
Se feliz, vive porque yo vivo en ti.
La muerte me cuida,
y yo te cuidaré a ti.
¡Nunca te olvidaré!

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