lunes, 27 de enero de 2014

CHARLAS DE CAFÉ

CHARLAS DE CAFÉ I


Solo, solo en la terraza del restaurante para dedicarle tiempo a mi sombra. Viene la mesera que conversa siempre conmigo de cualquier cosa.
Hoy, la conversación se dio en dos caminos: me expresó el por qué mis amistades no son bien tratadas en ese restaurante, y me preguntó por qué no había llevado a una chica a tomar café conmigo, lo que dio paso al segundo camino, el cual fue en confesarle mi vida con respecto al amor.

 Al final de mi historia, dicha mesara tenía los ojos un tanto nublados, se llevó las manos al rostro y sonrío después.
 -Yo contándote cómo nos portamos con tus amigos, y tú contándome esto. Te aconsejo que hagas... -la escuché con atención -...pero a todo esto, ¿qué buscas en una mujer?
"¡Bárbaro! La pregunta de preguntas en mi costal de preguntas." Pensé
 -Sólo quiero que me ame por quién es y por cómo es, que me permita amarla por quién soy y cómo soy. –Dije.
 -La mujer que sea tu novia, pero en verdad tu novia y no tu noviecita, será feliz con alguien como tú, Toñito.
 -Eso espero. ¡Ah!, y mi madre me dice que también debe ser cabrona mi novia.
 -Como debe ser, sino se te acabará muy rápido el amor. -Risas. -¿Más café, Toñito?
 -Sí, por favor...

Siempre encuentro momentos de claridad en estas charlas de café.





CHARLAS DE CAFÉ II


La tarde avanza, es una buena tarde en la soledad de esta terraza del restaurante. Concentrado en escribir una metáfora sobre el café caliente y mi vaso con agua y con hielos; una mujer se acerca a la terraza para leer y tomar café, obviamente. Siempre viene, somos personas que frecuentamos ese lugar.
 -Disculpa, ¿me prestas tu encendedor? –Dijo.
 -Claro, toma... -después de unos comentarios sobre el clima y otros de política nacional o de Venezuela; comenzamos a entregarnos conversación. -Soy poeta. Ahora estaba escribiendo algunas cosas por estar influenciado por mi café y este vaso.
 -¿Poeta?
 -Sí, aunque soy más un acomodador de letras...

Conversamos de poco, pero ella prestaba atención a mis discursos sobre Rayuela de Cortázar, sobre los temas de amor y muerte de Jaime Sabines, sobre Borges, ¿Por qué Monet? ¿Por qué la bohemia?... luego la conversación se volcó hacía el por qué escribir, lo qué me ha motivado a ello y los alcances de mis letras.
Después de varios minutos y dos tazas de café con sus respectivos cigarrillos, ella me dijo:
-Tus palabras hipnotizan. Mírame, estoy atenta a todo lo que dices. Platicar contigo me hace sentirme como que te estoy entrevistando, como esos programas culturales en los que un escritor comenta de su vida y lo hace más humano, y todo eso. -Miró su reloj. -Es una lástima, es tarde y debo irme. Me están esperando. Fue un placer tener esta conversación.
 -Ciao! –Dije.
 -Adiós, Luis Antonio.


¿Un escritor en una entrevista para hacerlo más humano? ¿Mis palabras hipnotizan? Es un halago recibir estos comentarios. Me gusta conversar de lo que sé, ¿o será qué me gusta escucharme hablar? No lo sé, pero realmente me gusta ser escuchado; que se sienten extraños o conocidos para preguntarme cosas y que en verdad sea escuchado. Me gusta eso, que me escuchen. Me gusta mi voz, pero en realidad soy de esas personas que encuentran sus propias preguntas al ser escuchado. Un verdadero y complicado laberinto de tonterías, debo estar nervioso por haber conversado con ella. Dije.

¡Bárbaro! A veces me siento como un personaje de un libro encontrando claridad en estas charlas de café.





CHARLAS DE CAFÉ III


El viento frío se presenta,
 mueve los árboles de aroma
 y las sombrillas de las mesas
 se impacientan por su fuga.

El café desprende su aroma,
los hielos del vaso se acomodan
 y mi cigarrillo grita su último humo.

La noche llega para abrazarme,
 entregarme consuelo a cuenta gotas:
 "Todo estará bien." Me dice la noche.

Observo las estrellas y me pregunto:
 -Ella, la mujer que sabe volar,
 ¿también está viendo estas mismas estrellas?

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