viernes, 3 de enero de 2014

DAEMONIA

-¿Mi abuela? ¿Tenía una abuela? Me dijeron que había muerto hace años.
-Pues la señora Ofelia García de León Villanueva, acaba de fallecer hace tres semanas y sabemos de antemano que usted es su única heredera, al menos, es lo que dice su testamento.


El licenciado Jorge Aguirre le hacía saber todo lo necesario a Eugenia; ella estaba pensando en muchas cosas y casi no ponía atención a las palabras del testamento. Ella pensaba en el por qué su madre le ocultó a su abuela, y por qué es ella la única heredera, una heredera que ni siquiera comparte el mismo apellido.
Eugenia, una arquitecta recién graduada con altos honores; incluso, una revista del gremio la entrevistó como parte de las 10 promesas de la arquitectura mexicana. Todo estaba marchando tal y cómo ella lo había planeado, y ahora tiene esta noticia de una abuela que nunca conoció pero sobre todo, con muchas preguntas. Eugenia quedó huérfana a la edad de 13 años y sus padrinos fueron quienes se encargaron de su cuidado; la mandaron a estudiar lejos la carrera de arquitectura y ella, a pesar de su vida, ha logrado llegar con éxito al lugar en que está.

Principios de otoño, ya octubre se dejaba caer por completo en la ciudad y Eugenia llegaba en el automóvil del Licenciado Aguirre para ver la casa que le fue heredada; el lugar es una enorme casa de tres pisos, con sótano, jardín frontal y posterior; todo rodeado de anchos muros de roca que están vestidos por enredaderas; la casa tiene una superficie de más de 600 metros cuadrados y el terreno oscilaba en los 2,000 metros. Todo el lugar estaba bastante descuidado, no había tenido mantenimiento desde hace mucho tiempo y la apariencia lúgubre de la casa intimidaba fácilmente; el licenciado Aguirre estaba muy alerta a cada paso que daba pero Eugenia conocía muy bien los sonidos, la estructura y ante sus ojos, ella veía cada parte de la casa como si estuviera en papel, como si fuera un plano más. Por una extraña razón, ella reconocía el lugar como si tuviera recuerdos del sitio pero ella pensaba que era por su formación como arquitecta. Aguirre, le comentaba que si quería vender, él ya tenía un comprador para la casa.
-¿Aquí murió mi abuela?
-Curiosamente, ella rentaba un pequeño departamento del otro lado de la ciudad y fue ahí donde murió. Esto era lo único que ella poseía.
Eugenia comenzó a dar rienda suelta a su genio de arquitecta, comenzó a calcular costos, diseño, tiempos; todo. Su análisis fue sencillo: la casa está impresionante, está en un barrio tranquilo y con buena ubicación de la zona de oficinas en la ciudad; bien se puede usar esta casa para que yo la habite y poner aquí un amplio despacho de diseño. No quería vender, quería habitar lo que le fue heredado.
Eugenia rechazó la oferta de Aguirre. Después hizo llamadas telefónicas, mandó correos electrónicos, visitó bancos… en su vida académica, ella se hizo de muchos contactos y ahora rinden frutos; consiguió lo necesario para invertir en esa casa. Pasaron cuatro meses para que la casa estuviera en óptimas condiciones para fungir como despacho y ser habitada. En el proceso de remodelación, Eugenia encontró varias cosas de su abuela que desechó pero guardó algunos vestidos, obras al óleo; algunos muebles los reparó ella con sus propias manos y algunas cosas más las restauró para vender al momento que realizaba una remodelación. Entre todas esas cosas, había un espejo de cuerpo entero y un baúl con fotografías, joyas, cajas musicales y un alhajero, un extraño y hermoso alhajero: una hermosa caja metálica negra, con grabados plateados de bailarinas de ballet; lo más hermoso es que dentro había una bella pieza, un relicario plateado con trece gemas negras que rodeaban el dibujo de una mujer hermosa con serpientes a su alrededor y en la parte de atrás tenía escrito DAEMONIA. Eugenia quedó impactada con el objeto y lo puso en su departamento, a un lado de su cama porque le fascinaba ver la caja y saber que ahí dentro duerme un objeto ya muy preciado para ella. Cuando habitó la casa de la abuela, casa con el número 213, ella puso de igual manera la caja a un lado de su cama.
