sábado, 2 de julio de 2016

EL CUENTO DEL ECLIPSE



a Luna…
por esos cuentos nocturnos
antes de dormir.


Hace mucho, pero mucho tiempo, en una tierra que ha perdido su nombre con el paso de los años y las leyendas. Un lugar que nadie recuerda pero es un lugar que originó el eclipse de sol.
En ese entonces, el cielo era muy oscuro por las noches, sólo unos pequeños destellos de luz a la lejanía y los hombres se iluminaban con las débiles antorchas que lograban generar, pero eso no les importaba mucho, eran felices.
Entre todos estos lugares, existió uno donde habitaban dos personas, una hermosa joven con una cabellera negra que brillaba al sol, una piel hermosa y tersa y un par de ojos donde la naturaleza se reflejaba; junto a ella, un joven de pelo castaño, de piel blanca y soñador, como ella.
Juntos han vivido en una cabaña alimentándose de lo que el bosque les puede proporcionar, pero estar juntos los mantenía en un estado de felicidad maravillosa, tanto, que las personas hablaban en otros lugares de lo magnifico que era su unión. Era tan grande el lazo que los unía que donde ellos estuvieran, hacían que el mundo pudiera sonreír y llenar de paz el lugar donde estuvieran.
No todo es bueno ahí, porque a lo lejos, en unas montañas que no recibían la luz del sol, vivía una bruja que sentía envidia por el nexo de estos dos jóvenes.

Esta bruja les ha mandado bestias para matar a uno de ellos, pero juntos se dan fuerza y han evadido todo ataque. La bruja furiosa, con un gran hechizo los separó al punto de que estuvieran lejos uno del otro, separados por cientos y cientos de kilómetros uno del otro. Pero es tan grande la fuerza de ellos, que caminaron por días y noches para volverse a encontrar. Algo en sus corazones los guiaba, les indicaba el camino uno al otro.
El odio de la bruja fue grande, entonces empezó con un nuevo hechizo para separarlos.

Junto varios elementos para ello, y a él lo convirtió en un cristalino lago y a ella en un frondoso sauce sobre una colina, a unos cuantos metros de él con la intensión de que pudieran verse para lamentarse el estar separados. En un acto de querer volver a estar juntos, ella convertida en árbol extendía sus raíces con cada día hasta llegar al lecho del lago. Él, comenzó a filtrar sus aguas por la tierra para llegar hasta ella. Les tomó meses y meses el conseguirlo, pero ahora el invadía sus raíces y formaba parte de ella. Una vez más, estaban juntos. Tal vez no como quisieran pero lo importante era no separarse.

La rabia de la bruja fue tan grande que en último acto de envidia y desprecio, ofrendo su vida para un nefasto hechizo. A él lo mando al Sol y a ella la convirtió en una roca gigante que elevó al cielo, plateada y serena, llevando con ella el nombre de Luna.
Antes de que la bruja cayera muerta por su hazaña, soltó una carcajada que fue escuchada por todos lados. El bosque, los animales y las estrellas estaban tristes porque la bruja por fin consiguió su objetivo…



La historia no termina aquí, porque le deseo de los dos jóvenes por volver a estar juntos es más grande que todo acto de maldad.
Cada cierta cantidad de años, el Sol y la Luna se reúnen formando lo que los hombres han llamado eclipse; pero si ponemos atención, es el abrazo de estos jóvenes para demostrarnos que el deseo de encontrarse es más fuerte que el mismo tiempo. Es por ello que el Universo les proporciona oscuridad mientras ellos se reúnen, para que puedan danzar, estar juntos, amarse aunque sea por un instante.

No importa cuánto tarden en volver a estar junto la Luna y el Sol, y no importa si es un momento, un suspiro el estar juntos; lo importante es que es sus corazones saben que entre ellos no hay tiempo suficiente que los aparte uno del otro.
Siempre vale la pena esperar lo que sea, para estar juntos. Tiempo al tiempo.











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