viernes, 6 de diciembre de 2013

¡HIJO DE PUTA! ¡ME ENCANTAS!

¿A qué has venido?
Visita de rutina, hermano, no te extrañes… ¿Ya no puedo venir a visitarte? Se sentaba en la mesa que portaba el café que había ordenado y tomaba el libro de poemas que llevé.
¿Ahora te da curiosidad la poesía? Dije.  
Siempre me ha fascinado; he visto a muchos como tú y como este autor que lees. No sé cómo le hacen ustedes para crear cosas tan hermosas.
Dímelo tú, ¿no acaso eres la luz?
No creas en todos los mitos respecto a mí. La mayoría de esas injurias son pura basura para los niños malcriados. Cerraba el libro.
Te han etiquetado, ni siquiera tú te has librado de ello. Pero cómo culparlos, es nuestra naturaleza encontrar respuestas y de no hallarlas, poner un chivo expiatorio; digo, sin ofender la comparación… hermano.
¿Cuándo me has visto los cuernos y la barba? No podría usarlos, y mírame, este traje de tres piezas es bastante elegante como para esas cosas. Yo no tengo la culpa de tener un exquisito buen gusto. La imagen lo es todo para mí, me miro al espejo bastantes veces, y es que soy muy guapo.
No cambias, te he recordado así. Por cierto, te he querido preguntar, ¿qué haces en tu tiempo libre?
—¿Tiempo libre? Acaso crees que trabajo 4 o 6 horas al día, que tengo una jornada laboral. No, no necesito de esas cosas. He tomado unas largas vacaciones… me gusta la buena vida, pasearme por ciudades, seducir a uno de ustedes para probar los manjares de la carne; como dirían ustedes, "le he hecho a todo", y es fascinante ese regalo suyo…
¿No es aburrido hacer de todo?
No… bueno, a ti no te engañaré. No niego que a veces me aburro de todo esto; es como actuar la misma vida pero en diferentes escenarios, con otros rostros pero la trama es la misma; sólo personas como tú, hacen la diferencia.
¿A qué te refieres, hermano? Llegaba la mesera para ofrecerme más café y atenderlo a él.
Mira, mujer, me traes un vaso con agua y hielo; tres manzanas sin cortar, un cuchillo y miel de abeja. Le tocó la mano y ella sonrió apenada. Se fue inmediatamente por la orden.
¿Sabías que muchos matarían por esa capacidad de seducción que tienes? Dije mientras encendía un cigarrillo.
¿La quieren? ¡Se las regalo! Es jodidamente fácil todo, nadie me dice que no. Me gustaría saber lo que es el rechazo ni mi Padre me rechaza… nadie lo hace.
Todo es cuestión de óptica. Pero dime, ¿por qué las personas como yo, hacen la diferencia?
Eres curioso, poeta; pensé que indagarías más sobre el "don de la seducción".
—¿Para qué? Eso no es mi estilo, y lo sabes. Pero la curiosidad, eso atrapa, y también lo sabes.
Bueno, te creeré, y no es que desconfié de ti… no confío en nadie. Sin ofender, pero, tú sabes, hay niveles y razas.
¿Cuándo me he ofendido? Recuerda que no soy alguien a quién puedas atrapar en tu retórica y vestimenta de aparador de boutique italiana. Dame más crédito, hermano. No des tantas vueltas al asunto, no es que desconfié de ti, no confió ni en mi sombra… tú sabes, el aceite y el agua.
¡Hijo de puta! ¡Me encantas! Me gustaría que haya más de ustedes. Contigo puedo tener una conversación plena, me confrontas, me haces rabiar y todo, por curiosidad. No deseas fama, fortuna, placeres carnales o alguna otra cosa. Es difícil encontrarlos, eh; pero qué bueno que estás aquí y que me tratas como hermano.
¿No acaso lo somos, o también es un mito?
No lo sé y me importa un carajo… Llegaba la mesera. Disculpa, linda, tus oídos de doncella no deben escuchar tales palabras de un marinero ebrio. Perdóname, ¿qué dices? Ella se sonrojó apenada. Volvió a irse.
¿Alguna vez has pagado una cuenta? Dije.  
—¿Yo? No necesito del dinero, esa porquería corrompe corazones y los vuelve salvajes. Partía las manzanas que ordenó con el cuchillo y éste le servía para llevarlas a la boca. Verlo comer es un placer extraño, es como imaginar que un alma es devorada y condenada por la eternidad.
Cuando veo tragedias, violencia, y todas esas cosas en las noticias; es inevitable pensar en ti…
¡Pendejo! Cómo si yo tuviera la culpa de eso.
Obvio no, no lo digo por eso. Pero me doy cuenta que cada acto malo te lo adjudican. Como décimos: "crea fama y échate a dormir."
Ustedes y sus dichos; pues te diré, me halaga que piensen en mí. ¿A quién no le gusta? Pero me adjudican lo jodido, la miseria, la maldad. Dime, hermano, ¿te he hecho algo malo? ¡Al contrario!
Lo sé, es difícil esa situación. Ay, hermano mayor, no te libras de los prejuicios. -Pasamos un momento en calma, fumamos un poco y él ya se tenía que ir.
Mira, y en acto de buena fe, y mira lo que estoy diciendo; yo pago la cuenta. Dijo, mientras se ajustaba el traje.
No, permite pagarla. No es mucho ni poco, pero sí lo suficiente por hablar con un buen amigo. Tomaré en cuenta que querías tener una buena acción, pero permíteme. La siguiente la pagas tú, ¿qué dices, hermano?


Él sonreía, se ajustó nuevamente en traje y nos dimos la mano para despedirnos. Antes de que él saliera, le dije al oído: ¿no qué nadie le decía que no al diablo?

Sonrió para gritarme: ¡Hijo de puta! ¡Me encantas!






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