Todo estaba marchando bien, el despacho despuntó en un éxito impresionante, al grado que ella diseñaba proyectos fuertes y tenía a su cargo a cinco personas pero el despacho crecía y crecía; al poco rato, ya tenía veintiún empleados, entre diseñadores, vendedores, arquitectos y abogados. No todos en el despacho, pero todos trabajaban en beneficio del negocio. Pasaron tres años desde que Eugenia heredó esa casa y en el festejo de ese tercer año que coincidía con el éxito de un proyecto arquitectónico, hicieron una fiesta con mucha gala; momento apropiado para que Eugenia portara por primera vez el relicario de la abuela. Siempre quiso usarlo en un evento importante y ahora tenía la oportunidad de ello.
Ella se veía hermosa, deslumbrante en la fiesta con un vestido negro que dejaba al descubierto su cuello, hombros y parte de la espalda; eso lograba hacer que el relicario luciera en su mayor esplendor. La fiesta fue todo un éxito y Eugenia fue la estrella de la noche; recibió propuestas de algunos hombres para salir, muchos halagos y causó la envidia de todas las mujeres del lugar. Regresó a su casa, y al pasar por el enorme espejo de su habitación, ella se vio de manera distinta; se gustaba mucho y comenzó a desnudarse frente al espejo, observaba cada forma de su hermoso cuerpo pero lo único que se dejó puesto fue el relicario.
A la mañana siguiente, mañana de domingo, ella se levantó tarde y se percató que estaba desnuda, con el cabello suelto y con terrible cansancio. Se llevó la mano al pecho para saber de su relicario, no lo sintió y abrió el alhajero para darse cuenta que ahí estaba durmiendo el hermoso objeto; ella recordaba que llegó a su casa pero no sabe más, pensó que todo esto es causa de una resaca aunque no tomó tanto, aun así, ella no recordaba mucho aunque en el transcurso de la mañana le llegaban imágenes de una pesadilla, una en la que estaba de noche en un bar para seducir a un hombre, salir del lugar y tener un sexo salvaje en un hotel cercano a ese bar; comenzaba a recordar fragmentos de ese sueño, de cuando estaba con ese hombre; pensó que ha pasado tanto tiempo soltera y enfocada a su profesión que su cuerpo le ha jugado una broma en forma de sueño erótico.
El domingo transcurría bastante bien, con ese dolor de cabeza pero era un día muy tranquilo hasta que Eugenia, en su desayuno, mirando el periódico en busca de casas para comprar, reparar y vender; observó una noticia que le dejó helada la piel. En un concurso de arquitectura al cual ella y su equipo se inscribieron, siendo su proyecto el más prometedor, lo perdió ante el hijo de un político muy influyente en el país; Eugenia sabía que el proyecto de ese arquitecto era malo, no sólo en diseño sino que en su realización era costoso y llevaría mucho tiempo; una antítesis de lo que ella entregó. Se dio cuenta de esto al momento en que quedaron ellos como tres finalistas del concurso. Sabía de antemano que el concurso fue influenciado en contra de ella. Buscó en internet a dicho arquitecto, observó su fotografía con cuidado y lo maldijo.
Pasaron algunos días más y Eugenia seguía con su vida, pero dos veces más tuvo pesadillas de salir de noche para estar con un hombre y tener sexo. Cada que soñaba con lo mismo, ella amanecía cansada y de mal humor. En uno de esos días, ella miró el periódico y algo llamó su atención. Era la fotografía de un hotel y la notica describía que un hombre ha muerto en la habitación 213 de manera inexplicable; se argumenta por parte del encargado que ese hombre entró al hotel, pidió una habitación pero la mujer que lo acompañaba pidió esa habitación sin motivo aparente. Eugenia veía la fotografía y era el mismo hotel que tuvo en el primer sueño, además, la coincidencia del número de la casa con el número de esa habitación. Comenzó a rastrear la noticia en la televisión y en el internet, ya que causó revuelo por la forma en que murió ese hombre, su corazón se convirtió en piedra pero lo más extraño es que ha ocurrido el mismo evento en otros dos lugares más, la causa de muerte, era la misma. Eugenia reconocía esos hoteles, al menos por la fotografía pero nunca ha estado ahí, sólo en esos sueños.
A ella la invitaron a la ceremonia de premiación del concurso y no quería ir pero algo en su interior le gritaba que fuera. Uso un vestido espectacular y una vez más uso su relicario, aunque, ella se percató que su relicario tenía tres de las trece piedras más brillantes que las demás. No le prestó mucha atención, ya después tendrá tiempo para mandarlo a pulir. Se dijo. En la fiesta, conoció a quien le quitó su premio; conversó con él, el arquitecto Xavier Zarate Munguía, un hombre que quedó hipnotizado con la belleza de Eugenia. Intercambiaron tarjetas de presentación y él se ofreció a llevarla hasta su casa…

