domingo, 22 de diciembre de 2013

HERMOSO AMANECER

Observo el plafón de un lugar extraño. Me parece que está por amanecer, eso es lo de menos, porque a mí lado duerme una mujer que me embriagó el alma con ella. Quién hubiera imaginado que nos encontraríamos en un mar de gente y terminaríamos pasando la mejor noche de nuestras vidas…



Todo comenzó hace un año, mis mejores amigos se casaban y al darme la noticia me dieron el gran honor de ser padrino de ellos, pero como no estoy casado ni tengo pareja, pues, me concedieron ser padrino de arras.
Pasó el tiempo, la fecha estaba próxima y fui a la casa de mi amigo para irnos a la iglesia a esperar a su amada, una gran amiga, confidente de mis andanzas por las azoteas de la ciudad como de sus callejones en busca del poema perfecto.
Llegamos puntuales ni los invitados habían llegado. Estaba ahí con mi amigo esperando a la novia para su gran evento cuando en los jardines de la iglesia, logré ver a una mujer vestida de negro, un rostro encantador y piel morena, cabello largo muy rebelde; una divina imagen ante mí. Pensé egoístamente el dejar a un lado el evento y tratar de armar valor con una excusa para hablarle a esa chica, pero mis amigos me necesitaba ahí. Llegaron más invitados, él iba a saludarlos, pero en eso, la chica se nos acercó y me puse un tanto nervioso. Ella se presentaba como la fotógrafa contratada por la novia, qué gran sorpresa.
La ceremonia religiosa fue bastante emotiva, ponía atención al hermoso poema engendrado por la teología del matrimonio, pero no dejaba de acariciar con mis ojos a la fotógrafa. Imaginaba esas palabras engendradas de esta mente inquieta, una carne, un solo cuerpo que anda en fruto del amor.

Llegamos al evento, a la fiesta; todos reunidos y bien sentados en nuestros respectivos lugares en aquel salón ajardinado muy en el área limítrofe de la ciudad. Los novios tuvieron su sesión fotográfica, pero seguía buscando a esa chica con la mirada. Minutos después, me llamaban para dar el brindis en honor a mis amigos:

¡Buenas noches a todos!
Sé bien que no saben mucho de mí
y obviamente no sé mucho de ustedes.

Pero se me ha entregado
la honorable tarea de regalar un brindis a los novios,
y pues, tuve la hermosa oportunidad
de contemplar cuando se estaban conociendo,
recuerdo aquellas veces cuando Victor llegaba
y me platicaba de las maravillas de salir con Lucy;
tuve la fortuna
de estar presente cuando se hicieron novios,
de manera indirecta, obviamente,
pero compartían conmigo la dicha
de haberse encontrado;
¿se pueden imaginar que tus mejores amigos
te regalen esos pedacitos de vida?
Sigo sin poderlo creerlo.

Los observaba
y en mí deseaba tener un poco,
un fragmento de lo que ellos tienen;
pasé muchas noches soñado
con conocer a alguien
y sentirme así, como ellos;
ir caminando por las calles
y decirle a todo el mundo
que tengo novia;
planear, sentir, vivir un sin fin de aventuras;
no todo sería miel sobre hojuelas
porque la vida es hermosa por ser complicada.

Lucy y Victor, no me dejaran mentir,
les decía que quería una relación así
como la de ellos;
sentir ese apoyo, esa forma de compartirlo todo.
He de ser sincero,
lloraba de tristeza al saber
que no llegaba ese momento
y tomaba fuerzas de lo que me quedaba de ánimo...
pero no vengo aquí a hablarles de mi vida,
pero debo expresarles
que logré ver al amor frente a frente,
cara a cara; lo confronte
y me inunde de ese amor,
me embriague y nade hasta el cansancio;
pensaba que lo había logrado,
que por fin tenía esa relación
que tanto añoré
y que nació al verlos a ellos al fomentar su amor,
a luchar por su amor.
Lo mío no terminó como yo esperaba
pero logré ver al amor y sentirlo;
es por eso que sé bien
que puedo reconocerlo adónde yo esté, adónde yo vaya.