Eugenia despertaba con otro terrible dolor de cabeza, esta vez más fuerte que los anteriores. Siempre desnuda, pelo suelto y el relicario dentro de su caja. Esta vez se levantó más tarde, ya era pasando mediodía. Se arregló rápidamente para bajar, ventajas de ser jefe y tener el despacho en la plata baja. Cuando hizo acto de presencia, su asistente se le acercó con una cara de espanto, ella preguntó que ocurría y le hacían saber que el arquitecto Zarate había muerto como los otros tres hombres, en la habitación 213 de un hotel, y con el corazón hecho piedra. Eugenia comenzó a tener recuerdos de su sueño, ya no podía más con esto; eran muchas coincidencias. Por la tarde llegaron un par de policías a entrevistar a Eugenia, ya que se le vio salir de la fiesta con Xavier; ella les dijo todo lo que recordaba, incluso, les mostró el vídeo de seguridad que tiene la casa donde ella entró sola a la misma y la otra cámara captaba al arquitecto subirse a su automóvil para irse. Los policías quedaron satisfechos y se fueron. Luego, Eugenia les dio ese día y el resto de la semana a sus empleados; porque ahora, ellos eran los ganadores del premio y no quería que se interpretaran mal las cosas.
Eugenia no concebía la idea de todo esto, revisó nuevamente las cámaras de seguridad con mucha atención, pero esta vez se asustó al escuchar el timbre de su teléfono celular. Cuando colgó, vio en su historial de llamadas un número que no conocía, vio la hora y supo que fue en la madrugada, a una hora después de entrar a su casa. Tuvo un ligero presentimiento, y fue a buscar la tarjeta de presentación del arquitecto Zarate, los números coincidían. Adelantó las cintas de seguridad a la hora en que ella le marcó y pudo verse a sí misma con ropas muy sensuales, bastante provocadoras y portando el relicario; no se reconocía, su andar era distinto y esa mirada tenía fuego. Eugenia entró en pánico y rompió la cinta, buscó las otras cintas para verlas, para cotejar la misma acción en las noches en que se cometieron esos extraños asesinatos y en todas, ella hacía lo mismo. Fue hasta su habitación, abrió la caja para tener en sus manos a Daemonia y observó que ahora cuatro de las trece gemas están más brillantes. “¿Por qué te sorprendes, Eugenia?” Escuchó su nombre, una voz reconocible… buscó en todos lados de la habitación y fue brutal lo que ella encontró. El reflejo de su espejo no era su reflejo, era ella, como si viera a través de una ventana.
-Sí, Eugenia; soy tú…
Asustada, cubrió el espejo con una manta y salió de la habitación. Estaba bastante nerviosa que salió de la casa corriendo, al hacerlo, golpeó a un hombre que pasaba.
-¿Te encuentras bien? –dijo el hombre, pero Eugenia se desmayó.
Cuando recobró el conocimiento, ella estaba en su sofá; recostada y con una compresa de agua en la frente. Escuchó ruidos en la cocina y se asomó con precaución.
-Veo que ya despertaste, ¿estás bien?
-¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?
-Mira, no te espantes. No soy un agresor o algo similar…
-Si no lo fueras, no te presentarías así.
-Tienes razón. Mi nombre es Diego, y chocaste conmigo al salir de tu casa, te desmayaste; pensé en llamar a una ambulancia pero vi que dejaste las puertas abiertas y te cargué para dejarte en el sofá. Me tomé la libertad de preparar té, ¿gustas?
Eugenia estaba confundida; Diego le platicaba que él es vecino desde hace años y que le pareció interesante que ya habitaran esta casa; pensó en presentarse pero vio que era más una oficina que un hogar y por ello no lo hizo. Eugenia le hizo preguntas sobre la casa a lo cual, Diego sabía muy poco. Se escuchó un ruido en la parte de arriba, ella se volvía a poner nerviosa pensando que ese espejo cobró vida. Le dijo a Diego que fuera a revisar y aceptó. Subió, y le grito a Eugenia que fuera hasta dónde él estaba. Temerosa, fue hasta ahí y vio al hombre cargando un gato negro con ojos turquesa.
-Mira, debió meterse por el árbol que da a tu ventana. ¿Te gustan los gatos? –Eugenia no respondió y sólo miraba el espejo cubierto; Diego se acercó a ella junto con el gato y en un acto de curiosidad, él quitó la manta del espejo pero Eugenia gritó. -¿Qué ocurre? –Dijo Diego.
El espejo era un espejo normal, en él se reflejaba el joven con el gato en brazos. Bajaron a la estancia, se pusieron a platicar de otras cosas y pasaron un buen rato, juntos. Se hizo de noche, y Diego le dejó el gato, ya que el animal hizo buena química con Eugenia. Ella tuvo el impulso de decirle a él que se quedará, pero no tenía una razón aparente, al menos, no una buena razón para justificar que tenía miedo de quedarse sola con su espejo. Antes de marcharse, Diego le dijo…
-Sé que sonara atrevido de mi parte, pero te siento nerviosa y si quieres, puedo pasar la noche aquí. Digo, no en la misma habitación pero que quedaré a dormir en el sofá. –Eugenia aceptó. Pidieron comida, le pusieron nombre al gato, lo llamaron Plutón. Pasaron la noche platicando hasta que los alcanzó el sueño.
Eugenia despertaba, desnuda nuevamente, con el pelo suelto y fue rápido a ver el relicario y tenía una gema más brillante, cinco en total, cinco de trece gemas. Bajó, pensó que vería a Diego muerto en su estancia cuando en realidad, vio a Diego preparando el desayuno. Él se giró para darle las buenas tardes pero se sorprendió de ver a Eugenia desnuda. Ella gritó, dio media vuelta y subió a su habitación para vestirse. Diego subió, toco la puerta y le dijo que no había visto nada, obvio, estaba mintiendo; pero lo dijo para no avergonzarla.
Esa semana que tenía libre el despacho, sirvió para que Diego fuera todos los días y se quedará a dormir con ella, lo curioso, es que Eugenia se despertaba cada día desnuda, con el pelo suelto y una gema más brillaba en el relicario pero ya no despertaba cansada ni con el recuerdo de un sueño; ahí comenzó a ver las cosas con más claridad. Ella era sonámbula, concluyendo que como ha pasado tanto tiempo sin una pareja, pues se levanta dormida, se desnuda y pule una las gemas del relicario; por eso termina cansada; es una gran coincidencia lo de las muertes y más, porque no han parecido noticias al respecto en los días que Diego se ha quedado a dormir en la casa. Diego le ha ayudado mucho y lo que vio en el espejo fue a causa de los nervios, se dijo. Además, él era el tipo de hombre que le gustaba a Eugenia, atractivo, caballeroso y con muchos temas por hablar, inteligente y la consentía mucho. El sábado de esa semana, Eugenia le hizo la cena, pero sus intenciones eran otras, quería más con Diego; y todo resultó bien, hicieron el amor esa noche pero ella despertaba de la misma forma, aunque esta vez tenía una explicación para ello.
Se despertaba por completo, y en un ritual, ella abrió el alhajero para observar que no estaba el relicario. Miró a todos lados y encontró a Diego de pie junto a la ventana con el relicario sostenido por la cadena, lo admiraba con tremenda gloria.
-¡Buenos días! –Dijo él. –Perdona que haya tomado esto, pero es una pieza impresionante. Lo tomé para admirarlo al sol, es increíble. Me llama la atención que tiene diez de trece gemas más brillantes que las demás. ¿Sabes la historia de esto?
-No, fue parte de lo que me dejó de herencia mi abuela.
-Mira, yo tengo un amigo que se dedica a la compra y venta de antigüedades, si quieres, le puedo mandar fotografías de esto y te puede decir la historia. Digo, no está de más intentarlo.