En Victor y Lucy,
en ellos el amor vive, se nutre y evoluciona,
ellos son el claro ejemplo del amor
porque luchan constantemente
por mantener iluminada
esa lámpara de hermoso aceite.
Nunca conocí mejor ejemplo que ellos,
lo seguí, descubrí el amor
pero me alegro mucho
que ellos hayan llegado a este punto
en que unen sus vidas
para entrelazar sus caminos
y ser felices,
y qué mejor, que ahora nos comparten esa felicidad.

Brindo por ellos,
porque ahora me dan otro gran ejemplo
y es el de nunca dejar de luchar por el amor.

¡Salud!


Un poeta creando un poema en su honor, tan emotivo que hubo un instante de silencio, lágrimas de alegría rodaban para estallar en un brindis envuelto en aplausos. Ver a mis amigos compartiéndonos su felicidad conmovió tanto en mí que las letras para ese brindis salieron solas, como ríos buscando su mar para subir al cielo con el sol.

Una fiesta bastante divertida, pero seguía a la caza de esa chica. Curioso, ella fotógrafa en plena cacería del momento de luz y yo un loco poeta cazándola para que las manos de mis ojos la tocaran y sintieran su alma.
Llegó el momento de un baile que bien podríamos catalogar de comunal, no se necesita pareja, y al pararme a bailar para seguir en la cacería, observé que ella se alejaba, adentrándose en los jardines laberínticos del lugar. Perdí toda cordura, fui en persecución de ella.
Esos jardines en plena oscuridad logran que uno pierda el sentido de todo, pero sólo iba como sonámbulo amoroso detrás de ella, tenía que reflejarme nuevamente en sus ojos, saber más… la perdí en el laberinto.
Como pude, salí de ahí con una cara de derrota, pero salí hacía un espacio ajeno a la fiesta, era un pequeño estanque con un sendero al centro del mismo y ahí un lindo kiosco con una banca. Escuchaba levemente la música, pensé en seguirla para regresar a la fiesta, cuando escuché el sonido del agua, alguien arrojaba piedras al estanque, era ella.
Me acerqué, tratando de no asustarla en sus acciones; creo no espera compañía y a unos pasos de ella le saludé. Estaba casi sentada en la orilla, me miró y empezamos una conversación.
Me capturó los sentidos, no pude contener mi espíritu poético:


Te vi, no podía creer tu imagen
hasta que tu voz llegó a mí;
dulce y hermosa morena,
mis ojos llegaban a ti
para abrazarte, hacerte sentir
lo mucho que mi alma grita…

Seguimos conversando, hasta terminar sentados en aquella banca en el centro del estanque. No supimos cuando se dejó de escuchar la música, pero un hombre que tiene las funciones de vigilante nos alertó que debemos abandonar el lugar. Salimos agarrados de la mano, jugando, como niños en una tarde de parque; sabíamos que algo ocurría entre nosotros.
Al estar fuera del lugar, le tomé del brazo para girarla y verla fijamente:

No somos niños, lo sabes, lo sabemos;
no conocemos casi nada uno del otro,
tú sabes lo que quieres, yo sé lo mío;
intentemos esto, vamos a enamorarnos,
no perderemos nada, ganaremos vida.
No somos unos niños,
mira, mira como mis ojos
van inundándote el alma; no miento,
quiero intentarlo, ¿qué dices?
La decisión descansa en tus manos
y serás tú quien haga de esto, algo de dos.

Nos seguimos mirando fijamente, una danza que sólo los ojos pueden tener. Su mirada parecían lunas temblorosas en el centro de un lago y fue inevitable besarnos.
Era bastante noche para recorrer las calles, terminamos en una hermosa posada colonial donde dejamos de hablar para que nuestros cuerpos tuvieran su conversación y con ellos, forjamos al amor.



Algo me dice que está por amanecer, es ese reloj interno que me avisa del momento, me abrazo a ella, duerme tranquilamente a mi lado. Observo sus brazos y espalda, en ellos escribí poesía con mis labios, ahí, es donde encontré aquel poema perfecto que tango he buscado.

Le beso la mejilla, busco sus labios; ella despierta de a poco para que los dos presenciemos la llegada del nuevo sol entrando por la posada colonial, que por juego del azar, dicho lugar se llama: HERMOSO AMANECER.

-Luis Antonio González Silva-

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