Eugenia se sentía segura al lado de Diego. Habló esa mañana de domingo con su asistente para darles una semana más; no ha tomado vacaciones en esos tres años y pensaba descansar; que mejor si es con el hombre del que se había enamorado. Esa misma tarde, Diego le mandó las imágenes a su amigo. Eugenia no podía creer que ahora todo estaba saliendo mejor que siempre, su negocio tiene éxito, tanto que puede darse el lujo de postergar proyectos, tiene a un hombre magnifico a su lado… todo era un sueño ahora.
Dos días más pasaron, ya el relicario tenía doce de trece piedras brillantes. Diego estaba preparando el desayuno cuando el teléfono de él notificaba un correo nuevo; Eugenia, en un acto de novios, se atrevió a ver su correo para darse cuenta que su amigo, el de las antigüedades, mandó la información sobre el relicario.

“Me sorprendió mucho tu correo, me habían dicho que habías muerto en un accidente el pasado 21 de junio. Debió ser una broma muy pesada, espero que aclares todo porque se pasaron de cabrones quienes hicieron esto.
Con respecto a lo que me pediste, investigue un poco sobre el diseño y no encontré referencias del joyero pero sí encontré una leyenda que hace referencia a la descripción que me diste y creo que el joyero se basó en la misma para su diseño.
La leyenda cuenta que existen unos demonios, pero no entendamos que un demonio es quien castiga en el infierno; no, si no un ser que divide; un ser que tiene cierta forma humana y está en nuestro mundo para tomar la energía vital de los hombres. Este mito no tiene un origen claro, pues muchas culturas hablan de ellos pero no hay un origen en específico. Se cree que han estado en toda la historia humana. El objetivo de estos demonios, es que dejan su energía en objetos, como espadas, escudos, armaduras, emblemas, espejos o joyas; pero esos objetos tienen la capacidad de quitar la vida de una forma misteriosa, les roban su energía para que ellos se alimenten. Lo importante, es que ellos no les pueden dar muerte a los humanos, necesitan de humanos para que hagan su trabajo. Es parte de una extraña situación de reglas en un juego raro; no puedo precisar el origen o las reglas de juego pero si me das más días, puedo investigarte más con unos conocidos en mitología e historia. Se me hace muy interesante y macabro al mismo tiempo.
Por el lado del relicario, pude observar que el grabado no corresponde a Medusa, si fue lo que pensaste; es más el hecho de una mujer que es dominada por su alter-ego pero vive una doble vida.
Me gustaría poder ver la pieza en persona, y me gustaría más ofrecer una cifra por ella si es que la quieren vender pero no hay un precio, y de haberlo, es incosteable.

Me dio gusto saber de ti, mi buen Leandro Liñán Maza. En verdad pensé que me estabas mandado este correo desde la tumba hahaha. ¿Qué te parece si nos reunimos pronto?
Cuídate, saludos a tu esposa e hijos.”


Eugenia estaba asombrada, Diego no era quien dijo ser. ¿Muerto? ¿Leandro? ¿Esposa? Todo eso llegaba a su mente y también la historia, ¿alter-ego? ¿Qué estaba pasando? Se preguntaba Eugenia.
En eso, Diego le gritaba que la comida estaba servida. Eugenia regreso el correo para marcarlo como no leído y bajó con el teléfono en mano, y antes de dárselo a Diego abrió el correo.
-Perdón, recibiste una notificación y lo abrí sin querer. Aquí lo tienes. Perdón.
-¿Lo leíste?
-No, te digo que al darte el teléfono lo abrí.

Diego se tuvo que ausentar para comprar algunas cosas y llevar ropa nueva. Tiempo suficiente para revisar en internet a Leandro. Precisamente, él estaba casado con María Acosta del Refugio y tenía dos gemelos. Eso no fue lo más sorprendente, y es que Leandro murió el pasado 21 de junio. Ella leía con atención la nota: “El poeta Leandro Liñán Maza muere al arrojarse del tren que estaba en movimiento; testigos afirman que él se levantó de su asiento, rompió uno de los cristales con el martillo de emergencia y saltó para estrellarse en el tren que venía…”
Eugenia miró la fotografía, es él; se dijo.

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Continuará...


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